La luz que no puedes ver

Es muy posible que muchos de ustedes ya hayan visto la miniserie de Netflix «La luz que no puedes ver». Recién estrenada a principios de noviembre, la serie está basada en el libro del mismo nombre del autor Anthony Doerr. El libro es una obra de ficción maravillosa que incluso fue galardonado, en el 2014, con el premio Pulitzer.

La crítica a «La luz que no puedes ver» viene siendo apasionadamente encontrada. Algunos la han adorado y otros, defensores de la obra original de Doerr la han rechazado tajantemente.

Para mí, una madre que busca contenido para ver en familia, sobre todo con hijos adolescentes, ha sido una pequeña joya en la infinidad de títulos que se encuentran en streaming.

Sin importar las libertades que se han dado guionistas y director, ha sido un regalo encontrar un contenido que nos alimente la imaginación, las conversaciones en la mesa y también el alma.

En la era del tiktok y los valores efímeros, encontrar una serie como «La luz que no puedes ver», es algo fuera de lo común.

Los cuatro capítulos pasan ligeros, son muy emotivos. Nos dejan frases hermosas con las que se pueden esbozar provocadoras conversaciones. Es por esto que me he animado a exponer algunas ideas que puedan servir de base para entablar conversaciones y reflexiones en familia.

Te comparto, primero, el trailer de «La luz que no puedes ver»:

La figura del padre – Daniel LeBlanc

No es accidental que empiece apuntando a la figura del padre de la protagonista. Como lo apunta la doctora Meg Meeker en su libro «Padres fuertes, hijas felices», cuando un padre está presente, nuestras hijas cambian.

Y vaya la presencia de este padre, es extraordinaria. El padre enseña a las hijas a «mirar» el mundo sin miedo, a desarrollar esas habilidades que les permitirán con valor y seguridad enfrentarse a las más grandes adversidades porque están sostenidas por el amor. Un amor no solo incondicional, sino un amor que se deja la vida por quien ama.

David LeBlanc es el gran héroe de esta historia, un héroe humilde, silencioso, que tal vez no importe para el resto de personas, pero que para quien salva es el gran personaje del mundo. Es el amor de su padre y hacia su padre lo que mantendrá a la joven e invidente Marie-Laurie con vida y qué vida.

El buen maestro

Dicen que un buen maestro es quien comparte un poquito de su luz para hacer resplandecer la luz interior de sus discípulos. Etienne LeBlanc, el profesor, una voz en la radio que noche tras noche, comparte su conocimiento e inspira a niños a miles de kilómetros de distancia.

Niños que no conoce, pero que gracias a él, sueñan con el mundo, con su historia, se maravillan con la ciencia, aprenden a disfrutar la música e incluso reciben palabras de fe.

Etienne con todas sus limitaciones, con todos sus dolores y fragilidades, lo da todo, a través de una acción que a ojos de muchos, o en el silencio de su interior podría parecer insignificante. El profesor da sin esperar, no sabe siquiera si lo están escuchando, no espera reconocimiento alguno, Etienne Le Blanc nos recuerda de qué se trata la auténtica vocación del maestro.

La esperanza como luz en tiempos de oscuridad

«La luz más importante es la luz que no se puede ver», así cerraba una de sus lecciones nuestro gran profesor. Creo que esta frase es tan poderosa que se quedará con nosotros un buen tiempo, así como Saint Exupery nos regaló que «Lo esencial es invisible a los ojos», Daerr, nos regala una frase para iluminar al mundo desde quién somos.

Estamos llamados a ser sal y luz para el mundo, pero para serlo necesitamos descubrir la fuente del brillo de esa luz y alimentarla para que pueda iluminar el camino. Nuestro camino y el de otros tantos.

La oscuridad del mal, evidenciada en una guerra sin sentido, como la gran mayoría de guerras lo son, solo puede ser atravesada y vencida por esa luz que brilla y nunca se apaga. Esa luz que ilumina nuestro interior que nos ha sido regalada por Alguien y alimentadas por nuestros grandes afectos.

Nuestra luz ilumina, pero junto a la luz de otros brillamos juntos y el camino se hace cada vez más claro y certero. Necesitamos iluminar, pero también dejarnos iluminar por los dones y ayudas de otros. La vida no se conquista a solas, se conquista en compañía.

El auténtico sentido de ser hermanos

Werner y Jutta, el tío Etienne y Madam Manec, qué breves historias y qué impactantes. A través de esos pequeños detalles de la relación de estos pares de hermanos descubrimos la hermosura del amor fraterno.

No hay relación igual a la de ser hermanos. Los hermanos tienen un conocimiento especial el uno del otro que ni los padres pueden tener de sus hijos. En esta historia vemos este amor que a veces discute, que se dice las verdades en la cara como ningún otro, que se trata con ternura, que a veces se guarda cosas para no hacer sufrir, que es paciente que respeta la individualidad y la diferencia.

Este amor es un amor único que nace de esa unión tan profunda que provoca el compartir la misma sangre y haber habitado el mismo vientre.

Solo quien es hermano y ha crecido amándose como tal sabe a lo que me refiero. Ese amor profundo, esa lectura silenciosa de los dones de uno y de otro, esa compañía perenne que perdura incluso después de la muerte. No es casualidad que Cristo nos invite a amarnos el uno al otro como hermanos.

Los falsos dioses

Reinhold von Rumpel, merecería un artículo solo para él. Oficial nazi cruel que solo se sirve así mismo. No le importa el Reich, ni el Führer, ni nadie. No le importa a quiénes mata o a quién perdona. Con una enfermedad terminal persigue la ilusión de hacer perdurar ese poder nefasto y esa oscuridad que ha elegido poseer. Sueña con conquistar una vida eterna a través de una joya que promete salud y vida por siempre. Su falso dios.

Von Rumpel es ese mundo que te empuja solamente a perseguir logros materiales, éxito a toda costa, una vida de lujo, de poder y de placer. Y no es que todo esto sea malo en sí mismo, pero cuando se busca divorciado del sentido, del propósito y del amor, el resultado inevitable es la caída.

Qué espejismos tan grandes perseguimos, la historia está llena de personajes similares y con destinos crueles. Nuestra fe, la filosofía, incluso la ciencia nos repite una y otra vez que la felicidad no se encuentra en lo temporal y qué necios podemos ser, una y otra vez.

El amor que espera

Verán que no he hablado de los personajes principales, Marie-Laure y Werner, no he querido hablar de su resiliencia, ni de sus dones extraordinarios. He querido centrarme en su historia de amor. Es totalmente refrescante ver que esta historia no termina en un beso y un encuentro sexual idealizado haciéndonos creer que «vivieron felices para siempre».

Este amor que nace en plena guerra y a la distancia, es un amor real, en el sentido en que es un amor que espera. Werner se hace responsable, sabe que no puede entregarse a Marie-Laure, necesita primero sanar e ir a cumplir con las consecuencias de sus actos.

Necesita conocerse de nuevo para poder amar más y de mejor manera. Es un amor que no se conforma con haber sido compañía sino un amor que busca ser bien para el otro.

Qué importante enseñar a nuestros adolescentes que el amor no termina en un simple encuentro apasionado, sino que el amor decide y orienta su voluntad y su inteligencia al servicio del amado. Que busca darse en lo mejor que puede darse al otro para hacerlo feliz.

¿Ya viste la miniserie? Compártenos tus impresiones.