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Cuando alguien como Joaquín Salvador Lavado parte al encuentro con el Padre, el mundo se conmueve. Quino, creador de la admirable Mafalda, nos ha dejado con sus tiras y caricaturas un legado invaluable.

Enseñó a toda una generación a pensar. A cuestionar todo lo que vemos mediante el desconcierto, las preguntas lógicas, las afirmaciones tajantes y un peculiar sentido del humor de una niña de seis años. Quino ha muerto, pero ahora dibuja en otras superficies, Mafalda se queda con nosotros.

Recuerdo las tardes de verano, echada sobre algún sillón de mi casa leyendo, riendo a carcajadas la mayor parte del tiempo, y minuto seguido el silencio de mis pensamientos movidos por alguna reflexión.


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A modo de homenaje a este gran dibujante que lo cuestionaba todo y se conmovía hondamente por los sucesos del mundo, hemos querido resaltar algunos puntos que su obra nos deja como legado. Un legado que conviene conservar y difundir.

1. Mirar el mundo con responsabilidad y criterio

Cada reflexión de esta pequeña niña, junto a una sonora carcajada, se fue metiendo en nuestro pensamiento de a poco. De pronto aquello que nos acababa de hacer reír con la fuerza del mundo, quedaba resonando como eco en el pensamiento, la realidad tomaba otro color.

Ya no era el mismo. Hay un lugar en el que vivimos, y vivimos con muchos otros. El mundo, el gran amor de Mafalda, un lugar por el que necesitamos hacernos responsables, cuidarlo, apuntar a cultivar una sociedad buena, bella, verdadera.

Qué grandes reflexiones han salido de esta pequeña niña. Me pregunto por qué Quino eligió a alguien tan «insignificante»para comunicar tanta grandeza. La comparación me sale natural: el conocimiento verdadero será revelado a los más pequeños.

2. La importancia de la familia

Mafalda no es una huérfana, tiene padre, madre, un hermanito y amigos también. Qué bien retrata Quino las herencias familiares de cada uno de esos personajes. Las impresiones que padre y madre han dejado sobre sus pequeños hijos.

Manolito, reflejado siendo la viva imagen de Don Manolo y sus almacenes. Libertad, tan pequeñita y tan revolucionaria como los pensamientos de sus padres, Susanita y su deseo de tener hijitos y pertenecer la alta sociedad como eran las aspiraciones de mamá.

La familia como primer ámbito de educación del ser humano es un concepto que Quino, tal vez sin intención, nos deja claro.

Mafalda y sus preguntas viven dando vueltas en cada uno de mis hijos, y de los tuyos también. Cuando era niña adoraba la facilidad con la que Mafalda podía dejar a sus padres sin respuesta.

Hoy que soy madre, me sorprendo con la capacidad de reflexión de los niños, y cómo los adultos podemos olvidar fácilmente esa sabiduría y esa capacidad de asombro que alguna vez tuvimos. Cuántas veces elegimos el silencio, en ocasiones evasivo, de un cuestionamiento serio por parte de los más pequeños.

Esta pequeñita sabe de lo difícil que resulta a veces ser padre, lo recuerda en sus sueños, los mira de cerca y agradece todo lo que por ella y Guille hacen. Mafalda nos recuerda a los que ya somos padres, que los hijos siempre miran.

3. Los grandes amigos

La pandilla de Mafalda es tan variopinta. Miguelito, Felipe, Susanita, Libertad, Guille, Manolito, todos tan únicos, con pensamientos a veces diametralmente distintos, pero siempre juntos y queriéndose hasta el cielo.

Sin temor, comparten sus pensamientos, sus creencias, conviviendo cándidamente la alegría de una amistad que no implica ser copia el uno del otro, ni pensar todos lo mismo, es una amistad que se enriquece justo en sus diferencias.

4. El humor como remedio y esperanza

Reírnos de nuestras miserias creo que es el regalo más grande que Quino nos ha dejado con Mafalda. Una risa que habla no de burla, sino de aceptación y reflexión.

Una risa que es producto de haberte dado cuenta de la serie de incongruencias que el ser humano vive, incongruencias que nacen de su propia naturaleza tocada por la herida.

Reírnos con Mafalda nos ha hecho «ver», darnos cuenta. Y con eso una ventana de lo posible se ha abierto. A través de esas risas hemos podido entender que algo se puede hacer, que algo se necesita hacer.

Mirar al mundo después de una carcajada es casi un acto de ternura, de amor y que implica la posibilidad de un cuidado y un trabajo por volverlo mejor.

Lee a Mafalda, disfruta con su ironía, con su pequeñez, con la inocencia de Felipe, con la rebeldía de Libertad, con las ganas de tener muchos hijitos de Susanita, con la «z» de Guille, los ataques de impulsividad de Miguelito y esos padres que la luchan día a día por cada uno de estos niños.

Gracias Quino por enseñarnos a ver el mundo de una manera distinta y a usar el humor para tratar de arreglarlo. Hasta pronto, hasta siempre. ¡Dios te reciba en su gloria!

Quino, 4 lecciones de vida que nos dejó Quino a través de Mafalda