luz de cristo

Hace pocas semanas, Castrol, una compañía de lubricantes para automóviles, publicó un video que nos ha encantado. Nos recuerda que a través de Cristo podemos ser luz que ilumine al mundo. Aunque sean tiempos confusos y de oscuridad, no podemos escondernos por miedo.

Te recomiendo ver el video y, luego, compartirnos (abajo, en la sección de comentarios) consejos, ideas y propósitos que se te ocurran.

Aunque parezca que la luz se está apagando y la oscuridad lo envuelve todo, como dice el video, en los seres humanos siempre existirá una profunda necesidad de Luz, de Cristo.

La Luz que disipa las sombras de la desesperación, el sufrimiento y el pecado. ¿Acaso tú y yo también estamos llamados a llevar la luz de Cristo, a portar la esperanza y la Verdad?

Cristo es la luz del mundo

Jesús, en su enseñanza y ejemplo, proclamó audazmente ser «la Luz del mundo» (Juan 8:12). Hoy en día, estas palabras resuenan más que nunca.

Así como la luz disipa la oscuridad física, Cristo ilumina nuestras almas, disipando las sombras de la desesperanza y revelando el camino hacia la vida eterna.

Su vida, sus enseñanzas, su sacrificio y su resurrección triunfante se unen para formar una llama impenetrable en medio de la oscuridad.

Solo hace falta que alguien se atreva a llevar a Cristo a todos los rincones.

Vivir en tiempos de oscuridad y confusión

Cada día vemos a la sociedad confundirse y perderse más en la oscuridad e incertidumbre del pecado, los vicios, el materialismo… Las verdades fundamentales son cuestionadas, los valores morales son relativizados y la búsqueda de sentido se encuentra frustrada.

Sin embargo, en medio de este caos, Cristo se alza como la «Roca» sólida sobre la cual podemos construir nuestras vidas. Él es la Verdad encarnada, que nos guía a través de las aguas turbulentas, hacia la orilla del amor, la esperanza y la Vida eterna.

Su vida y sus palabras son faros de luz que nos iluminan el camino.

«Nadie enciende una lámpara para esconderla o taparla con un cajón»

En este versículo de la Biblia (Lucas 33,11ss), Cristo nos anima a no desfallecer, a no sucumbir a la tentación de esconder su luz ante el rechazo, la persecución o las dificultades.

Hay que recordar que la luz de Cristo es un don que hemos recibido y no podemos esconderla como una posesión egoísta, sino como un regalo destinado a ser compartido.

Al esconderla por cualquier razón, negamos a otros la oportunidad de encontrar la esperanza y la salvación que tanto necesitan.

Todos estamos llamados a llevar la luz de Cristo

La misión de llevar la luz de Cristo no es exclusiva de un grupo selecto de creyentes; es una llamada universal para todos aquellos que han experimentado su amor y gracia. ¿Y cómo lo hacemos? ¿Cómo llevamos a Cristo a todos?

Nuestro testimonio de fe debe manifestarse con nuestro ejemplo cotidiano. Que vean que vivimos lo que creemos y predicamos en nuestro hogar, trabajo, comunidad y con nuestros amigos.

Cristo mismo nos desafía a «dejar brillar nuestra luz delante de los demás, para que vean nuestras buenas acciones y glorifiquen a nuestro Padre que está en el cielo» (Mateo 5:16). La luz que irradiamos no proviene de nuestra propia fuerza, sino de la presencia viva de Cristo en nuestras vidas. Es un privilegio y deber responder a su amor al compartirlo con los demás.

En un mundo sumido en la oscuridad y la confusión, los cristianos tenemos la ineludible misión de llevar la luz de Cristo a cada esquina. Cristo disipa la oscuridad y guía el camino hacia la verdad y la esperanza. No debemos temer esconder esta luz invaluable, sino más bien, permitirla brillar con valentía y resolución.

Estamos llamados a irradiar la luz de Cristo en cada aspecto de nuestras vidas, iluminando el sendero de aquellos que están perdidos. Al abrazar esta misión con humildad y alegría, recordamos que es a través de la luz de Cristo que encontramos propósito, significado y esperanza en medio de las tinieblas.