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Como en tantas otras ocasiones, la serie «Aprendiendo juntos» del BBVA nos presenta un personaje con la cualidad de ser un auténtico maestro. Se trata de Benjamin Zander, director de orquesta.

Su particularidad está en que concibe su profesión de artista como una vocación a la enseñanza y considera que ser maestro es una profesión noble y sagrada que radica esencialmente en dedicarse a potenciar todo lo que el otro puede ser capaz de lograr.

La mirada de Zander es magnánima, pues encuentra el sentido último de una profesión en su dimensión de servicio, es decir, en su potencialidad de convertir a alguien en un ser para los demás y, de este modo, que todos los conocimientos y capacidades personales sirvan para hacer mejor la vida del prójimo.

En ese sentido afirma que es importante la dimensión informativa de la enseñanza, pero es más importante y necesario el ayudar a que la otra persona saque lo mejor de sí.

El maestro se hace una pregunta magnífica, que podríamos hacernos todos en nuestra relación con las personas que nos rodean:  ¿Quién estoy siendo para mis alumnos si no están alegres? Si entendemos la alegría como un estado de paz y realización auténtica, nosotros podríamos preguntarnos si es que con nuestro paso por la vida y en nuestros encuentros con otros, inspiramos y motivamos a vivir la vida con sentido.

La importancia de la alegría y la motivación

Zander es un convencido, tras años de experiencia, de que si alguien está alegre y motivado es más capaz de dar lo mejor de sí. En cambio, así como nos pasa tantas veces en la vida, puede que los golpes y las dificultades nos desanimen y nos hagan vivir sin ánimos ni ideales.

En el mundo de la música, Zander confiesa haber sido testigo de gente escéptica. Y los entiende como personas que fueron apasionadas, pero que no quieren que las decepcionen otra vez. Personas que fueron atraídas por nobles y grandes ideales, pero diversas experiencias negativas las endurecen y los desencantan de la vida.

Es por eso que el concepto que tiene este maestro de lo que debería ser un líder, aquella persona con un poder enorme para inspirar, animar y conectar a los demás o, por el contrario, para destruir y desanimar, es fundamental promoverlo hoy. En un mundo a veces decepcionado y cansado ante el mal, es necesario tener líderes que sean modelos que inspiren a volver a creer en ideales altos y positivos.

Transmitiendo armonía

Es importante que, así como en una sinfonía todos los instrumentos suenan juntos para lograr una belleza y armonía conmovedoras, nosotros podamos sonar juntos como familia, equipo de trabajo y sociedad.

Cada uno es como un instrumento único e irrepetible con características especiales y por lo tanto todos somos importantes. Como señala Zander, hay personas con más dificultades que otras y son precisamente ellas quienes merecen más amor, más energía y más atención.

Tremenda lección que nos deja este maestro para poder buscar personas que nos inspiren y también esforzarnos por motivar a los demás a vivir dando lo mejor de sí.

El llamado a superar los conflictos generando conversaciones que integren y nos abran a nuevas posibilidades, atrayendo a otros hacia el diálogo por hacer todo mejor, se nos hace más llevadero si contamos con un Dios que se hizo nuestro maestro por excelencia y nos invita a compartir su luz con los demás.


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