Esta semana me reincorporé a mi trabajo después de los festivos días de Semana Santa. Amaneció ese primer día laboral con el buen sabor de boca que deja haber celebrado la Pascua, dejando abierta esa puerta a la esperanza y a la vida.

Aquella mañana, nuestro director nos reunió para comunicarnos que en los días anteriores nuestra compañera Alicia, embarazada de seis meses, estaba ingresada en el hospital. Algo no iba bien y debíamos prepararnos para cubrir su ausencia. Aún no había acabado la reunión que recibimos la triste noticia: Alicia y su marido habían perdido a su bebé.

Se me encogió el corazón. Y creo que aún sigue encogido. Con un nudo en la garganta, incluso el cuerpo tembloroso continuamos con la jornada, incrédulos, frustrados, tristes, cabizbajos, meditativos.

No me quité a Alicia de la cabeza en todo el día. Por la tarde, dudaba si debía o no enviarle un mensaje, visitarla o llamar a su familia. Otros compañeros se sentían igual.

Justo antes de ir a dormir recibí el vídeo que les comparto. «Life is great» (La vida es grandiosa) se titula, un corto animado muy sencillo. Me habló de lo revelador que es un gesto, de la paciencia y de la prudencia ante el duelo. Les invito a verlo, y a que se dejen remover por su ternura.

Las distintas formar de vivir el duelo

Luego de ver el video decidí enviar un mensaje a Alicia. «Que lo lea cuando quiera, cuando pueda o que no lo lea nunca. Pero que sepa que estoy ahí». A la mañana siguiente, resultó que muchos habían hecho como yo. Tanto es así que la familia pidió que no contactáramos más con ella, por el momento.

Cuando murió mi padre con tan sólo 49 años también observé cómo cada una de sus «personas especiales» reaccionábamos de forma diferente ante la situación. Unos queríamos seguir hablando de él a todas horas. Otros evitaban el tema. Algunos querían «dejar de llorar».

Ante una pérdida inmensa, ¿cuántas formas diferentes hay de acoger lo que nos ha pasado? Tantas como personas en este mundo.

La fe y la esperanza, regalos inmensos

En aquel momento, la fe y la esperanza a mí me ayudaron. ¿Seria creyente Alicia? ¿Porqué nunca hemos hablado de ello? ¿Cambiaria esto su relación con Dios? ¿Lo que me ayudó a mi le puede ayudar a ella? ¿Puedo herirla sin querer según lo que le diga? ¿Hay que decir siempre algo en estas situaciones? Muchas preguntas me asaltaban, porque mucho me dolía también lo sucedido.

En el vídeo, madre e hija andan buscándose. La pequeña quiere estar a su lado. No sabe cómo. Lo intenta, no parece salir bien. Pero no pierde oportunidad, sigue intentándolo. Con paciencia, en silencio, con gestos, sin presión, con dulzura.

Ojalá, pensé, pueda acercarme a Alicia y encuentre en mi una amiga. Como hace 15 años Jesús se acercó a mí, me sostuvo, se hizo mi amigo y en silencio, con dulzura, sin presión acompañó mi duelo, meció mi corazón y curó mis heridas, dejó que el llanto limpiara mi mirada dejándome ver y sentir la esperanza ante el misterio, la esperanza de la Resurrección, la esperanza de la Vida Eterna.

 

life is great