Actualmente, tenemos mucha información a la mano: cursos de autoayuda, coaching, libros, audios, etc. Sin embargo, seguimos dando vueltas sin que nada, aparentemente, llegue a saciar nuestro corazón.

Nos cuesta mucho reconocer, que la felicidad no está afuera de nosotros, la felicidad es más parecido a un sentimiento de gozo y paz que se obtiene en el encuentro diario y fraterno con Jesús, torrente de agua viva, capaz de calmar nuestra sed.

«Pero el que beba del agua que yo le daré nunca volverá a tener sed. El agua que yo le daré se convertirá en el en un chorro que salta hasta la vida eterna» Juan 4,14

La felicidad tampoco la podemos asociar únicamente a momentos óptimos de bienestar: vida sin problemas, dinero abundante, éxito en todas las áreas. Es más bien un estado de paz en medio de las angustias y circunstancias diarias de la vida, porque sabemos que Jesús está ahí junto a nosotros.

«Les he hablado de estas cosas para que tengan paz en mí. Ustedes encontrarán la persecución en el mundo. Pero, ánimo, yo he vencido al mundo» Juan 16,33.

 Fácil leerlo, pero ¿cómo lo acepto en el corazón?

noche oscura

Cuando experimentamos momentos de dificultad, noche oscura del alma, tenemos sensaciones de miedo y culpabilidad, y sentimos que algo se nos destroza por dentro. Aun cuando conocemos de Dios y tenemos una vida espiritual comprometida, vivimos momentos de confusión, de oscuridad e incluso nos sentimos juzgados y señalados.

A pesar de esto, el Señor está presente, nos acompaña, nos reconstruye, nos sana y da nuevas coordenadas a nuestra vida, direcciones que muchas veces son distintas a las nuestras, pero que nos llevan hacia su voluntad, que siempre nos saciará.

«Reconstruye el Señor Jerusalén, reúne a los exiliados de Israel. Sana los corazones destrozados y venda sus heridas. Se complace El Señor en los que le temen, en los que esperan en su amor. Guarda en paz tus fronteras, te da el mejor trigo en abundancia» Salmo 147, 2-3, 11, 14

A pesar de mi confianza, siento cansancio

noche oscura, ¿Cómo iluminar mi corazón en la noche oscura del alma?

No te sientas señalado, en realidad no somos más que Dios. Jesús se hizo totalmente humano y también experimentó el cansancio, la fatiga y el dolor. Y aun así, no desperdició ningún momento para utilizar todo lo que estaba a su alcance y hablarnos de amor.

No nos pide que no tengamos miedo, todo lo contrario, nos anima para unir nuestro corazón al de Él y atravesar juntos las montañas y la tempestad. Nos anima para que, entregándole nuestras debilidades humanas, seamos todo en El que nos fortalece, aceptando, eso sí, el camino que nos muestra con la luz de su palabra.

Tener fe y confianza no es algo mágico ni de la noche a la mañana, sobre todo cuando pasamos una noche oscura y contrariedades, y creemos que nada de lo que hacemos sale de forma favorable para nosotros. Sin embargo, la fe consiste en que podamos gritar en momentos de penumbra como el salmista:

«De donde vendrá mi auxilio, mi auxilio viene del Señor que hizo el cielo y la tierra» Salmo 121, 1-2

 

Artículo elaborado por Diana Marcela Yepes