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¡Qué difícil puede resultar trabajar y/o estudiar en tiempos de pandemia! El hastío del teletrabajo solo es superado por la ansiedad de tener que salir a trabajar y exponerse a posibles contagios. En cualquiera de estos escenarios, hay un bálsamo que puede aliviar nuestro día: nuestro ambiente de trabajo, la buena relación que tengamos con los demás. Ni siquiera estoy hablando de amistad —todos no pueden ser nuestros amigos— pero hablo de cortesía y amabilidad. 

El video que les presentamos hoy es parte de una iniciativa que compartimos con frecuencia llamada: «El Video del Papa». En él, nuestro papa Francisco hace un llamado para pedir por el mundo del trabajo. A priori, parece un video breve y sencillo pero que encierra en realidad un gran mensaje. A continuación, comentamos algunos de los elementos apostólicos que encontramos:


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1. Pequeños actos de cortesía, frutos de un gran trabajo interno

A lo largo del video, vemos que las actitudes de los protagonistas y su lenguaje no verbal están llenos de atención y amabilidad. Son aparentemente gestos pequeños, pero que son solo una muestra de un trabajo interior profundo. Al respecto, el gran arzobispo estadounidense Fulton Sheen (que ya está camino a los altares) decía: «La cortesía y la educación son la estela que deja la virtud».

Para ser genuinamente amables, se requiere estar presentes. Es decir, vivir el momento presente y no permanecer ensimismados en nuestra propia existencia, en nuestros propios problemas… o en nuestro celular. Se requiere prestar atención a los demás, a lo que nos rodea, salir de nosotros mismos y fijarnos en la necesidad del otro.

Servir con algo tan simple, pero valioso, como sostener la puerta. Darle una mano a nuestro compañero si sabemos en conciencia que está a nuestro alcance ayudarlo, darle una palabra amable, sonreír. El arzobispo Fulton Sheen decía también: «La cortesía es la señal externa del amor interior y estima que se tiene a los demás».

Pero ¿cómo experimentaremos ese amor y estima a nuestro prójimo si no somos alimentados por Aquel que es el amor? ¿Si no trabajamos en nuestra vida interior, cómo será posible salir del yo para darnos a los demás?

2. Capacidad de salir del «yo»

En la misa de Pentecostés 2020, el papa Francisco nos hablaba de tres enemigos del don: «Tres, siempre agazapados en la puerta del corazón: el narcisismo, el victimismo y el pesimismo. El narcisismo, que lleva a la idolatría de sí mismo y a buscar solo el propio beneficio.

El narcisista piensa: «La vida es buena si obtengo ventajas». Y así llega a decirse: «¿Por qué tendría que darme a los demás?». En esta pandemia, cuánto duele el narcisismo, el preocuparse de las propias necesidades, indiferente a las de los demás, el no admitir las propias fragilidades y errores.

Pero también el segundo enemigo, el victimismo, es peligroso. El victimista está siempre quejándose de los demás: «Nadie me entiende, nadie me ayuda, nadie me ama, ¡están todos contra mí!». ¡Cuántas veces hemos escuchado estas lamentaciones!

Y su corazón se cierra, mientras se pregunta: «¿Por qué los demás no se donan a mí. En el drama que vivimos, ¡qué grave es el victimismo! Pensar que no hay nadie que nos entienda y sienta lo que vivimos. Esto es el victimismo.

Por último, está el pesimismo. Aquí la letanía diaria es: «Todo está mal, la sociedad, la política, la Iglesia…». El pesimista arremete contra el mundo entero, pero permanece apático y piensa: «Mientras tanto, ¿de qué sirve darse? Es inútil».

Y así, en el gran esfuerzo que supone comenzar de nuevo, qué dañino es el pesimismo, ver todo negro y repetir que nada volverá a ser como antes. Cuando se piensa así, lo que seguramente no regresa es la esperanza.

En estos tres —el ídolo narcisista del espejo, el dios espejo; el dios-lamentación: «me siento persona cuando me lamento». El dios-negatividad: «todo es negro, todo es oscuridad»— nos encontramos ante una carestía de esperanza y necesitamos valorar el don de la vida, el don que es cada uno de nosotros.

Por esta razón, necesitamos el Espíritu Santo, don de Dios que nos cura del narcisismo, del victimismo y del pesimismo. Nos cura del espejo, de la lamentación y de la oscuridad.

3. Coherencia en el trabajo

¿Qué significa y cómo se vive? Pues plasmando lo que creemos y profesamos en acciones y actitudes concretas en nuestro trabajo. En el video, el papa nos da elementos prácticos como: promover que se respete la dignidad de los trabajadores, ya sea desde nuestra posición como empleadores o como compañeros de trabajo.

Tener el coraje y la valentía de denunciar las situaciones de abuso de los derechos en el ambiente laboral. Pues como sabemos, el que atestigua hechos injustos y no hace nada para impedirlos es igual de culpable que el abusador: «No te quedes callado cuando tus palabras hacen falta» (Sir 4, 23).

El papa también nos insta a promover que el trabajo sea una herramienta para asegurar el auténtico progreso del ser humano y la sociedad. En ese sentido, san José María Escrivá de Balaguer veía en el trabajo un verdadero medio no solo para lograr nuestro desarrollo profesional sino, esencialmente, para alcanzar nuestra santificación.

Velemos pues para que se mantenga el respeto y la protección de los derechos de todos los trabajadores, más aún ahora, en plena pandemia por COVID-19. Pandemia que está poniendo en jaque a la economía mundial, pero que es también una oportunidad para ejercitar nuestro sentido de gratitud… lo que nos lleva al siguiente punto.

4. Aprecio y gratitud

Al comienzo de este post, hablábamos de lo fastidioso que es trabajar o estudiar en estas condiciones de pandemia, ya sea por el cansancio del teletrabajo o por tener que salir a exponerse. Sin embargo, detengámonos un rato a considerar todas aquellas personas que, simplemente, no tienen trabajo.

Aquellos estudiantes que no tienen una computadora disponible, Internet o acaso luz y que no pueden estudiar. Aquellos que tienen que caminar 40 minutos o hasta más para poder captar la señal de los programas de «Aprendo en casa», la iniciativa educativa en Perú.

Valoremos lo que tenemos, seamos agradecidos y apreciemos el esfuerzo que todos estamos haciendo para adaptarnos a estas nuevas condiciones. Que los estudiantes valoren el esfuerzo de sus maestros, que de pronto les tocó cambiar el trato diario y personal por una interacción ciega y a veces muda por parte de sus alumnos.

¡Cuánto apreciarán aquellos maestros el gesto amable de un alumno que propicie un buen clima estudiantil en la clase!

Superar la crisis de la pandemia va a requerir un cambio de corazón, un cambio de paradigmas y un entrenamiento en la solidaridad. Va a ser necesario apreciar el hoy, lo que sí tengo y sobre todo, apreciar a los demás (empezando por las personas con las que estoy compartiendo la cuarentena).

Al respecto, hace algunos días el papa lanzó un tweet que encapsula todo esto: «Necesitamos que el Espíritu Santo nos dé nuevos ojos, nos abra la mente y el corazón para afrontar el momento presente y el futuro habiendo aprendido esta lección: Que la humanidad es una. Nadie se salva solo. Nadie».

Oración del papa Francisco al Espíritu Santo

Para terminar, les comparto una oración de nuestro Papa Francisco al Espíritu Santo para que nos ayude a apreciar lo que hemos recibido y nos inste a salir de nosotros mismos para ser cristianamente amables.

¡Cuán necesario es serlo hoy! ¡Cuán necesario es leer los signos de los tiempos! y aprovechar esta pandemia que no es más que un llamado palpable a la conversión global:

«Hermanos y hermanas, pidámoslo:

Espíritu Santo, memoria de Dios, reaviva en nosotros el recuerdo del don recibido. Líbranos de la parálisis del egoísmo y enciende en nosotros el deseo de servir, de hacer el bien. Porque peor que esta crisis, es solamente el drama de desaprovecharla, encerrándonos en nosotros mismos.

Ven, Espíritu Santo, Tú que eres armonía, haznos constructores de unidad. Tú que siempre te das, concédenos la valentía de salir de nosotros mismos, de amarnos y ayudarnos, para llegar a ser una sola familia. Amén».

trabajo, El más poderoso y conmovedor mensaje del papa Francisco sobre el trabajo