Un monasterio es un lugar generalmente apartado de las urbes y lugares poblados que tiene como principal objetivo acoger a personas que desean vivir bajo la regla de la vida religiosa “monacal”. El monaquismo o monacato literalmente es el acto de “vivir solo” (del griego monakhós “único, solitario” o del mono que sabemos que significa “uno”).

No obstante ese “vivir solo” no es vivir como ermitaños, sino que la vida en un monasterio es una vida comunitaria, fraterna y la mayoría de las veces bajo una regla espiritual que rige la convivencia. La intención es marginarse de las distracciones y afanes de la vida común y dedicarse a la oración, la contemplación, la penitencia y otros quehaceres relacionados con la evangelización y la caridad. En un principio los monjes no dieron ninguna importancia al lugar en donde residían. De hecho hacían uso de cualquier lugar que la naturaleza les ofreciera y frecuentaban las cuevas o rústicas chozas construidas con ramas, piedras y barro que cumplían el rol de una habitación o “celda” de la cual salían únicamente para compartir momentos de oración comunitaria y otras tareas domésticas.


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San Benito fue el principal promotor de la vida monástica creando una regla de vida, bajo la cual entre los años 520 y 700 se fundaron en Europa cientos de Abadías (monasterios presididos por un Abad o Abadesa). Antes de san Benito, los monasterios simplemente eran edificios abandonados y luego ocupados por monjes, o que copiaban el diseño de otras edificaciones, pero gracias a su regla de vida, los siguientes monasterios se vieron en la necesidad de construirse siguiendo un diseño que respondiera a las necesidades de la vida religiosa. Con gran precisión especificó que un monasterio debía tener lugares como el oratorio, la capilla, el dormitorio, el refectorio, la cocina, algunos talleres, sótanos para los almacenes, enfermería, noviciado, hospedería y el Aula Capitular.

Hoy en día, podemos contemplar el legado de la vida monástica de siglos anteriores en asombrosos monasterios, construcciones que además de albergar a los monjes y religiosos, eran un alabanza a Dios en sí mismas, por su bella arquitectura, su emplazamiento en lugares espectaculares y la gran majestuosidad de su construcción. De esos monasterios queremos destacar algunos:

1. Abadía de Montecasino


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Construída a 130km sur de Roma, es célebre por ser el primer monasterio construido por San Benito. En este lugar escribió la Regla de vida Benedictina. El monasterio fue emplazado en un lugar que anteriormente estaba dedicado a la deidad pagana de Apolo, por lo que San Benito decidió dedicarla a San Juan Bautista. Una vez que se estableció ahí, no la abandonó jamás.

El más célebre alumno de este monasterio fue santo Tomás de Aquino, doctor de la Iglesia. Por su ubicación protegida, amurallada y estratégica, muchas veces fue lugar de conflicto bélico, siendo saqueada y destruida varias veces. Hasta el mismo Napoleón la invadió y saqueó. Durante la Segunda Guerra Mundial fue lugar de múltiples batallas y el 15 de febrero de 1944 fue destruía por completo luego de un bombardeo. La abadía fue reconstruida y fue nuevamente consagrada por el Papa Paulo VI en 1964.

2. Monasterio de Santa Catalina del monte Sinaí

La madre del emperador Constantino I mandó a construir una capilla en este lugar, donde la tradición indica que Moisés habló con Dios, en el episodio de la “Zarza Ardiente”, de hecho la zarza que se conserva ahí supuestamente es la “original”. Posteriormente el emperador Justiniano I mandó a construir un monasterio junto a la capilla.

Ubicado a los pies del monte Sinaí, este lugar en principio era llamado “Monasterio de la Transfiguración” sin embargo cambió su nombre a “santa Catalina”, una mártir cristiana que fue sentenciada a morir en la rueda de tortura. La tradición transmitió que la rueda se rompió y que finalmente fue decapitada y que cuerpo fue trasladado por los ángeles al Monte Sinaí, en donde los monjes del monasterio encontraron sus restos sobre el año 800, en una gruta de la montaña. Momento a partir del cual el monasterio custodió sus reliquias y se convirtió en un importante centro de peregrinación. Desde el 2002 fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

3. Monasterio de los Jerónimos en Lisboa

Fundado en el año 1501 para acoger a la Orden de San Jerónimo, destaca por su gran trabajo arquitectónico y lo asombroso de su diseño. De hecho se dice que es la mayor obra arquitectónica del estilo “manuelino” (del Rey Manuel I de Portugal) y una de las joyas del país. Aunque en su momento fue un lugar de claustro y oración, construido como con motivo de celebración por el sano regreso del explorador “Vasco de Gama” desde la India, hoy acoge museos y tiene fines más bien turísticos y culturales.

4. Monasterio del Monte San Miguel

Es una antigua abadía benedictina ubicada en Normandía, Francia, emplazada en el “Mont Saint Michel”. En un principio correspondía a una Basílica que además tendría celdas para acoger a los monjes, pero debido a que prontamente se convirtió en un reconocido y atractivo lugar de peregrinación, a su alrededor de alzaron varias edificaciones y albergues. Su particular ubicación, en medio de una bahía, permite su acceso a pie dependiendo de la marea, lo que la hace aún más atractiva y fascinante.

Se le considera una “mega estructura” en la cual convergen estilos arquitectónicos carolingio, románico y gótico, en donde las edificaciones se superponen entre sí con el único fin de servir a las labores monásticas que se desarrollan ahí. Desde 1979 es considerada por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad.

5. Monasterio de Santa María de Montserrat

El monasterio de Montserrat es un punto de peregrinación muy reconocido en Cataluña. En el sector montañoso donde se encuentra, al momento de su fundación, habían otras ermitas y conventos a cargo algunosreligiosos, pero el monasterio de Montserrat acogía en su interior una imagen de la Virgen de origen incierto que fue encontrada en ese lugar en cerca del año 880.

Es por eso que el monasterio rápidamente pasó a convertirse en un santuario, un lugar de peregrinación y veneración de la imagen. Este paso de monasterio a santuario permitió que en su momento llegasen muchas limosnas y aportes, lo que permitió que las edificaciones pudieran prosperar y que a él acudieran muchos fieles. Todo esto sumado al entorno montañoso y a su ubicación (a más de 700 metros sobre el nivel del mar) que hacían de la experiencia de peregrinación una vivencia muy especial para los fieles.

Al igual que muchos otros edificios católicos, templos y monasterios, fue atacado por Napoleón en dos ocasiones, siendo incendiado y saqueado. En la actualidad es custodiado y habitado por monjes benedictinos.