En este caminar de fe, muchas veces he escuchado que Dios «ordena» nuestra vida y que, en ese proceso, puede permitir que soltemos personas, situaciones o seguridades a las que estamos profundamente aferrados. Y aunque hablar del Llamado de Dios puede despertar esperanza, también puede despertar temor: ¿qué me pedirá el Señor si realmente le abro por completo mi corazón?

Tal vez por eso nos cuesta disponernos a escuchar. Tememos perder aquello que amamos, renunciar a nuestros planes o abandonar las seguridades que hemos construido. Sin embargo, he comprendido que la voluntad de Dios no busca quitarnos la felicidad, sino conducirnos hacia la plenitud para la que fuimos creados.

Cuando nuestras seguridades ocupan el lugar de Dios

Hubo un momento en mi vida en el que Dios comenzó a mostrarme algunas idolatrías que había construido a partir de mis heridas: una relación que no me hacía bien y un trabajo en el que vivía constantemente sobreexigida. Me aferraba a ambas cosas porque se habían convertido en mis seguridades. Quería controlarlo y sostenerlo todo porque, en el fondo, no creía que pudiera ser sostenida por nadie, ni siquiera por Dios.

A veces también nosotros nos aferramos a relaciones, trabajos, planes o expectativas simplemente porque son conocidos. Aunque nos hagan daño, preferimos lo conocido a la incertidumbre. Pero el Llamado de Dios muchas veces comienza cuando el Señor nos invita a preguntarnos qué estamos poniendo en el lugar que solo Él debería ocupar.

El llamado de Dios es un camino de amor

Con el tiempo comprendí que la voluntad de Dios no es una amenaza ni un camino para quitarnos aquello que amamos. Es un designio de amor que busca llevarnos a dar fruto y alcanzar nuestra plenitud.

Dios no nos obliga: nos invita. Pero decirle «sí» puede implicar renuncias, dejar de controlar y confiar incluso cuando no entendemos. Eso fue lo que ocurrió conmigo. Llegó un momento en el que sentí que debía soltar aquello a lo que me aferraba, por más miedo y dolor que me causara.

Dios no te pide no tener miedo

Confiar no me resultaba fácil, y todavía hay momentos en los que me cuesta. Tener miedo ante la incertidumbre es humano. Incluso la Virgen María preguntó cómo sería aquello que el ángel le anunciaba porque no comprendía completamente lo que estaba sucediendo.

Entonces entendí algo importante: Dios no me pedía dejar de sentir miedo, sino no permitir que el miedo decidiera por mí. No se trataba de esperar a que desapareciera la incertidumbre, sino de avanzar, aun con temor, de su mano. Y pensé: si Él me creó, sabe para qué me creó y me está pidiendo dar este paso, aunque no lo entienda, puedo creer que quiere algo mejor. Así que decidí creerle, aunque tenía miedo.

Cuando tuve que soltar lo que creía necesitar

Primero, con mucho dolor, solté aquella relación que me hacía daño. Después, solté el trabajo al que también me aferraba. Por un tiempo, sentí que me quedaba solamente con Dios como mi única seguridad. Y fue allí donde descubrí que Él realmente podía sostenerme.

Después llegó un trabajo más tranquilo, que me permitió tener espacio para servirle. También comenzó un proceso de sanación que no sabía que necesitaba. Dios empezó a restaurar mi identidad y a mostrarme quién era más allá de la exigencia y el esfuerzo constante. Ahí comprendí que cada persona tiene un Llamado de Dios particular y que Él no quiere que nos convirtamos en alguien distinto, sino que lleguemos a ser plenamente quienes nos creó para ser.

Decir «sí» incluso cuando no entendemos

El Señor busca corazones dispuestos a responderle libremente, incluso cuando ese «sí» implique renuncias o situaciones que todavía no comprendemos. Esto no significa que todo dolor sea querido por Dios ni que cada pérdida sea una señal suya. Pero Dios puede obrar incluso en medio de aquello que no habríamos elegido. Su voluntad es «buena, agradable y perfecta» (Rom 12, 2) y está orientada hacia nuestro verdadero bien: la comunión con Él.

Comprender el Llamado de Dios y aprender a hacer su voluntad es un camino de toda la vida. Por eso, todavía le pido que me enseñe a confiar, a atravesar mis miedos y a abandonarme en Él, incluso cuando no entienda el camino porque Él ve más allá de lo que yo puedo ver.

Una invitación a abrir el corazón

Quizás hoy tú también estás aferrado a algo por miedo. Puede ser una relación, un trabajo, una decisión o un camino que Dios parece estar iluminando, pero que todavía no te atreves a recorrer. Puedes comenzar entregando aquello que te preocupa. Puedes decirle que tienes miedo y que no entiendes. Confiar no significa fingir que nada duele, sino aprender a llevar nuestro dolor delante de Él.

La Escritura nos recuerda que «todo contribuye al bien de los que aman a Dios» (Rom 8, 28). Tal vez algunas respuestas las comprendamos con el tiempo y otras no las entendamos en esta vida. Pero podemos volver a una certeza: Dios es bueno y podemos confiar en Él. Y quizá hoy el Llamado de Dios para ti no consiste en entender todo, sino simplemente en dar el siguiente paso de confianza.

Una oración para pedir la gracia de hacer la voluntad de Dios

Quiero compartirte esta oración, de La imitación de Cristo, de Tomás de Kempis, para pedirle al Señor la gracia de conformar nuestro corazón al suyo:

Concédeme, benignísimo Jesús, tu gracia para que esté conmigo, obre en mí y persevere conmigo hasta el fin. Concédeme que desee y quiera siempre lo que te sea más aceptable y agradable a ti. Que tu voluntad sea la mía y mi voluntad siga siempre la tuya, haciéndose equivalente en todo con ella. Que mi querer y no querer se igual al tuyo y que quiera y no quiera sino aquello que Tú quieras o no.

Dame, Señor, la gracia de que muera a todo lo que hay en el mundo y haz que desee por ti ser despreciado y olvidado en esta vida presente. Concédeme, sobre todo lo que más desea mi alma como es descansar en Ti y aquietar mi corazón en Ti. Tú eres la verdadera paz del corazón, Tú el único descanso. Fuera de Ti todas las cosas son oscuras e inquietas. En esta paz permanente, esto es, en Ti, sumo y eterno bien, dormiré y descansaré.

Amén.

Sobre mí y mi misión

Soy Laura Domínguez, fundadora de Solo El Amor Sana, un espacio de acompañamiento espiritual y emocional para quienes desean encontrar sentido, sanación y propósito de vida desde la fe. A través de estos espacios, busco acompañar a las personas en un camino de encuentro con Dios, para que puedan descubrir que, en Jesús, encuentran el sentido más profundo de su historia y de su vida.