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Prepara los pañuelos. Este es uno de esos videos que deshidratan a la gente cuando los ve. ¿Listos esos pañuelos? ¡Vamos allá!

La serie «Contagiosos» de la fundación «Infinito más uno» de nuestro querido amigo Juan Manuel Cotelo, nos muestra en su capítulo tres la primera parte de «Familias de Acogida». ¡Uff! Demasiada información en muy pocas palabras, vamos a tratar de ir despacito.

¿Qué es «Contagiosos»?

Juan manuel Cotelo es un cineasta español católico que ha dedicado su carrera a la difusión de iniciativas que dejan huella en el mundo. Juan Manuel es inclasificable, porque constantemente se reinventa y produce cada vez mejor material, cada vez cosas más originales y ocurrentes.


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Desde su fundación «Infinito más uno» busca generar contenido católico, contenido que sea a la vez material de difusión y apostolado para guiar e iluminar el camino a quienes quieren practicar su fe con mayor entrega.

Hace unos meses, desde su fundación, comenzó con una serie de pequeños documentales llamada «Contagiosos», donde muestra a gente común haciendo cosas extraordinarias.

En la presentación de la serie dice: Esta gente tiene algo… ¿qué es? Su mirada, su sonrisa, su voz… ¡transmiten paz! «Vosotros sois la luz del mundo. No se enciende una lámpara para esconderla, sino para iluminar a todos. Brille así vuestra luz, para que todos vean vuestras buenas obras y glorifiquen al Padre que está en los Cielos».

Su testimonio nos invita a vivir con + alegría + amor + fe + esperanza. Necesitamos contagiarnos de todo ello, ¿verdad?

Nuestros «Contagiosos» de hoy

En el video que hoy te comparto, Juan Manuel nos cuenta qué son las «Familias de Acogida», y desde el momento que comienza el video se nos estruja el corazón.

Primero por la valentía y caridad aparentemente infinita de esta familia hermosa, pero además por el maravilloso testimonio de la alegría de los niños que cuidan.

La familia que hoy se presenta está formada por Cristina y Carlos, los heroicos papás de Pedro, un chico que nació con muchísimos problemas de salud. Ellos recibieron a Pedro con la misma alegría y entrega con las que recibieron a cualquiera de sus otros siete hijos.

A pesar de la enorme cantidad de problemas que tuvo Pedro, logró vivir cinco hermosos años, rodeado del cariño de sus hermanos y por supuesto, de sus padres, que le dieron una vida plena y llena de alegría y amor.

Pero Pedro no solo venía a hacer que sus padres se dedicaran a manos llenas de generosidad al cuidarlo: además, Pedrito vino a este mundo a mostrarles el camino a sus padres, y por extensión, a su familia,y  a otros muchos niños necesitados.

Hoy, a través de la iniciativa de Juan Manuel Cotelo y de Infinito Más Uno, a todo el mundo:

La vocación dentro de la vocación matrimonial

Todos tenemos un llamado universal a la santidad. También tenemos un llamado a un estado de vida. Ya sea al sacerdocio o a la vida religiosa, al matrimonio o incluso, a la vida de laicos consagrados.

Hay muchos estados de vida. Pero dentro de esos estados de vida que todos conocemos, hay una vocación particular, un «ideal» al que Dios nos llama. Dios nos dio talentos especiales que solo nosotros tenemos, y nadie más en el mundo los tiene.

Él necesita que pongamos esos talentos en juego para hacer las transformaciones que quiere hacer en el mundo. Y si las hacemos, cambiamos el mundo según los planes de Dios. Es lo que santa Catalina de Siena resumía tan bien diciendo: «Si somos lo que debemos ser, prenderemos fuego al mundo».

En el caso de Cristina y Carlos, fue Pedro quien les hizo ver ese llamado particular, esa «vocación matrimonial», o esa vocación dentro de la vocación matrimonial que estaba esperando para manifestarse.

Y tuvo que nacer Pedro, con sus múltiples problemas de salud y sus prolongadas internaciones en el hospital, para que Carlos y Cristina pudieran ver su vocación, la vocación hermosa que comentan en este video: de servir al mismo tiempo al Niño Dios y a Jesús Crucificado en esos niños que tienen tantas dificultades para vivir.

La vida de Pedro

Cuando evaluamos la vida de los demás, las vemos generalmente por sus «obras», por sus logros personales. Yo me enorgullezco de mis hijos por sus logros, por sus notas académicas o por sus hazañas deportivas.

Y cuando escucho a estos papás, se me estruja el corazón: ellos celebraban cada día nuevo de Pedro como un logro, porque Pedro les fue dado por poco tiempo. Y entonces, cada día que Pedro pasaba con ellos, era un triunfo, era una victoria.

Pedro llegó para transformarles la vida, y ¡vaya que se las transformó! No solo a ellos, también a sus hijos, también a los amigos de los hijos, como tan tiernamente relata Cristina en el video. Y ahora a mucha, muchísima gente a través del testimonio que nos llega por Infinito más uno.

Lo que también nos muestra que mediante el amor, no hay ninguna vida «inútil», no hay ningún ser humano que pueda ser descartado por más difícil y complicada que parezca su existencia.

De acuerdo a los diagnósticos médicos, Pedro podría vivir solo unas pocas horas, pero su vida se transformó en un himno entusiasta a la vida, donde cada día era una batalla contra la muerte, pero al mismo tiempo un día de acción de gracias por el regalo de la vida.

El ideal matrimonial

Dentro del movimiento de Schoenstatt, al que por gracia de Dios pertenecemos mi esposa Mariana y yo, en el itinerario pedagógico que seguimos hay una instancia que se llama «Ideal Matrimonial».

Se trata de descubrir, con la ayuda de Dios, cuáles son nuestros talentos particulares, a quiénes se los podemos dar, cómo cambiarían la vida de los demás esos talentos y cómo podemos hacer para que esos talentos florezcan y fructifiquen.

Este descubrimiento del «ideal matrimonial» nos ayuda en nuestro camino de santificación personal y matrimonial, nos ayuda a ser «las manos de la providencia» en el mundo de hoy.

Si sabemos cuáles son nuestros talentos, y los ponemos primero en servicio de la alianza matrimonial, el matrimonio fructifica y florece. Y de la abundancia del amor de Dios que se derrama en nuestros corazones, sobra amor para dar a los demás.

Segundo: podemos volcar nuestros talentos en beneficio de nuestros hijos, en beneficio de quienes Dios nos regaló como don para que los llevemos a Él.

Y por último, pero no por ello menos importante, para que volquemos nuestros talentos en beneficio de la comunidad. De nuestras parroquias, asociaciones, escuelas o donde sea que Dios nos llame a servir de instrumentos de su divina providencia. 

Y allí es donde entra la hermosa frase del Evangelio que eligió Juan Manuel Cotelo como lema para esta iniciativa de «Contagiosos»: «Brille así vuestra luz, para que todos vean vuestras buenas obras y glorifiquen al Padre que está en los Cielos».

Estoy seguro de que Cristina y Carlos hubieran preferido seguir recibiendo a sus niños especiales en silencio y calladamente, pero el bueno de Cotelo y el más Bueno de Dios tenían otros planes para ellos.

Unos planes que seguramente, luego de la difusión de este video van a hacer que se muevan muchos corazones. Que muchas otras almas generosas salgan como ellos a dar el amor que les sobra a los niños crucificados, a los niños que nadie puede cuidar porque son tan especiales que necesitan de un amor inconmensurable.

Para pensar en familia:

¿Sienten que Dios los llama a algo más que solo a un estado de vida?, ¿qué reflexiones te mueve el hermoso testimonio de Cristina y Carlos?, ¿cuáles creen que son sus talentos como esposos y como padres?, ¿a quién más podrían ayudar esos talentos especiales que Dios les regaló?

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