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Cuántas veces nos hemos sentido cansados, agobiados, ansiosos, con dudas en nuestro interior, sin fuerzas para seguir.

Y luego de una larga jornada cargando todo lo que nos ha sucedido en el día hemos necesitado un refugio, un lugar seguro para desahogarnos.

Sin embargo, aunque tengamos confianza en alguien para contarle lo que nos ha sucedido, nunca será suficiente si nos olvidamos de Aquél que siempre está ahí, dispuesto a escucharnos, y que nos dice:


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«Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os aliviaré» (S. Mateo 11, 28)

Porque «Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (S. Mateo 28, 20). Dios nos recibe con los brazos abiertos, con su Sagrado Corazón lleno de amor y misericordia, solo espera que confiemos en Él.

Solo de este modo, confiando plenamente en Él, vamos a poder dejar las cargas que llevamos y recibir la paz que quiere darnos. Por esta razón la oración es necesaria en nuestras vidas.

Es el motor que nos ayuda a continuar sin desfallecer, aunque parezca que pasamos por valles tenebrosos, que nuestra vida no tiene sentido. Por más oscura que sea la noche, la luz de Cristo todo lo ilumina.

Como leí en una ocasión: «la oración es un diálogo de amor» (justo tenemos un ebook gratuito sobre este tema). Pero hay que recordar que un diálogo es entre dos personas y que para escuchar la voz de Dios primero es necesario permanecer en silencio.

«En el silencio Él nos escucha, Él habla a nuestras almas»

Así lo expresaba santa Teresa de Calcuta, y continuaba diciendo: «En el silencio se nos concede el privilegio de escuchar su voz».

Si hoy más que nunca necesitas un refugio seguro, te invito a escuchar con atención la letra de esta canción llamada «Mi refugio», del grupo musical In Corde, conformado por las religiosas de la comunidad Pro Ecclesia Sancta.

Jesucristo, refugio seguro

Nosotros tenemos un refugio, un refugio seguro donde descansar: Jesucristo. Somos afortunados, dichosos, aún con todas nuestras pruebas.

Si estás leyendo este artículo significa que de una u otra manera quieres conocer más de Dios, fortalecer tu relación con Él o sentirte consolado.

En nuestra oración no solo basta con pedir perdón, conversar con Dios sobre nuestras experiencias diarias, pedirle por nosotros o los más cercanos. Aunque esto siempre le agrade, hay que ir un poco más allá.

Porque como dice una estrofa de la canción: «Aún hoy sigues cargando la herida al ver a tus hijos alejados». Hay tanto por hacer dentro de la Iglesia, tanto por aquellos que no conocen a Dios.

Por experiencia propia, encuentro mi refugio en Dios al realizar algún apostolado, donándome a los demás, ¿tú dónde lo encuentras? Como escribió san Francisco de Asís: «Porque dando es como se recibe».

Preguntemos al Señor: ¿Cuál es mi misión o propósito en esta vida?

Todos tenemos una misión, y hay tantas almas que se pierden día a día, pero como nadie da lo que no tiene, es fundamental para nuestra vida espiritual: la participación asidua en la santa misa, en los Sacramentos.

El rezo del santo rosario, la lectura de la biblia, la oración, la adoración al Santísimo, el amor al prójimo, el servicio comunitario, hay tanto que podemos hacer desde donde estamos hoy.

Recordemos siempre, como dice el salmo 62:

«En Dios solo descansa, oh alma mía, de Él viene mi esperanza. Solo Él mi roca, mi salvación, mi ciudadela, no he de vacilar, en Dios mi salvación y mi gloria, la roca de mi fuerza. En Dios mi refugio».

Piensa en este instante ¿cuál es tu refugio en los días malos?, ¿acudes a Dios?, ¿vas a Él solo en los momentos de tristeza y lo olvidas en los de gozo?

Que la canción «Mi refugio» nos ayude no solo a encontrar consuelo para esos días en que nos sentimos cansados, sino a reflexionar y encaminar nuestros pasos hacia el único que no defrauda, ¡Jesús!

Artículo elaborado por Verónica Tito.

¿Por qué decimos que Jesucristo es refugio para todos?