
El año está llegando a su fin. Las luces, los pesebres y la música nos anuncian que llega una época muy especial y hermosa: la Navidad. Tiempo hermoso, tiempo especial, tiempo en el que celebramos a la eternidad que viene llegando en forma de un pequeño Niño, que viene a redimirnos.
Es este un tiempo muy especial: reencuentros, reuniones familiares, cenas entre amigos que no vemos hace años, integraciones en el trabajo, en las universidades… En torno a Belén, los corazones se reúnen y el alma alegre comparte la Buena Nueva que hace 2000 años un ángel anunció a los pastores: «Os ha nacido un Salvador».
En torno a este gran misterio, conviene que tomemos una pausa y meditemos en el milagro de la eternidad que viene llegando. No hay misterio de amor más grande que el de la Encarnación del Hijo de Dios mismo, la venida de nuestro Mesías. Es preciso que hagamos de nuestro corazón un cálido pesebre donde more el Niño que está por nacernos.
Una música que nos recuerda el sentido de la Navidad
El pregón navideño que escuchamos en la misa de gallo reza: «Os anunciamos una inmensa alegría, una buena noticia; escuchadla con corazón gozoso».
Y es que en esto está nuestro gozo: en que Dios, siendo hombre, envió a su Hijo para que nosotros tengamos vida. El nacimiento de Jesús es la Nueva Alianza entre Dios y nosotros, su pueblo amado. Por eso, debemos sumergirnos y preparar el corazón para celebrar la Navidad.
Me encontré con una muy bonita canción de Forrest Frank, llamada «The Present». Es una canción realmente hermosa, con un ritmo que invita a la alegría, la paz y el amor.
Quiero invitarte a que, al ritmo de la época que estamos viviendo, meditemos en esta bonita canción. Escucha esta música mientras preparas el corazón para vivir una hermosa Navidad.
¡Qué importante es vivir el presente y estar presentes!
«Hoy es un regalo». Vive intensamente estas fiestas. Deja de lado tu móvil, deja de lado toda distracción. Disfruta de la magia de una larga conversación, de un juego navideño, de encender la vela en la corona de Adviento.
Vive el presente, pero yo le agrego: ante todo, que siempre estés presente. Piénsalo de esta manera: Dios no te envió un mensaje; Él se hizo mensaje. ¡Y qué mensaje de amor para cada uno de nosotros!
Así que esta es mi primera invitación: deja de lado todo lo que te pueda distraer. Incluso si te aferras a lo que fue o no fue, te invito a que vivas el Hoy. Que esta Navidad sea muy especial, sea única.
Que te unas a tu familia, que no falte la alegría, que los abrazos no se agoten, y que el amor que Dios nos ha demostrado seamos capaces de darlo a los demás.
Como los pastores fueron capaces de contemplar al Rey de Reyes en un pesebre, nosotros debemos también prepararnos: orar, ojalá confesarnos, y así allanar el camino que nos llevará a Belén. Orar, esperar, confiar. Con María, que sueña caminos, podemos prepararnos para la dicha inmensa que es Navidad.
Nos urge amar, amar el regalo de regalos
Esta canción nos menciona que lo importante no es el regalo o la prenda de vestir. Y es la realidad: el regalo más grande es el regalo de amar intensamente. Da gracias este año por tu familia, por tus amigos, por lo que aprendiste, por todo lo que Dios, en su misericordia, te ha permitido vivir.
Contempla la acción del amor de Dios en cada momento de tu vida. Quizá caíste, pero por pura misericordia de Dios te has podido levantar. Has aprendido, y te aseguro que todo cuanto has vivido te ha enseñado algo por lo cual debemos dar gracias.
«Nuestro amor por Jesús siempre ha de permanecer». Tenlo muy presente: Jesús es la principal razón de la Navidad. Nuestro corazón ha de gozarse junto con María, porque grande ha sido Dios con nosotros al enviarnos a su Hijo. La alegría y la unión familiar tienen su centro en Jesús. Que Él siempre sea nuestro sol y nuestro centro en todo.
Es, pues, este el momento ideal para prepararnos y vivir una Navidad junto a Jesús. Que la alegría del nacimiento del Niño que nace inunde nuestros corazones, y podamos, al unísono y con el corazón encendido, proclamar: «¡Feliz Navidad!».

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