Terminó el mundial de fútbol 2026 y varios vivimos la resaca luego de un mes de apasionadas conversaciones, gritos y llantos.

Y es que el fútbol, a diferencia de otros deportes, despierta una pasión real y legítima. Durante este mundial de fútbol he sido testigo de las posiciones más antagónicas, pero también de las acciones más hermosas del ser humano. El mundial nos ha dejado ver un puñado de esa diversidad que nos enriquece justo en la diferencia.

Y mientras reviso con nostalgia las redes sociales, un post recita:

«Hay gente que usa el fútbol como excusa para odiar. Y hay gente que lo vive como una oportunidad para emocionarse, unir, disfrutar y celebrar. Cada uno elige con qué energía quiere vivir».

Y sonrío. El fútbol se vive tan intensamente, por quienes saben de él como por quienes solo lo ven cada cuatro años.

El fútbol como espejo de identidad

Eduardo Archetti, sociólogo que estudió específicamente el caso argentino, decía que el fútbol funciona como un «espejo» donde una nación proyecta cómo quiere verse a sí misma. No es casual que cada selección tenga un estilo asociado a un carácter nacional: la «garra» argentina, la «furia» española, el «jogo bonito» brasileño, la disciplina alemana…

Esa identidad colectiva es hermosa cuando une, pero es terrible cuando opone. Es desde la unión de donde quiero enfocar este artículo. No desde la identidad que nos duele cuando la historia aún no sana entre nosotros, cuando nos quedamos fuera, o cuando elegimos, como dice el post, odiar y hacer un lado al distinto.

Somos distintos, de distintas etnias, razas, religiones. Pero nos une lo humano y la huella de un creador que se nota en todo aquello que es bueno, bello y verdadero.

Postales del mundial de fútbol 2026

Hoy elijo quedarme con las historias que más me han conmovido de 48 naciones distintas que se enfrentaron por una copa y que tal vez les cuente a mis hijos y a mis nietos.

Ha sido difícil escoger solo algunos de estos momentos, pero ahí va una selección de aprendizajes que llevan el sello de Aquel que nos ha creado. Lo escribo sin intenciones de santificar a nadie. Cada una de estas acciones, en medio de un «juego», nos muestra de lo capaces que podemos ser los seres humanos en estas aventuras épicas que cada uno vive. Aquí van las que me llevo en el corazón:

  • La fe del equipo de Curazao abierta, sin miedo, con alegría y gratitud. Incluso, luego de perder 7 a 1 frente a Alemania, no se retiraron como perdedores sino que elevaron sus plegarias al cielo y dieron gracias a Dios por la experiencia vivida. Jonathan Tah y Felix Nmecha, jugadores alemanes cristianos, se sumaron a esa oración con el rival. Me quedo sin palabras.
  • La humildad digna de un Paraguay que volvía al mundial luego de 16 años. Alfaro, DT del equipo, en una emotiva carta antes de su debut decía: «Mientras las potencias juegan desde las certezas, con planteles de élite, Paraguay juega desde la ilusión», reconociendo sus limitaciones materiales, jamás dejaron de creer y poner todo el corazón. No hubo ni excusa ni amargura por la derrota en octavos de final frente a un favorito, Francia. Mis respetos.
  • La fortaleza de un «pequeño» Cabo Verde que hizo temblar a los más grandes. Vozinha, su arquero, encarnó esta fortaleza al acercarse a levantar y consolar uno a uno a sus jugadores luego de la derrota con Argentina. «Caímos de pie», dijo. Esta selección logró posicionarse en la mente de millones que hoy quieren ir a conocer ese pequeño gran país.
  • La ternura de un gigante nórdico y el sonido de un tambor noruego que nos recordó lo que es «remar juntos». Es impresionante cómo tanta ternura y simpleza pueden habitar en un físico colosal. Podría decir que el porte y la fuerza aparente de Haaland nos recuerda el fin último de la masculinidad: proteger, abrazar, sostener.
  • La fraternidad en el abrazo de Scaloni y De la Fuente. El respeto entre maestro y alumno que llegaron a una final como adversarios y nunca como enemigos. Para los que no lo saben, Scaloni fue alumno de De la Fuente en el curso de la licencia UEFA Pro (el máximo nivel de certificación para dirigir en Europa).
  • El buen combate de Argentina, no es un legado menor el que esta selección nos deja. Lo ha entregado todo hasta el último pitazo. Sin importar el marcador en contra, nos enseñaron que el juego acaba cuando acaba, no antes.

Lo que nos deja este mundial de fútbol

Desde este pequeño artículo, saludo al merecido campeón del mundo, España, y desde aquí celebro la fe de su entrenador, abierta, fuerte y sencilla. Así como la fe de muchos de sus muchachos.

Cada ser humano que pisó esa cancha lleva una historia única, seguramente privada, que nunca conoceremos, pero en estas breves postales que nos deja el mundial, podemos reconocer una vez más la grandeza de la creación de Dios en cada uno de nosotros.

Comparte con nosotros qué otras postales de este mundial se quedan contigo.