Todos hemos tenido que decir «no» alguna vez. Pero qué sucede cuando no somos capaces de ser sinceros, de decir «no» con tranquilidad, sin inventar excusas, sin crear historias rebuscadas o sin convertirnos en mentirosos de primera. Para algunos lo de inventar es casi un hábito, otros simplemente pronuncian el «no» con toda la calma que la situación amerita, mientras que para otros tantos, es casi imposible.

Seguramente has escuchado a conocidos, amigos o familiares, escudándose en frases como «Tal vez no sea la voluntad de Dios», «no puedo porque siento que no es el tiempo de Dios, «no porque tal vez Jesús no haría eso».  En vez de decir «no», porque no quiero, porque no tengo tiempo, porque tengo mejores cosas que hacer o porque simplemente no tengo ganas. El video que verás a continuación está repleto de frases que constantemente escuchamos para decir no «cristianamente».



Decir no es totalmente normal y necesario

Cuantos problemas nos ahorraríamos si dijéramos «no» cuando realmente deseamos y necesitamos decirle no a alguien o a algo. El hecho de ser cristianos no significa que tengamos que ponerle un toque espiritual a todo lo que decimos. No andamos por la calle pensando ¿será que Dios se comería esta pizza?, ¿cuántos chocolates se comería Jesús? No voy a responder con la verdad porque seguramente otros pensaran mal de mi, me juzgarán o me señalarán aún de una manera más agresiva porque soy creyente, porque voy a misa todos los domingos o porque rezo el rosario.



Ser cristianos no nos convierte en seres humanos perfectos. Es cierto que a diario trabajamos por ser mejores personas, que nos esforzamos por obrar bien, pero que este ideal no se convierta en la excusa perfecta para utilizar a Dios como mediador de nuestras mentiras. Como la excusa que nos permite escapar de lo que no queremos, de lo que nos molesta o nos incomoda.

Tenemos que aprender a decir «no» sin sentir remordimiento o vergüenza. Decir «no» dando las razones por las que estamos convencidos de no querer algo, es totalmente aceptable. No tengamos miedo de decir lo que sentimos, sin que esta decisión se convierta en una oportunidad para lastimar, mentir o herir susceptibilidades. Decir «no» también nos hace bien, nos evita inconvenientes y nos brinda la oportunidad de mostrarnos tal y cómo somos.