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«Pero yo les digo que todo aquel que se irrita contra su hermano, será condenado por el tribunal. Y todo aquel que lo insulta, será castigado por el Sanedrín. Y el que lo maldice, será condenado a la Gehena de fuego». Mt 5, 22.

Durante el Sermón de la Montaña, Nuestro Señor dice estas durísimas palabras. ¿Irritarse lleva a ser condenado por el tribunal?, ¿insultar condenado por la Iglesia? (En ese momento el Sanedrín era la Iglesia oficial), ¿maldecir merece el infierno? ¡Qué palabras más duras emplea Nuestro Señor para referirse a cosas que nosotros hacemos casi todos los días! ¡Precisamente por eso necesitamos de la conversión del corazón!

Nuestro Señor «experimentó» (por decirlo de algún modo) nuestra humanidad, y eso le dio una enorme profundidad de conocimiento del corazón humano. No es que no pudiera entenderlo como Dios, pero su experiencia como Verdadero Dios y Verdadero Hombre logró que sus advertencias acerca de la naturaleza humana fueran profundamente humanas: experimentando la debilidad del corazón comprendió como sanarlo.

El video que les comparto hoy es excelente para ejemplificar lo que quiero decir: para hablar de la serie «Por 13 razones» (no es una serie recomendable, ya hemos escrito al respecto). La producción de Netflix lanzó este video con un experimento social sobre el bullying. Se le pide a un grupo de adolescentes que escriban en la pizarra los insultos que han escuchado últimamente. A todos les parece divertido poder escribir insultos impunemente. Cuando les dicen que pasen a la pizarra si alguna vez les han dicho alguno de esos insultos, ya el juego no les parece tan divertido.

El bullying, o acoso escolar es cosa seria

Provoca mucho dolor, miedo, frustración, desesperanza, rencor, odio, y violencia. El bullying no se reduce a llamar al otro con epítetos hirientes. Muchas veces pasa por una verdadera tortura, por un juego de dominación que termina llevando a la víctima a resoluciones desesperadas. Cuando alguien es víctima de bullying se establece una relación de dominación, y el que es dominado, si no se resiste, se convierte lentamente en una presa acosada, capaz de cualquier locura.

En 2004, en Argentina, un grupo de adolescentes lo aprendió del peor modo posible: Rafael «Juniors» Solich sacó un arma y mató a tres compañeros e hirió a otros cinco. Cuando fue enfrentado a la jueza de menores que lo juzgó, dijo que lo molestaban desde el jardín de infantes, y que desde hacía dos años que planeaba lastimarlos.

Cuando Nuestro Señor advertía sobre los que se irritan, insultan o maldicen, sabía perfectamente qué era lo que estaba diciendo. El hombre puede convertirse en una bestia y no saberlo del todo, y todo puede comenzar, como muestra el video, con un insulto, con una palabra fuerte, con una descalificación. Ese maltrato, esa palabra fuerte, puede desencadenar dolor y deseo de venganza, y desde allí abrirle paso al  sufrimiento, a la ira contenida que tarde o temprano puede llegar a una venganza terrible, como vimos en el caso del chico argentino.

Para comprender mejor cómo funciona un ambiente propicio al bullying, veremos cómo, dónde y por qué sucede:

El «bully» o acosador

En general es una persona que también ha sufrido bullying o que tiene problemas de autoestima baja y quiere ejercer una posición de dominio para mitigar este tipo de dolor o sufrimiento. Niños que fueron maltratados anteriormente por otro acosador, o niños que sufren por un padre agresivo pueden querer descargar su ira contenida abusando de otros. No siempre es el caso, pero muchas veces los niños buscan llamar la atención de sus padres o superiores con conductas agresivas y dominantes, y si nadie les pone un freno pueden llegar a disfrutar de esta posición de dominio, especialmente si tienen un grupo de seguidores que les festeja sus bravuconadas.

En algunos otros casos son personas con conductas antisociales que se reúnen en torno a una personalidad dominante y buscan amedrentar a los demás mediante un juego de dominio y terror.

Los acosados

Los que sufren el acoso o bullying, son elegidos por los acosadores como un león que busca una presa: van a buscar al más débil, desvalido, o aislado para hacer su presa. También van a tratar de buscar desprestigiar a aquellos compañeros que sobresalgan por su inteligencia o rendimiento, o a los que ellos perciban como una amenaza a su statu quo. Así que probablemente cualquiera que les intente hacer frente será perseguido y castigado.

Los obsecuentes

Son los seguidores del bully, muchas veces son más peligrosos que el mismo bully. Puede ser que el acosador sea nada más que un instrumento en manos del equipo de obsecuentes, pero no siempre están claros los límites, liderazgos y lealtades. Lo que sí está claro es que el equipo de obsecuentes funciona como chispa de ignición y combustible para el acosador. En ocasiones los acosadores toman turnos para convertirse en parte de la manada o acosador.

Los indiferentes

Son aquellos que los acosadores no toman como blanco porque saben que perderían en una pelea directa, pero que tampoco toman partido por miedo a las represalias grupales. Se mantienen al margen, pero también son parte del problema, porque se esconden en la masa.

La institución

Las instituciones pueden ser también parte del problema, y muchas veces la parte más grave. Los directivos y docentes muchas veces no saben cómo reaccionar ante las denuncias, o minimizan los incidentes creyendo que es algo normal de la edad, que es algo pasajero o sin mucha importancia. 

Los padres

Cuando los padres se enteran, generalmente pasan a ser parte del problema, más que parte de la solución. Las situaciones de acoso son dolorosísimas para los padres de las víctimas, y muchas veces también para los padres de los victimarios. Y cuando quieren intervenir, generalmente causan más problemas que los que solucionan.

¿Es el elogio la solución al bullying?

El video parece proponer que en lugar de insultarse, los adolescentes deberían acostumbrarse a elogiarse, y de este modo resolver el problema del bullying. En realidad, si bien es posiblemente una solución para concientizar del poder de las palabras, la solución es la que propone Nuestro Señor: ¡No agredir, no insultar, no maldecir!

Si el elogio es sincero, y nace del corazón, puede levantar la autoestima del que está siendo acosado. Pero uno no puede estar todo el día diciéndole a otra persona: «¡Qué hermosa sonrisa que tienes!» y esperar que eso resuelva el problema de una baja autoestima o la falta de cariño en el hogar.

El Papa Francisco, como Nuestro Señor, fue durísimo contra el Bullying al decir:

«[…]hoy lo vemos continuamente en las escuelas, con el fenómeno del bullying, agredir al débil: porque tú eres gordo, o porque tú eres así, o eres extranjero, o eres negro, por esto… Agredir, agredir… Los niños, los chicos… También los niños. Esto significa que hay algo dentro de nosotros que nos lleva a esto. A la agresión del débil. Y creo que esto es una de las manchas del pecado original. Es una obra de Satanás». (Homilía Casa Santa Marta. 8 de enero 2018).

Detrás de el bullying está el misterio de iniquidad, y en el fondo es una tentación del mal, que daña a la víctima y al victimario, a la sociedad y a todos. La solución al Bullying es la caridad, el amor al prójimo que es reflejo del amor a Dios. San Juan lo dice en su primera carta: «Y si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto; Como puede amar a Dios a quien no ha visto?» (I Jn 4, 20)

Para reflexionar: ¿Te has preguntado si en tu escuela, trabajo u hogar hay conductas de Bullying toleradas?, ¿qué has hecho positivo para remediarlas?, ¿ayudaste a las víctimas?, ¿buscaste ayuda y apoyo en tus pares o superiores?, ¿rezaste por los acosadores?, ¿ayudaste a ser parte de la solución?


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