Una campaña publicitaria de gafas y lentes de la empresa Multiópticas lanza una divertida alerta sobre lo que pasa con nuestros hijos cuando están mucho tiempo frente a las pantallas electrónicas. 

¿Qué son los monstruos?

¿Alguna vez te preguntaste por qué todas las culturas humanas tienen universalmente miedo a los «monstruos»? Parece que es un vestigio de nuestra vida nómade o semisalvaje: cuando vivimos en la naturaleza, alejarnos de la luz (el fuego) era la muerte casi segura para los niños.

Lógicamente, las fieras salvajes se mantenían alejadas del fuego, pero una vez que un niño se alejaba de la protección que le daba la luz y el fuego, era presa segura para los animales que podían fácilmente matarlos. De allí que todos los niños del mundo, casi sin excepciones, tengan un miedo instintivo a aventurarse de noche en zonas oscuras.

Los monstruos entonces eran lo que estaba más allá del círculo de luz protectora, de la seguridad del fuego del hogar. Los padres tenemos tendencia a decirle a los niños «no tengas miedo, los monstruos no existen», y no está mal que lo hagamos, para darles más seguridad a medida que crecen.

Dos errores muy comunes con los monstruos

El primer error que cometemos los padres es decirle a los niños que los monstruos no existen y ya. Para los niños, los monstruos son terriblemente reales, ya que dependen de un miedo instintivo, y por más que los tranquilicemos momentáneamente con que los monstruos no existen, ellos los van a seguir temiendo, por muchas causas que no están relacionadas con el tema de este artículo.

Es importante saber que el miedo a los monstruos es normal, es instintivo y tenemos que ayudarlos a superarlos, con la ayuda de nuestra compañía, de nuestra comprensión y nuestro cariño.

El otro error con los monstruos, es creer que no existen. Y no me refiero aquí a los monstruos que vemos en esta publicidad, o a los monstruos que vemos en las películas Monsters Inc. de Pixar.

Me refiero a otros monstruos, sobre los que esta publicidad un poco jocosa nos puede ayudar a reflexionar. Es que aun sin ciencia ficción ni películas de terror, el mundo está lleno de monstruos, y esos monstruos están tras nuestros hijos, a plena vista, y lo peor del caso es que muchas veces nosotros somos los que le damos acceso a nuestras vidas, a nuestras casas y a nuestros hijos.

Los monstruos que acechan a nuestros hijos

La publicidad dice que ya los niños no pierden el sueño por los monstruos, sino por el uso de pantallas. Uno de los efectos de la luz azul que emiten las pantallas electrónicas es la de alterar el ciclo de sueño.

Por esa causa, los niños duermen mal y menos, además de provocar sequedad de ojos, irritación, y un prolongado etcétera que la gente de multiópticas se encarga de centrar en lo que le pasa a los ojos de los niños expuestos a mucho tiempo de pantalla.

Pero, ¿Es el único peligro el que enfrentan los niños expuestos a pantallas? ¿Puede ser que haya más monstruos de los que se ven a simple vista, y que esos monstruos sigan trabajando delante de nuestros ojos? Yo considero que sí, y te voy a contar varios de los que se pueden ver a simple vista.

El monstruo de la exposición a las pantallas

Ya dijimos que las pantallas afectan a la vista de nuestros hijos, pero ¿Es a lo único que afectan? De acuerdo a estudios recientes, los niños expuestos a pantallas antes de los dos años tienen un más bajo nivel de atención, presentan dificultades de lenguaje, dificultades cognitivas y aumento de la impulsividad y falta de control emocional.

¡Vaya que hay un monstruo en la habitación del que nadie habla! ¿Cuánto tiempo tienen que pasar los niños en una pantalla? Antes de los dos años, CERO. Nada.

No les hace bien de ningún modo. Entre los dos y los cinco años, de media hora a una hora, como máximo y bajo la supervisión de un adulto. Entre los 5 y los 12 años, una hora, también bajo la supervisión de un adulto.

De los 12 a los 16 no más allá de 90 minutos cuando se necesite para realizar trabajos de la escuela, pero en modo recreativo no más que media hora de esos 90 minutos, con especial control sobre redes sociales por parte de sus padres.

Y más allá de los 16 años, 2 horas como máximo. Enseguida veremos el monstruo de las redes sociales, pero tenemos que tener en cuenta que las pantallas generan adicción, especialmente a los likes, y que nuestros hijos necesitan nuestra guía hasta que puedan formar sus hábitos.

Sus cerebros están en formación, especialmente durante la adolescencia, y es importantísimo tener un control sobre el tiempo que los niños pasan frente a las pantallas.

El monstruo de la pornografía

La pornografía es uno de los monstruos que los grandes no queremos ver. No quisiéramos que nuestros niños se expongan a ese veneno, pero sin embargo les facilitamos todos los medios para que accedan desde la seguridad de sus habitaciones.

Proveer a un preadolescente o adolescente (8-17 años) de un celular y de una conexión irrestricta e incontrolada a internet es el camino seguro para que se conviertan en adictos a esta plaga. De acuerdo al sitio de Internet FightTheNewDrug.com, los niños están expuestos a la pornografía a partir de los 10-11 años.

Pero para los que tienen acceso irrestricto a un celular, esa edad puede bajar a 8 años. Los efectos de la pornografía en la intimidad de los niños son gravísimos. Si la pornografía destruye la vida de adultos, podemos fácilmente imaginarnos lo que hace en la mente de los niños.

El monstruo de las redes sociales

Los niños, especialmente los preadolescentes y adolescentes están necesitados de la atención y aprobación de sus pares, y las redes sociales son una vidriera gigante en donde se exponen a todo tipo de problemas y peligros.

Aun sabiendo que las redes sociales son tóxicas para los adolescentes, como se desprende de un estudio hecho por The Wall Street Journal, Instagram siguió difundiendo información falsa sobre el impacto de la red social sobre niños y adolescentes.

Los chicos no tienen la madurez necesaria para estimar y contrarrestar los riesgos de la exposición en redes sociales, y necesitan nuestra guía, apoyo y control para evitar caer en la enorme cantidad de peligros que los acechan, como el grooming, el sexting, el ghosting, el ciberbullying, etc.

No es el alcance de este artículo explicar cada uno de estos términos y peligros (lo haré en un futuro artículo) pero hay que saber que esos peligros están y que aun los adultos tienen serias dificultades para enfrentarlos, mucho más los niños y adolescentes.

El monstruo de la desunión familiar

Alrededor de las pantallas se esconden muchos monstruos. Pero tal vez el peor de todos es el de la desunión familiar. Y llamo desunión familiar al rito aceptado de tener las pantallas siempre a mano los adultos.

Estar siempre mirando más «por la ventana» de los grupos de whatsapp, de las redes sociales, de los portales de compra, y un prolongado etcétera. Si decimos a nuestros hijos que no estén todo el día con el celular, pero nosotros no podemos separarnos de las pantallas, entonces estamos fallando como padres y educadores.

«Buen educador es don Ejemplo» dicen, y qué mejor ejemplo que restringirnos nosotros mismos en el uso de las pantallas. Si yo le exijo a mi hijo que esté sólo media hora por día en el celular, pero luego yo estoy cuatro horas en el celular, entonces es lógico y normal que mi hijo se sienta traicionado.

Nuestra primera prioridad debe ser nuestro esposo o esposa, luego nuestros hijos y nada más. Nadie se muere si dejo de mirar instagram por varios días, pero nuestros hijos pierden a su padre o a su madre cada vez que miramos a la pantalla.

¿Cómo combatir estos monstruos ocultos a simple vista?

El modo más sencillo de combatirlos es generar las condiciones para que nuestra casa sea un hogar, donde las actividades fuera de las pantallas sean lo primordial, y no un espacio de espera hasta que nos dejen usar nuestras pantallas de nuevo.

Tenemos que buscar que nuestros hijos quieran estar en casa, proponiendo actividades de esparcimiento como lectura, deportes al aire libre o bajo techo, pintura, música, cocina, juegos de mesa y un prolongado etcétera que tendremos que ir descubriendo en qué es lo que le gusta a nuestros hijos, qué es lo que los hace felices y los ayuda a crecer como personas.

¡Pidámosle al Beato Carlo Acutis, patrono de internet, que nos ayude a que las pantallas sean un modo de crecer en la virtud y la Santidad, y no todo lo contrario!