”biblia_cuadrado273”
”biblia_cuadrado273”

Las luces de colores encendiendo las calles. El pesebre, el árbol y los incontables adornos abarrotando nuestras casas. Los villancicos sonando en cada tienda o restaurante que pisamos. Todo a nuestro alrededor se transforma en vísperas a la noche buena, trayendo renovadas esperanzas para muchos, pero también, despertando profundos dolores en más personas de las que imaginamos.

En esta época del año, los anuncios publicitarios, las redes sociales e incluso nuestro entorno más cercano, nos bombardean con un ideal de felicidad que muchas veces no es real, sobre todo para quienes están pasando por momentos difíciles. Aun cuando hayan problemas emocionales, conflictos sin resolver en la familia o se sufra con la enfermedad o muerte de algún ser querido, es como si en Navidad se volviera una obligación esconder el sufrimiento y mostrar alegría a costa de lo que sea. O por lo menos aparentarla.

Es verdad que el gozo por el nacimiento de Jesús no excluye ni puede dejar indiferente a ninguna persona sobre la faz de la tierra. Pero con su llegada, Él no pretende forzar esta alegría ni disfrazar los sufrimientos humanos, como si no existieran. Al contrario, Dios se hizo hombre para vivirlos con nosotros, dándoles un nuevo sentido con su presencia. Al final, el dolor que parece tan ajeno a la Navidad, puede ser la mejor ofrenda que podemos dejar a los pies del pesebre, porque el Niño Jesús está aquí para sanar las heridas más profundas del corazón humano y transformar nuestras vidas por completo.

Aunque no sea fácil, estos consejos concretos que les proponemos a continuación, pueden ser una gran forma de poner nuestras dificultades en manos de Dios y así volver a experimentar la genuina felicidad que nos trae su nacimiento.

1. Hablar de lo que sentimos

Ponerle un nombre al estado de dificultad en el que nos encontramos durante las celebraciones navideñas. Sea tristeza, angustia, nostalgia o desesperanza, es el primer paso a seguir para tomar el control de nuestra situación. Al mismo tiempo, es importante reconocer que, en todo momento, pero sobre todo en los más difíciles, somos vulnerables y necesitamos de los demás.

Confiarle lo que nos está pasando a algún familiar o amigo cercano, no solo será una gran oportunidad para salir al encuentro de quienes nos aman y vencer así la soledad. También nos ayudará a liberarnos de todo lo malo que cargamos en el interior y encontrar el apoyo que necesitamos para salir adelante. Sin embargo, a veces sucede que los sufrimientos afectan tanto nuestra vida cotidiana, sobre todo en esta época del año, que la ayuda de nuestros seres queridos deja de ser suficiente. Es ahí cuando necesitamos acudir a los terapeutas, psicólogos o psiquiatras, porque solo con su ayuda profesional podremos establecer los cambios y pautas necesarias para sentirnos mejor.

2. Dar las gracias

A través de las redes sociales, las personas comparamos con facilidad nuestra realidad con la de otros. Muchas veces, esto nos lleva a concentrarnos en todo lo que los demás parecen tener y creemos que a nosotros nos falta, sea material o afectivamente hablando. Olvidamos que las personas o familias perfectas no existen y que todos, sin excepción alguna, nos vemos afectados por las dificultades que, de diferentes maneras, nos tocan vivir. Tal vez, esta sea una de las razones por las que en Navidad, cuando se supone que deberíamos estar siempre alegres, el dolor parece acentuarse aún más en algunas personas.

No es fácil dejar de pensar en las carencias que podamos tener en estas fechas, sobre todo si se trata de los seres queridos que ya no están, pero la Navidad es una gran oportunidad para esforzarnos por cambiar nuestro enfoque y empezar a dar las gracias. No solo por lo que sí tenemos, sino por todas las personas que Dios ha puesto en nuestra vida y por todas las que, gracias a la llegada de Jesús, abrazaremos de nuevo en el Cielo. Al final, sin importa qué tan difícil sea nuestra realidad en esta época del año, todos, sin excepción alguna, encontraremos razones para sentirnos agradecidos con el Niño Dios que está por nacer.

3. Pensar en nosotros mismos

Una vez, escuché a una persona decir que es egoísta pensar en nuestras necesidades antes que preocuparnos por las del prójimo. Por mucho tiempo, pensé que tenía razón, hasta que un día, vi una película sobre los bomberos que atendieron la catástrofe de las torres gemelas, en Nueva York. En una de las escenas, justo después que el segundo avión se estrellara, un joven bombero empezó a correr apresurado hacia los edificios para rescatar a los heridos. En ese momento, el bombero líder de la unidad lo detiene y le ordena que espere a que llegue su tanque
de oxígeno. El bombero más joven se enfada mucho, hasta que el bombero mayor le pregunta, señalando el humo que salía de las torres: ¿Cómo vas a poder ayudarlos si no puedes respirar?

Este ejemplo me hacer recordar las incontables oportunidades que se nos presentan en Navidad para servir a los más necesitados e inevitablemente, surge en mi mente la pregunta del bombero. Si estamos pasando por un momento de dificultad y no nos ayudamos a nosotros mismos ¿Cómo vamos a poder ayudar a los demás? Por eso, es importante encontrar un momento para estar a solas, respirar profundo y liberar, a través de nuestras lágrimas, todo el dolor que llevamos dentro.

La presencia de Dios es el mejor lugar que encontraremos para descansar de todo lo que nos aflige. Esta Navidad, descubramos de nuevo la presencia del Niño Jesús en el Santísimo Sacramento. Pidámosle, con mucha humildad, que nos de toda su paz, que tanto nos hace falta, para salir con alegría al encuentro de los demás.

4. Pensar en los demás

Si bien es importante tener un tiempo para nosotros, no encontraremos nada bueno si solo nos refugiamos en nuestras tristezas y nos aislamos de los demás. Esta Navidad, hagamos el esfuerzo por conectarnos con nuestros familiares y amigos, por conocer lo que puedan pensar o sentir durante estas celebraciones. También, para ofrecernos como voluntarios en alguna obra social, más aún, si estamos sufriendo por la pérdida de algún ser querido. Ayudar a quienes más lo necesitan en honor de quienes ya no
están, es una gran manera de tenerlos presente durante la Navidad.

Al salir al encuentro de quienes nos rodean, descubriremos que más personas de las que imaginamos, están sufriendo tanto o más que nosotros, y que necesitan de nuestra ayuda para salir adelante. Esto nos ayudará a sentirnos útiles y menos solos. Nos levantará de nuestro dolor, aunque sea un momento, y significará un paso importante para empezar a sanar.

5. Poner a Jesús en el centro

Esta noche buena, apaguemos las redes sociales, dejemos de pensar en los regalos que recibiremos o en lo que comeremos durante la cena. El Niño Jesús vino en medio del frío y la oscuridad para transformar, con la luz y el calor de su amor, cada rincón de la tierra. De la misma manera, en nuestro interior, no existe tiniebla que con su nacimiento no pueda ahuyentar. Ante la humildad del pesebre, no tengamos miedo de presentarnos tal y como somos, con todo lo bueno y malo que tenemos.

No importa qué tan profundas sean las heridas de nuestro corazón esta Navidad. Si le permitimos a Jesús nacer en él, Él también se encargará de transformarlo por completo y devolvernos toda la esperanza que creíamos haber perdido. ¡Alegrémonos y demos las gracias, porque este Niño recién nacido es el amor más puro y auténtico que existe! Es el mejor regalo que Dios Padre nos ha dado para cambiarnos la vida y abrirnos las puertas del Cielo.

Artículo elaborado por: Alessandra Cava


”biblia_cuadrado273”