De pequeños, no podía faltar la pregunta «¿Qué quieres ser cuando seas grande?». Yo recuerdo haber contestado que quería ser veterinaria. Con el paso del tiempo me di cuenta de que únicamente lo dije porque siempre quise tener un perrito.

A la fecha me dedico a algo completamente diferente. Y, aunque ya tengo el perrito que siempre quise, debo confesar que hay muchas cosas que pensaba que a esta edad adulta ya habría alcanzado.

Es que solemos ir proyectando nuestra vida para «cuando seamos grandes». Pero, de repente, nos toca afrontar que ese momento ya llegó… y a lo mejor todavía tenemos un listado de sueños que siguen pendientes de cumplirse.

A medida que vamos creciendo y entramos a etapas distintas de la vida, nos encontramos con nuevos retos y situaciones que incluso pueden llevarnos a cuestionamientos profundos sobre nosotros mismos y el entorno que nos rodea.

En algunos casos hasta podemos llegar a compararnos con otras historias de vida, que quizás ya lograron ciertas cosas por las que nosotros seguimos trabajando.

Tal vez hasta queremos aferrarnos a nuestra etapa anterior y aparece el miedo a envejecer, porque pareciera que el tiempo se acaba y a medida que tengamos canas en el cabello lo habremos perdido todo.

Con lo anterior, podemos llegar a experimentar indignación, confusión, furia y negación. Tal vez, ese miedo a envejecer. ¿Te identificas? Lo mismo les pasó a las mujeres en este comercial de Issue, «Señora»:

La crisis de los 20, 30, 40, 50…

Personalmente, me identifiqué mucho con la reacción de estas mujeres. En mi caso, estoy a la mitad de la etapa de los 20s, (cada vez más veces se refieren a mí como «señora»). Muchas veces me he encontrado en situaciones de crisis al revisar lo que he logrado y lo que no, todo aquello que alguna vez soñé y que todavía no se ha cumplido.

Situaciones en las que replantearme el rumbo de mi vida y de mis decisiones, de mi carrera académica y profesional, entre muchas cosas que también he visto que otras personas de mi edad están atravesando.

Parece que cada década de la vida trae sus propias complicaciones, quizá en tu caso también hay ciertos desafíos y tampoco quisieras seguir envejeciendo.

Creciendo con Cristo

Sin importar tu fecha de nacimiento, el plan de salvación de Dios para ti empezó desde antes que nacieras y se extiende por la eternidad.

Aunque con el paso de los años cambies físicamente y entonces empieces a pintarte el cabello para disimular las canas, tomar colágeno, usar cremas anti-age, vitaminas para el sistema óseo, vestirte y comportarte de un modo diferente o no, entender las palabras de moda para los jóvenes o cómo usar TikTok y Bereal… recuerda que Dios es siempre el mismo.

Su amor para ti es incondicional. Podrás seguir viendo su gloria sin importar los años que tengas y las etapas que atravieses.

Cuando aparezca ese miedo a envejecer, te invito a que puedas hacer tuya esta promesa que se cumplió en el profeta Samuel, que desde pequeño fue fiel a la voz de Dios: «Samuel creció, y el Señor lo ayudó y no dejó de cumplir ninguna de sus promesas»,1 Samuel 3. 19-21

A pesar de los años, esos sueños de la niñez y la juventud todavía son posibles. Recuerda que, aunque parezca que la vida va muy rápido, siempre hay un tiempo para todo.

¿Cómo afrontar la llegada de las canas?

Lo cierto es que cada etapa de nuestra vida es diferente, pero ¿sabes qué? cada una de ellas podemos vivirlas con Cristo ¡esto lo transforma todo!

Su Palabra nos confirma que sin importar la etapa por la que estemos atravesando, e inclusive a medida que las temidas canas vayan apareciendo ¡Él nos sostendrá!

«Y seguiré siendo el mismo cuando sean viejos; cuando tengan canas, todavía los sostendré. Yo los hice, y seguiré cargando con ustedes; yo los sostendré y los salvaré», Isaías 46.4

Sin importar que seas estudiante o que ya trabajes, que estés viviendo la soltería o una vocación religiosa, que te acabes de comprometer o que tengas un matrimonio, que ya tengas hijos, nietos o bisnietos, que ya estés a punto de jubilarte o ya lo estés… tener a Cristo en tu corazón hace que puedas vivir.

Atravesar cada etapa con la plena confianza en que, así como Él ha estado contigo ayer, también lo está hoy y lo estará mañana. ¡No importa la edad!

Así que no te avergüences de ser señor o señora de las 2, de las 3, de las 4 décadas o más. Siempre que tengas a Cristo en tu corazón puedes vivir con alegría, porque Él está contigo en cada situación particular que conlleva cada etapa.

Cristo, que puede hacerlo todo en todos, está con los más pequeños y también con los más grandes. Así que bien seas Centennial, Millenial, Generación X o Baby Boomer, Cristo puede y quiere ser parte de tu vida. Y llenarte de su gracia para que esas crisis se transformen en plenitud y seas verdaderamente feliz, sin miedo a envejecer.

De modo que, señor y señora, ¡no le quiten años a tu vida, pónganle vida con Cristo a los años!