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Ayer me llegó la triste noticia del fallecimiento de Marcos Mundstock, uno de los protagonistas del conjunto musical y humorístico «Les Luthiers». Desde chica fui fanática del grupo, así que me dio mucha pena enterarme de esto. Recordé lo que me dijo una amiga cuando, unos años atrás, Daniel Rabinovich (otro miembro) también nos dejó: «¡Qué buena vida…una vida dedicada a hacer reír a los demás!».

Me quedé con este último pensamiento. Pero, más que ser una idea un poco vaga para confortar la pérdida —de quien, luego de tantos videos memorizados y risas compartidas con seres queridos, se hizo también un amigo, aún sin habernos presentado nunca—, se me ocurrió que es un buen momento para hablar de seis cosas que creo que deberíamos tener presentes o a veces, darles más valor.

Si no conoces a Munstock aquí te dejamos un video para que puedas hacerte una idea de su genial sentido de humor incluso para tocar temas serios.


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1. Pero, ¿por qué hablar de Marcos Mundstock aquí?

Quizás, al leer hasta este punto, te preguntarás qué tiene que ver esta especie de reseña artística con una página como CatholicLink. Pues lo resumo: es en las cosas ordinarias donde nos podemos encontrar con Dios. Además, cualquier pizca de belleza, de bondad o de cualquier virtud, puede convertirse en un camino para llegar a la fuente de toda belleza y bondad (o sea, a Dios).

A veces podemos creer que solo nos encontraremos con Dios en la Eucaristía, en la oración, en la devoción a los santos. ¡Eso es obvio! Pero, ¿alguna vez pensaste que podías encontrarlo en un puchero, en un partido de fútbol, en un concierto, en un paseo?

Es muy necesario que, como apóstoles modernos, busquemos y ayudemos a otros a buscar a Dios en lo cotidiano. Si no, en un tiempo como este, cuando las iglesias están cerradas y no podemos recibir sacramentalmente a Cristo, podríamos caer en el error de pensar que Él está ausente, que no está disponible, que nos quedamos solos.

Si disfrutamos de un paseo en bici, ¿no disfruta Jesús con nosotros? Si comemos nuestro postre favorito, ¿no lo invitamos a la mesa? Si escuchamos una buena canción, ¿no le decimos «Jesús, escucha esto, a mí me encanta»? O mejor aún, ¿alguna vez le dijimos «Jesús, ¡te dedico esta canción!»? No son boberías, esto es ser contemplativos en medio del mundo.

2. Dios en medio de mi cotidianidad

Esto que menciono en el punto anterior, es un ejercicio de la infancia espiritual que recomendaba santa Teresita: hablar, con confianza, con quien es amigo, con quien es hermano, con quien es padre, porque así son los niños.

Un sacerdote contaba siempre una anécdota de que un profesor de catequesis, enseñando a niños pequeños a hacer oración, luego les invitó a pasar a un oratorio y practicar. Vio a uno que no paraba de reírse, y a otro que miraba con los ojos entrecerrados, como concentrándose, y los dedos junto a las sienes como apuntando al Sagrario.

Sorprendido, quiso hablar luego con estos, para ver cómo les había ido. El primero le dijo «Bueno, dijiste que hacer oración es hablar con Dios de lo que nos gusta, ¡y a mí me gustan los chistes, así que le conté algunos!». El segundo explicó que recientemente había visto una película de ficción, y un extraterrestre adoptaba esa expresión o posición para «conectarse» mentalmente con otros. Así que él había estado «conectado» mentalmente con Jesús, procurando no distraerse.

¡Estos chicos podrían ser verdaderos doctores de la Iglesia, lo digo en serio!

3. La importancia del buen humor

«Les Luthiers» se caracteriza por un humor ingenioso y único, razón que les ha permitido permanecer vigente para distintas generaciones. No me queda duda de que próximas generaciones podrán disfrutar, de la misma manera que yo y otros, de la voz grave de Marcos Mundstock al presentar alguna obra del célebre compositor Johann Sebastian Mastripiero.

Muchos santos han hablado de la importancia de la alegría. Santa Teresa lo expresaba diciendo «tristeza y melancolía, no las quiero en casa mía». San Juan Bosco había fundado la «Sociedad de la alegría», para animar su oratorio, donde se leían buenos libros, se organizaban juegos y todo lo que produjera alegría.

Su alumno, Domingo Savio, explicaba que la santidad que ellos buscaban consistía en estar muy alegres. O mi ejemplo favorito, san Felipe Neri resumía su plan espiritual en «alegría, oración, actividad», y a este santo, literalmente, el gozo
«hinchó» su corazón.

4. ¿Por qué es tan importante la alegría y el buen humor?

La tristeza es aliada del enemigo. Primero nos hace quejosos, luego nos lleva a pensar en que querríamos tal cosa que no tenemos, o nos desanima en la lucha espiritual. Nos lleva a perder la confianza, la esperanza, nos vuelve ensimismados en nosotros mismos… o, en el mejor de los casos, nos hace perder tiempo.

No hay santos tristes. En todo caso, hubo santos que supieron estar «alegremente tristes», convirtiendo penas en motivos de unión con el Señor, aceptando pequeñas astillitas o grandes maderos para aliviar un poco la Cruz del Señor. «Un cristiano, siempre alegre, que un santo triste es un triste santo», aconsejó san Alberto Hurtado, parafraseando lo que muchos otros santos dijeron y resumiendo esto en su conocida jaculatoria: «Contento, Señor, contento».

5. Arte al servicio del bien común

«Les Luthiers», como dije, es un grupo musical. Compositores, a veces crean sus propios instrumentos, tocan bastantes de ellos y cantan (bastante bien). Entonces, me parece justo hablar de la importancia del arte. Usaré, para ello, palabras de dos santos.

San Josemaría afirmó que: «Las Artes estimulan la contemplación de la belleza, y ayudan a sobrellevar el peso de un trabajo que, por tantas circunstancias, hoy es más fácil que agote y rinda los espíritus». Por su parte, el san Juan Pablo II dejó una hermosa carta a los artistas, hablando de la vocación y la responsabilidad de su labor. Dos fragmentos que me encantan de este escrito dicen:

«Quien percibe en sí mismo esta especie de destello divino que es la vocación artística —de poeta, escritor, pintor, escultor, arquitecto, músico, actor, etc.— advierte al mismo tiempo la obligación de no malgastar ese talento, sino de desarrollarlo para ponerlo al servicio del prójimo y de toda la humanidad.

Y la sociedad, en efecto, tiene necesidad de artistas, del mismo modo que tiene necesidad de científicos, técnicos, trabajadores, profesionales (…) En el amplio panorama cultural de cada nación, los artistas tienen su propio lugar. Precisamente porque obedecen a su inspiración en la realización de obras verdaderamente válidas y bellas, no solo enriquecen el patrimonio cultural de cada nación y de toda la humanidad, sino que prestan un servicio social cualificado en beneficio del bien común».

6. Marcos Mundstock, nos deja como legado el tomarse la vida con humor

El poder conversar de distintos temas, tener opiniones encontradas y aún así encontrar caminos en conjunto que nos lleven a reír pero también a pensar. A escoger el bien, siempre el bien, y mejor si es con humor. «Esto que acabamos de escuchar no solamente es verídico, sino que además es cierto». (Marcos Mundstock)

¿Qué tanto humor dejas que se introduzca en tu vida?, ¿cuándo fue la última vez que reíste a carcajadas?, ¿la alegría es protagonista de tus recuerdos?, ¿te preocupas por hacer sentir mejor a los demás cuando los ves tristes? Si conociste a Marcos Mundstock o fuiste uno de sus fans, déjanos saber qué fue lo que más te gustó de él, cuál es ese recuerdo que siempre te acompañará.

Marcos Mundstock, Marcos Mundstock, una vida de risas que me recuerda que Dios está en todas partes