Hay temporadas en que todo se nos junta y sentimos que no podemos más. Entre el trabajo, la familia, la salud, el estudio, el grupo de oración, el apostolado… sentimos que se nos cae la vida como arena entre los dedos. Ahí el estrés se apodera de nosotros (y que nos cuesta manejar).

Algunos somos más sensibles al estrés y nos llenamos de ansiedad, angustia y hasta nos dan ganar de «tirar la toalla»; dejar todo caer y echarnos a llorar o, por lo menos, lamentarnos.

¿Cómo aprender a manejar el estrés o sobrellevarlo bien?

Los niños, cuando tienen cerca a sus papás, se desahogan con ellos, lloran y se quejan, hasta que les consuelan y les dan alguna solución. Porque confían en que alguien está para ellos.

Los adultos debemos aprender a vivirlo con nuestras herramientas, buscar ese consuelo y esa solución dentro de nuestros recursos. ¿Cuáles podrían ser?

1. Sin culpas, solo aceptar…

manejar el estrés, ¡Que el estrés no te venza en la batalla! 6 consejos espirituales para combatirlo

Entre más tardemos en decir, «Dios, sí, la vida se me está saliendo de las manos» no vamos a poder sobrellevarlo. Es doloroso el duelo que conlleva aceptar que nuestros planes de que todo estuviera «en orden»… pues no lo está.

2. Escuchar a Jesús decir «Yo no te juzgo»

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El estrés se acrecienta porque escuchamos como si todos los involucrados nos recriminaran «Pudiste haberlo hecho mejor» o «me fallaste».

Es Jesús, como en la vida de la mujer adúltera, quien se tira con nosotros al piso, para levantar nuestro rostro y decirnos «Yo no te juzgo».

3. Escuchar cómo nos sentimos

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El estrés nos hace sentir que no podemos parar, pero es necesario hacer una pausa para mirar hacia dentro y escuchar qué sentimos.

Quizá miedo por el futuro. Pena por no cumplir con expectativas. Amor muy grande por querer complacer a todos. ¿Qué sientes?

4. Aceptar nuestras fortalezas y nuestras debilidades

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Duele mucho no ser buenos en algo, pero que no nos ciegue a todo lo bueno que sí hemos dado. No tendremos 5.000 panes para alimentar a la gente, pero hemos dado nuestros 5.

No seremos expertos en matemáticas, pero somos buenos artistas… o viceversa. Somos bendición. ¿En qué has sido bendición? ¡Dios sabe cuánto te esfuerzas!

5. Liberarnos de lo que no nos corresponde

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Hay cosas que simplemente no podemos controlar. Como el humor de otros, sus altas expectativas sobre nosotros, sus ritmos que no coinciden con los nuestros o cómo afrontan el conflicto. No podremos ser dioses para los demás, aunque eso nos duela.

Confía en Dios y rechaza la ansiedad. El mal espíritu/Satanás también se apodera de nosotros con gran angustia y ansiedad. Eso no viene de Dios. Pidámosle su paz y su descanso.

6. Volver a Dios nuestro centro

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Si mi centro es todo eso que me angustia, obviamente me hará ver todo oscuro y sin remedio. Si Dios es mi centro, me muestra que Él es Dios, yo criatura. Y me ayudará a sacar todo adelante. «Nada te turbe, quien a Dios tiene, nada le falta».