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No me abandones Señor. Cuando mi fe se agite como las olas de un mar enfurecido, cuando aún sabiendo que eres misericordioso y dueño del amor más grande, me cueste creer, sentirte o escucharte.

No me abandones Señor, cuando ante las criticas y las miradas hirientes mi fe se acobarde y se haga pequeña. Cuando no encuentre el valor de defender tu nombre, prefiera guardar silencio o desvíe la mirada.

No me abandones Señor, No me abandones Señor, cuando mi fe se agite como las olas de un mar enfurecido


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No me abandones Señor, cuando no logre sentirte en la Eucaristía o en la oración. Cuando te de la espalda y tu imagen clavado en la cruz no me conmueva. Cuando el dolor de otros me tenga sin cuidado o me haga amiga de la indiferencia.

No me abandones Señor, cuando pasen los días o los meses y yo no te dedique ni un pensamiento. Cuando me sienta cómoda entre el pecado o me acostumbre a tenerte lejos.

No me abandones Señor, No me abandones Señor, cuando mi fe se agite como las olas de un mar enfurecido

No me abandones Señor, en las noches en que me siento miserable. En los días en que intento llamarte y no consigo encontrarte. Déjame saber que no te has ido.

No me abandones Señor, cuando el canto de los pájaros en la mañana no me recuerden tu bondad. Cuando los rayos del sol calienten mi rostro y yo no me acuerde de ti. Cuando el agua calme mi sed y yo no sea consciente de que Tú eres el verdadero manantial.

No me abandones Señor, cuando mi alma se haga trizas y la razón no me permita sentir tu presencia. No me abandones nunca, porque sin ti, ¿qué sería de mi existencia?

No me abandones Señor, No me abandones Señor, cuando mi fe se agite como las olas de un mar enfurecido