Desde hace unos meses uno de los periódicos más influyentes del país donde vivo publica, en colaboración con una editorial educativa y con el patrocinio de uno de los bancos más conocidos, un espacio dedicado a la educación. Dicho espacio, que se publica en la edición digital, impulsa encuentros entre alumnos, padres, profesores y «personas transformadoras». Todo con el objetivo de aprender cosas nuevas y aportar su experiencia y conocimiento. De este modo, se ayuda a crear oportunidades para que cada persona pueda vivir la mejor vida posible.

Una de esas «personas transformadoras» que participó en uno de los últimos encuentros, fue Irene Villa. Irene Villa, quizá y muy a su pesar, es más conocida por su historia personal que por su todavía reciente actividad profesional. A los 12 años, en 1991, sufrió un grave atentado de la banda terrorista ETA, con coche bomba en una calle del madrileño barrio de Aluche, al estallar la bomba adosada al vehículo en el que viajaba, camino del colegio, con su madre.

Como consecuencia del atentado, Irene perdió las piernas y tres dedos de una mano. Su madre perdió una pierna y un brazo. Ni que decir tiene que su historia conmocionó a España y al mundo. Pero lejos de lo que pudiera parecer, no perdió las ganas de luchar y ni de vivir. Ha forjado un ejemplo que muchas admiran por su ilusión, afán de superación y positivismo.

Actualmente es psicóloga, periodista, escritora y madre de tres hijos. También integra el equipo de competición de esquí adaptado de la «Fundación También», donde ha conseguido varias medallas. Ha recibido innumerables galardones, y en 2013 fue elegida una de las «Top 100 Mujeres Líderes» más influyentes de España.

¿Qué se puede aprender de una situación y de unas circunstancias tan trágicas y desfavorables?

Se puede aprender que la adversidad puede convertirse en el motor impulsor de la vida. Y ella, ¿Cómo lo ha conseguido? Eso es precisamente lo que cuenta en ese encuentro con padres, profesores y alumnos. Con un mensaje lleno de optimismo, fe en uno mismo, determinación, trabajo en equipo y principalmente con el magnífico poder del perdón.

El perdón es precisamente el mensaje central, protagonista de este encuentro. Un perdón que es, según sus palabras, la base de tener un vida plena y feliz. Si pensamos un poco en nuestra experiencia o en la de alguien cercano, a veces es casi imposible, por no decir imposible del todo, evitar que alguien nos ofenda o nos cause daño, una pequeña o gran decepción, de manera muchas veces involuntaria, con mayor maldad si lo hace de manera consciente.

El corazón queda dañado, herido, resentido, «amputado» en palabras de Irene. Una herida que quizá sea más profunda y dolorosa cuanto más en consideración tengamos a quien nos la ocasionó. El perdón es quien consigue curar el corazón, restañarlo, rehacerlo con más fuerza y luz. Necesitamos el perdón por nosotros mismos, que nos hemos sentido afectados por algo o alguien, por nuestra felicidad y paz interior.

Irene lo explica de una forma muy gráfica. Toda ofensa genera un hilo sutil, imperceptible, entre la persona que nos ofende y la ofendida. El perdón es la tijera que corta ese hilo, que nos libera de la ofensa y del ofensor, que cauteriza la herida y no permite que se pueda volver a abrir. Un corazón vengativo es la mejor manera de llevar una vida fracasada, porque la felicidad solo se consigue con una corazón enamorado.

Como todo en la vida, perdonar también es algo que se puede aprender. Se puede trabajar para encontrar la mejor forma de hacerlo. Pero ¿Cómo? Estos son los consejos que Irene menciona:

1. Levantarse, no quedarse hundido en el sufrimiento

«No fue tan fácil, porque uno asume lo que realmente le pasa cuando enfrenta la realidad en soledad. Y eso no te lo puede quitar nadie, creo que el dolor es inevitable, lo que es opcional es quedarse en ese sufrimiento de por vida».

Cuántas veces nos suceden cosas dolorosas, muchas pequeñas y subjetivas, que nos amargan la existencia. «Decidí que iba a seguir estando abierta a los regalos que la vida me iba a dar». Las cosas que nos suceden nos sencillamente maravillosas, y quizá no las vemos así porque las vemos bajo el filtro de la rutina o del egoísmo. Decía Rick Elías, después de salir ileso del accidente del avión que aterrizó en el río Hudson, que desde ese momento eligió ser feliz (I choose to be happy).

2. Abrazar cada cambio que te ofrece la vida con esperanza

«Hijo te haré fuerte y seguro, pero debes tropezar para aprender… No voy a quitar las piedras de tu camino porque cuantas más piedras encuentres y más pesadas sean, más grande y fuerte construirás tu castillo». Poco se aprende de lo fácil y carretero, y mucho de la adversidad y del fracaso. «De la diversidad es de lo que más se aprende». Y para ello, cambiar el foco, ver la luz al final del túnel, ver la esperanza en cada situación. A veces ser fuerte no es una opción, sino tu única opción. Es clave afrontar las situaciones difíciles con alegría y optimismo.

3. Aceptarnos tal y como somos

«Mamá, he nacido sin piernas». Es la respuesta que Irene dio a su madre cuando le invitaba a aceptar su situación y no llevar una vida de amargura y rencor. Hay que aceptar lo que somos y tenemos. Y eso marcará un antes y un después en nuestro día a día. Lo contrario lleva a la frustración y a la autocompasión que finalmente, nos dejan en un callejón sin salida.

4. Confiar en la providencia divina

Irene comenta que se salvó «milagrosamente». Las heridas que le produjo el atentado fueron muy graves, pero los servicios sanitarios se encontraba cerca, pues pocos minutos antes había tenido lugar otro atentado terrorista con coche bomba contra un militar que, desgraciadamente no sobrevivió. Esto permitió que Irene fuera atendida con prontitud. Por dura que parezca la situación en la que nos encontremos, algún bien podremos sacar si sabemos verlo con ojos de fe. 

5. Agradecer cada oportunidad que la vida nos da

«Tanto mi madre como yo decidimos dar gracias por esta nueva oportunidad que la vida nos estaba dando». Irene y su madre eran conscientes de la suerte que tuvieron al salir con secuelas, pero con vida de un atentado tan atroz y destructivo. Ser agradecidos por lo que tenemos y podríamos no tener. Muchas veces solo valoramos las cosas cuando nos faltan y quizá no vuelvan. Valorar lo que tenemos es un buen arranque para afrontar cualquier adversidad.

«Me ayuda no mirar al pasado, y si miras, mirarlo perdonando o agradeciendo». Este es el último consejo que Irene da en su intervención. Sin quitar toda la actualidad de ese mensaje, lo completo con otro de San Pablo:

«Sea quitada de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritos, maledicencia, así como toda malicia. Sed más bien amables unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, así como también Dios os perdonó en Cristo».

Te invito a reflexionar sobre aquellas situaciones en las que Dios te ha «salvado la vida». ¿Has sido agradecido con Él?, ¿has perdonado las heridas que otros te han causado?, ¿le guardas rencor a algún amigo o ser querido? ¡Es tiempo de abrazar el perdón!