Música sacra

La música sacra eleva el alma a Dios, fomenta la oración comunitaria y se integra armónicamente en la liturgia. Por eso, cantarle a Dios es, sin dudas, una de las mayores expresiones que una persona puede entregar desde lo más profundo de su ser.

Es en este acto de oblación que la persona queda en un estado de sincera vulnerabilidad. No es de extrañar que muchos hayan experimentado el amor a Dios de esta manera tan particular y noble: cantando con el alma.

Son muchos los que por temor no se deciden a visibilizar sus dones artísticos y, sin embargo, hay otros tantos que logran vencer la vergüenza propia de cantar en público y prestan un servicio en una determinada parroquia, capilla, escuela o comunidad.

¿Qué tiene que ver la música sacra con la parábola de los talentos?

¿Qué puede hacer alguien con lo poco que tiene? Ahí es donde, precisamente, actúa la gracia. El Señor nos recuerda en la parábola de los talentos (Mateo 25, 14-30) que uno en todo momento es libre de elegir qué hacer con lo que se nos ha dado, por muy poco que sea.

Los que llevan bastante tiempo en sus comunidades estarán de acuerdo conmigo en que, a medida que pasa el tiempo, el desempeño de una labor no es suficiente sin una necesaria formación.

Las ganas, la disposición y las buenas intenciones son solo el puntapié inicial para poder realizar una misión acabada.

Los coros… ¿solo cantan?

El Papa Pablo VI, en su instrucción Musicam Sacram (1967) sobre la música sacra, nos da algunas luces. Resulta ser que en la Santa Misa hay diversos actores: por una parte, los sacerdotes y ministros, y por otra, la asamblea.

Al primer grupo pertenecen aquellos que han recibido el orden sagrado y también los que participan mediante un determinado ministerio, tal es el caso de los lectores, acólitos, ministros de comunión, grupo de cantores, etc.

¡El grupo de cantores, por supuesto! Poco se habla de esto, pero es real: los cantores cumplen un rol ministerial. El coro, con sus voces, está a cargo de expresar aquello que se celebra en la Santa Misa.

Debe acercar a los fieles a través del arte la realidad invisible del Misterio Pascual. Además, debe favorecer la participación activa de la asamblea y cantar debidamente las partes que corresponden a cada momento de la celebración litúrgica.

6 consejos para coros y cantores

1. El cantor debe sentirse parte de su comunidad

De esta manera, en la constancia del tiempo, se podrá educar en la música litúrgica a los demás fieles. La asamblea podrá ampliar el repertorio que canta y, así, la Liturgia será enriquecida.

2. El grupo de canto tiene que ensayar

Siempre se puede mejorar, ya sea en afinación, técnica de canto, cantar más voces o profundizar en un repertorio más complejo. El ensayo constante hará que el arte musical florezca para la gloria de Dios.

3. Coherencia de vida

Cada uno de los integrantes del grupo de canto debe ser un buen cristiano y llevar una vida acorde a la fe que profesa. La oración constante, la lectura de la Sagrada Escritura, las obras de misericordia y el trato con los demás, entre otros, pueden ser vehículos que ayuden para este fin, el de estar más cerca de Cristo.

4. Los cantores deben amar y vivir la Santa Eucaristía

A veces olvidamos que, siendo parte de un coro, también participamos de la Santa Misa. Es muy importante realizar los gestos que le corresponden a la asamblea: ponernos de pie al momento de la lectura del Santo Evangelio, oír atentamente la homilía del sacerdote y arrodillarnos durante la consagración de los dones del pan y vino.

Muchas veces el grupo de canto se encuentra ubicado en un sector poco visible para el resto de la asamblea y es ocasión para tentarse y distraerse con el celular. Yo creo que es posible desconectarse por una hora y dedicarla enteramente para el encuentro con Dios.

5. Rezar y creer lo que se canta

El último consejo que puedo dar a quienes cumplen el rol Ministerial del Canto litúrgico es este: que puedan rezar y creer aquello que se está cantando. No podemos dimensionar el alcance que tiene nuestra voz en el interior de las personas.

No tengo dudas de que un himno cantado con fe y devoción suena muy distinto a uno cantado sin fe y amor. Esforcémonos, pues, para cantar un canto agradable a Dios.

6. Profundizar en su formación

Finalmente, quiero extender la invitación a que puedas profundizar el conocimiento de la liturgia y la música sacra. Recomiendo a los cantores que puedan leer la Instrucción General del Misal Romano, en ella se detalla qué cantar en cada momento litúrgico y también el modo de hacerlo.

Otra lectura que recomiendo es el capítulo VI de la Constitución Sacrosanctum Concilium sobre la Sagrada Liturgia. Por último, la Instrucción Musicam Sacram del año 1967.

Artículo elaborado por Juan Guillermo Negrete, director del Área de Música de la Fundación Canto Católico