Todos conocemos a santa Teresita del Niño Jesús. Una santa extraordinaria por su sencillez, al punto que cuando murió, la hermana encargada de escribir su obituario dijo: «No tengo nada que escribir sobre ella, pasó desapercibida». En el momento de su muerte, solo un puñado de personas la conocían, fuera de su familia y sus hermanas de convento. Y aun ellas la conocían poco. Santa Teresita es una invitada permanente en nuestro hogar. Ya la consideramos parte de nuestra familia. De hecho, cuando rezamos las jaculatorias de los santos, nos referimos a ella como “santa Tere”, porque es más que querida en casa y vivimos pidiéndole cosas para la vida cotidiana.

Por obediencia a su superiora escribió su autobiografía, que llamó: «Historia de un Alma» y por esa autobiografía conocemos su precioso “caminito” espiritual, como ella lo llamaba. Ese “caminito” hizo que san Juan Pablo II la nombrara Doctora de la Iglesia. ¿Por qué es tan conocida, 120 años después de su muerte una monjita que pasó desapercibida para quienes estuvieron a su lado?


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Santa Teresita resume su “caminito” de la siguiente forma: «Comprendo tan bien que, fuera del amor, no hay nada que pueda hacernos gratos a Dios, que ese amor es el único bien que ambiciono. Jesús se complace en mostrarme el único camino que conduce a esa hoguera divina. Ese camino es el abandono del niñito que se duerme sin miedo en brazos de su padre».

¿Quién le enseñó a esta pequeña gran santa a amar con ese amor inextinguible? Sin duda fueron sus padres, Celia y Luis, a quienes el Papa Francisco declaró Santos en octubre de 2015. Los padres de santa Teresita son los primeros esposos en ser declarados santos por la Iglesia como esposos, y su fiesta se celebra el día de su boda, el 13 de Julio. La salvación es individual, pero al ser el matrimonio un sacramento, es esperable que santifique a los dos cónyuges de igual manera, si ambos son dóciles a la gracia. Y así parece ser el caso de Celia y Luis. Su amor esponsal configuró la verdadera imagen de ese Dios que ama hasta la locura a cada una de sus criaturas. Y de ese amor se alimentó el amor a Dios de la santa.

Celia fallece cuando Teresita tenía 4 años, y Paulina, su hermana mayor ocupa su lugar en el cariño de la pequeña. Pero cuando Teresita tiene 9, Paulina decide entrar al Carmelo, provocándole una crisis de salud gravísima, que hizo temer por su vida. Al finalizar su enfermedad, santa Teresita se aferra aún más a su padre, un recio hombre proveniente de una familia de armas, quien de algún modo “feminiza” su amor por sus hijas para que no extrañen a su madre. Santa Teresita escribe: «El corazón tan tierno de papá había añadido al amor que ya tenía un amor verdaderamente maternal».


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¿Qué dice santa Teresita de estos amores, del amor esponsal de sus padres, del amor paternal de Luis por ella y del amor filial de ella por su “rey” como ella llamaba a su papá? De lo que nos cuenta podremos sacar la imagen de lo que deberíamos aspirar a ser todos los padres de la tierra.

1. Ser un buen padre comienza siendo un buen esposo

De la superabundancia del amor Divino fuimos creados. Y de la superabundancia del amor de Celia y Luis nacieron las 5 hermanas Martin, una de las cuales ya es santa y Doctora de la Iglesia, mientras que ya Leonia, la “hermana difícil” está camino a los altares. Su amor es un amor casto, un amor que quiere el Cielo para el otro. Celia dijo de Luis: «Soy siempre muy feliz con él. Me hace la vida muy dulce. ¡Qué santo hombre que es mi marido! A todas las mujeres les deseo uno igual». El amor nacido de la admiración y el respeto da frutos de santidad. Y santa Teresita dijo: «El buen Dios me ha dado un padre y una madre más dignos del cielo que de la tierra».

2. Ser un buen padre es acoger y cuidar la vida

Celia y Luis tuvieron 9 hijos, de los cuales cuatro murieron siendo muy pequeños. El amor es fecundo, es generoso y es crucificado: no hay dolor más fuerte que perder un hijo propio. Y las restantes hijas que sobrevivieron fueron cuidadas para el Cielo. Celia dijo: «Me gustan los niños con locura. Creo que he nacido para tener hijos». No solo desea los hijos, sino que los desea para Dios. Y, ¡vaya si cumplieron con su cometido! Una de las santas más importantes de estos últimos siglos se crió en ese amor entregado y generoso de Luis y Celia.

3. Ser un buen padre es hacer de la iglesia domestica la escuela de virtudes

¿Cómo se hace para formar cinco hijas para que sean religiosas y santas? ¡Queriendo! La voluntad de Luis y Celia forjó a cinco flores perfectas para el Cielo. Pero la voluntad de los padres también fue dócil a la gracia, y no escatimaron esfuerzos para santificar el hogar. Las prácticas de piedad eran constantes en la familia Martin. En toda la biografía de santa Teresita se pueden ver rastros de piedad: las oraciones al levantarse, bendecir los alimentos, ángelus, rosario; visitar enfermos y peregrinar a las tumbas de los santos, la Familia de santa Teresita era la iglesia doméstica casi perfecta, parecida sin duda a la Sagrada Familia de Nazareth.

4. Ser un buen padre es ayudar a los hijos a desarrollar su vocación

Cuando Leonia entra abruptamente al convento, Luis no sólo no se lo impidió, sino que la apoyó económicamente y le otorgó su permiso sin dudarlo. Y Cuando santa Teresita pide la “locura” de entrar al Carmelo a los 15 años, no escatimó esfuerzos, incluso yendo hasta Roma a pedir al Papa León XIII autorización. Luis y Celia desearon desde siempre la santidad de sus hijas, Celia le decía a su hermana en una carta: «quiero que mis hijas sean santas».

5. Ser un buen padre es ser un padre presente

Celia y Luis están presentes para sus hijas en forma constante. Son cientos las anécdotas de paseos, juegos, oraciones y actividades familiares de Luis y Celia primero y luego de Luis con sus hijas. Todas las anécdotas, aun las más cotidianas, dejan ver unos padres ocupados en forma constante a la labor más importante que Dios les había dado: la educación de las hijas. La prematura partida de Celia a la Casa del Padre hizo que Luis se dedicara con más fuerza a cuidar a sus hijas, y que dedicara sus últimos años de salud a garantizar que sus hijas pudieran realizar sus sueños de santidad.

6. Ser un buen padre es ser un padre amoroso

Esta presencia de los padres no es para nada una presencia distante o fría. El cariño de Celia y de Luis se transmite a sus hijas constantemente. Cariño no solo en expresiones cariñosas como “mi reinecita”, “mi rey” sino también expresado en las cosas más cotidianas, que eran hechas con cariño. Santa Teresita recuerda en su autobiografía cómo era la rutina para saludarse por la noche: «Íbamos todas, por orden de edad, a dar las buenas noches a papá y a recibir un beso. La reina iba, naturalmente, la última, y el rey, para besarla, la cogía por los codos, y ella exclamaba bien alto: “¡buenas noches, papá, hasta mañana, que duermas bien!”. Y todas las noches se repetía lo mismo».

«Esta es la ternura del Señor, en su amor; esto es aquello que Él nos comunica, y da fuerza a nuestra ternura. Pero si nosotros nos sentimos fuertes, no experimentaremos nunca la caricia del Señor, ‘las’ caricias del Señor, tan bellas … tan hermosas. ‘No temas, Yo estoy contigo, te llevo de la mano’… Son todas palabras del Señor que nos hacen comprender ese misterioso amor que Él tiene por nosotros. Y cuando Jesús habla de sí mismo, dice: ‘Yo soy manso y humilde de corazón’. También Él, el Hijo de Dios, se abaja para recibir el amor del Padre» (El Papa Francisco en su homilía de la Casa Santa Marta del 27 de Junio de 2014).

Examinemos nuestra actitud como padres para nuestros hijos: ¿Somos buenos esposos? ¿Somos tiernos y cariñosos entre nosotros y con ellos? ¿Somos padres presentes? ¿Los ayudamos a crecer en las virtudes y en su vocación? ¿Somos buenos como el Padre del Cielo es bueno? 

También podemos examinar nuestra actitud como superiores: ¿Somos imagen de un Dios tierno y cercano? ¿Dejamos que nuestros subalternos crezcan y desarrollen su vocación? ¿Los ayudamos a practicar las virtudes?


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