”biblia_cuadrado273”
”biblia_cuadrado273”

En la Encíclica «Laudato Si» (mayo de 2015) el Papa Francisco habló muy claramente sobre el cambio de conducta hacia nuestra casa común: el planeta tierra, en donde vivimos. Podría parecer uno de esos textos o manifiestos escritos por Green Peace, o alguna de estas organizaciones que luchan por una causa, que uno se pregunta — escépticamente — ¿No habrá cosas más importantes por preocuparse? Nada más lejano de la verdadera preocupación del Papa al escribir este documento.

¿Cuál es la inquietud real del Papa?

El Papa menciona muchos cambios necesarios para lograr un responsable dominio sobre la naturaleza. Habla de la economía, la política, los paradigmas socio-culturales, el uso de la tecnología, la ecología, la búsqueda del bien común, la necesidad de los valores y principios religiosos. En fin, muchos ámbitos de la cultura que deben buscar un recto uso y desarrollo del mundo en el que vivimos, si es que queremos dejarles a nuestros hijos un hogar en el que se pueda vivir con dignidad. Por lo tanto, vemos que no son, simplemente, «quejas» o «críticas» sin sustento, como una suerte de reclamo ligero sobre problemas que tienen raíces muy profundas. Sería una lectura muy superficial del objetivo que tiene el Papa.

¿Qué propone el Santo Padre?

La Encíclica tiene un punto neurálgico. «Curiosamente» ese dato trascendental al que quiero hacer referencia, se encuentra en los párrafos centrales — literalmente hablando — de la Encíclica. El Documento tiene 246 numerales. Específicamente, de los números 118 al 121, el Papa Francisco nos dice que solo en la medida en que el hombre cambie, será posible un cambio cultural. Aquí está el corazón de la preocupación y la crítica del Santo Padre. La necesidad de un cambio en nuestros corazones. Lo cual, obviamente, conlleva una manera distinta de cuidar nuestra «casa común».

Eso se debe a una lógica muy sencilla, pero extremadamente compleja para cambiar. El centro y principio de la cultura es el hombre. La crisis mundial que vivimos, existe, pues cada uno de nosotros está en crisis. Si no cambiamos; si no hay un cambio profundo en nuestro corazón es iluso todo esfuerzo de cambio a cualquier nivel social, económico, político, ecológico, etc…

Objetivo principal

«No habrá una nueva relación con la naturaleza sin un nuevo ser humano. No hay ecología sin una adecuada antropología» (118). No se puede perder de vista la responsabilidad que tiene cada ser humano individual en el cuidado responsable del mundo en que vivimos. No podemos correr el riesgo «de que disminuya en las personas la conciencia de la responsabilidad» (S.S. Benedicto XVI, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2010, 2: AAS 201 (2010), 41.)

Es iluso, una utopía ingenua, pedir un compromiso radical del hombre con su entorno, mientras cada uno no se haga responsable de la cultura en que vivimos. «No podemos pretender sanar nuestra relación con la naturaleza y el ambiente sin sanar todas las relaciones básicas del ser humano» (119).


”biblia_cuadrado273”