Hace ocho años, tuve una oportunidad única al participar en la JMJ. Recuerdo aquel día en que culminó esta extraordinaria experiencia. Sí, el Papa se había despedido ya de Madrid y de todos los jóvenes: sonriente, saludando con las dos manos, y luego juntándolas para hacer una conmovedora venia; como diciendo: «Gracias infinitas, hemos hecho un gran trabajo». De inmediato, ha ingresado al avión que lo ha llevado a continuar su labor de Pastor y Vicario en Roma.

Y cuando veo que el avión del Santo Padre alzar vuelo, me quedo pensando en la inmensa bendición que ha sido esa JMJ, no solo para España, sino para la Iglesia en todo el mundo. Más de millón y medio de jóvenes de aproximadamente 193 distintas nacionalidades de los cinco continentes se dieron cita en Madrid en 2011, para participar de estos intensos días en los que se desarrolló la Jornada Mundial de la Juventud, con el Papa Benedicto XVI.



Sí. Yo también he participado intensamente de una JMJ. Con el corazón y el espíritu volcado totalmente en cada encuentro, en cada mensaje del Santo Padre, en cada cántico de los jóvenes reunidos en esta ciudad. Obviamente, ayudado por las nuevas tecnologías de información y comunicación, que le permiten a uno estar conectado en vivo con todo lo que ocurre allí. Qué cortos se quedan los números cuando pensamos que también millones de católicos hemos participado de esta manera, y que otros cientos o miles han acompañado el desarrollo y la realización de este magno evento, en la oración y en sus intenciones.

El video que les comparto a continuación es el Himno de la JMJ #Panamá2019. Que indudablemente me hizo recordar mi experiencia en España y me motiva a contagiarlos a todos de la inmensa alegría que debe caracterizarnos al ser católicos.



Esta es la juventud del Papa

Todo esto me habla de una manera muy hermosa de cómo somos Iglesia, y de cómo la Iglesia está viva. «Los jóvenes del Papa», como coreaba una y otra vez el cántico en Madrid: «¡Esta es la juventud del Papa!». Le hemos demostrado al mundo (y cuánto más al mundo secularizado), que tenemos una fuerza descomunal, una alegría auténtica, un aguante firmísimo, y un entusiasmo desbordante. Y hemos podido demostrar que todo ello, viene de Cristo, del encuentro profundo con Él, y del caminar acompañados de nuestra Madre.

Cada vez que culmina una JMJ, inicia un tiempo en el que no dudo que el Espíritu sopla incesantemente, para seguir fortaleciendo nuestra Iglesia, para seguir testimoniando la Verdad del Señor Jesús que ha movido y removido los corazones de millones de jóvenes y personas de todas las edades en todo el mundo. Por eso el Papa nos decía en la Misa de Clausura en Cuatro Vientos: «No os guardéis a Cristo para vosotros mismos. Comunicad a los demás la alegría de vuestra fe».

¡Seamos coherentes y consecuentes con todos los dones recibidos, respondamos a lo que Dios nos pide en el aquí y ahora de la Iglesia! Recordemos las bellas palabras que pronunció el Papa Francisco «Hacé como María, rezá, actuá, abrí tu corazón, porque el mejor vino va a venir».

A bajarse del balcón

Más de tres millones y medio de jóvenes tuvimos la gran alegría y bendición de participar en la Jornada Mundial de la Juventud en Río de Janeiro, junto con el Papa Francisco.

En las palabras que nos dirigió durante la Vigilia de oración, hubo una frase muy sencilla que me llamó de manera particular la atención: «Les pido que sean constructores del futuro, que se metan en el trabajo por un mundo mejor. Queridos jóvenes, por favor, no balconeen la vida, métanse en ella, Jesús no se quedó en el balcón, se metió; no balconeen la vida, métanse en ella como hizo Jesús». El Papa hizo énfasis en «no balconear la vida». Pero, ¿qué nos ha querido decir con esta expresión? He tenido algunas reflexiones al respecto.

¿Alguna vez se han parado en un balcón? La vista es hermosa, uno puede ver las cosas «desde arriba». Podemos señalar las cosas de «abajo» sin que nadie se entere. Incluso podemos intervenir a lo lejos en alguna situación, o también por qué no, contemplar la realidad y entretenernos con ella.

El Santo Padre, nos viene a remecer con sus palabras. Y es que muchas veces, ¡los cristianos vivimos así! Nos contentamos con la vista que tenemos «desde el balcón», señalando lo que está mal, corrigiendo las actitudes de los otros sin involucrarnos. Nos creernos incluso superiores desde nuestra posición y lo que es peor, viviendo cómodos, contemplando lo que ocurre en la realidad de tantos hermanos, sin comprometernos con sus vidas, sin salir al encuentro de sus necesidades (sean materiales o espirituales). Nos contentamos con «tirar la moneda» desde el balcón al pobre o a gritarle desde arriba el consejo al amigo, y ya nos creemos buenos con eso.

Pero, ¿Jesús qué hizo? ¡El salió! ¡Él se bajó! Como dice S.S. Francisco, «¡no se quedó en el balcón!» Él se metió de lleno en la vida de las personas, una a una. Jesús iba de pueblo en pueblo, salía al paso de las personas, de cada una de sus necesidades. No se guardaba para sí, no se contentaba con estar tranquilo o cómodo. Jesús siempre vivió «abajo» («no hizo alarde de condición de Dios» Flp 2, 6). Jesús siempre vivió en una permanente dinámica de encuentro con los demás. Y uno ve la vida del Papa Francisco, y ciertamente, es alguien que realmente hace sus esfuerzos por vivirlo.

Salir al encuentro es posible

¿Es posible vivir esto? Yo creo firmemente que sí. Jesús lo pide, y con Él, el Santo Padre como exigencia y como favor, porque sabe que es también algo que anhelamos en lo profundo del corazón: el encuentro. Lo más hermoso es que cuando uno mal que bien lo va haciendo, casi sin quererlo el corazón se va habituando, y el gran fruto que se obtiene es la certeza de estar respondiendo a ese llamado del Señor.

Esta dinámica, cambia realidades, cambia corazones, cambia vidas. El mundo nos enseña todo lo contrario: egocentrismo, egoísmo, egolatría. Todo yo. Dios, en cambio, nos enseña: todo por los demás (con Dios como centro), para encontrarnos a nosotros mismos. 

Para terminar, les comparto la letra del Himno de la JMJ 2019 ¡Atrevámonos a bajarnos del balcón! ¡Dios lo pide, el mundo lo exige, y nuestro corazón lo reclama!

«Somos peregrinos

que venimos hoy aquí

desde continentes y ciudades

queremos ser misioneros del Señor

llevar su palabra y su mensaje.

Ser como María la que un día dijo sí

ante la llamada de tu proyecto

el cielo se goza y canta de alegría

toda la tierra alaba tus portentos

CORO

He aquí la Sierva del Señor

Hágase en mí según tu palabra (bis)

Tu Sierva yo soy

Tu Hija yo soy

Tu hijo yo soy

Ser como María

disponibles a salir

Iglesia Peregrina con amor

jóvenes testigos y discípulos

con alegría, fe y vocación

CORO

No tengan miedo, no

no tengan miedo

de llevar el amor de Dios

comprometidos sí, como María

que supo ser la Sierva del Señor

He aquí la Sierva del Señor

Hágase en mí según tu palabra (bis)»