”teologia_del_cuerpo”
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El próximo ocho de septiembre, celebramos como Iglesia la Natividad de la Santísima Virgen María. Los evangelios no nos dan datos acerca de esta festividad pero sí tenemos múltiples tradiciones que desde tiempo atrás nos llevan a ver la importancia de esta fiesta para la fe cristiana.

Con esta festividad, no solo celebramos el nacimiento de María Virgen, sino también la maravilla del actuar de Dios en la vida del ser humano. Esta festividad nos hace ver la obra de Dios en sus hijos, que desde el seno ha preparado a la criatura para ser madre de su propio Creador.

1. El nacimiento del modelo de discipulado

Si nos tomamos un momento y meditamos acerca de la manera en que María Santísima vivió su fe y sobre todo en la forma en que estuvo junto a Jesús, vamos a quedar absolutamente convencidos de que Ella es el prototipo de todo discípulo.

Una mujer que supo ser fiel, prudente, creyente, bondadosa, orante, dulce, silenciosa. Todos los que en el camino de fe, queremos acercarnos verdaderamente a Jesús, debemos seguir el ejemplo de su Santísima Madre.

2. María compañera de camino

No puede haber un cristiano que no ame a la madre de Jesús. Es Ella la mujer que el mismo Cristo ha dejado a la humanidad como madre y compañera de camino.

Son numerosos los testimonios de santos y personajes de toda la historia, que hablan acerca de la compañía y cercanía de la Virgen en sus vidas. No solo como la madre de Jesús, sino como la intercesora de toda la humanidad, como la fiel confidente y el apoyo seguro para todo aquel que busca a su Hijo.

3. Ella ilumina el sendero hacia Jesús

Según algunas tradiciones antiguas, el nombre de María significa «la iluminadora», «la que da luz», «la hija predilecta del Dios verdadero».

Por tanto como hemos dicho antes, ella es el sendero hacia Jesús. Me atrevo a decir que sin su auxilio es difícil conocer al verdadero Jesús. No a ese que nos venden las ideas modernas que se quedan en lo sensacional, sino a ese Dios que nos mueve a cargar la cruz, a lavar los pies, a poner la otra mejilla, al Maestro.