
Todo lo que ha tocado nuestro corazón deja una huella en nosotros. Lo que vivimos, decidimos y sentimos es un reflejo de lo que en algún momento recibimos en nuestra vida. Y eso que vivimos de adultos son las bases de aquello que se sembró cuando apenas éramos niños. ¿Qué tiene que ver con esto la manera en que encaramos (o nos dividimos) las labores domésticas?
Te comparto un video genial, porque nos ayuda a pensar mucho más lejos de lo que es «dividir» las labores domésticas.
No sabemos lo que se ha sembrado en nuestro corazón, pero sí vemos sus frutos
En el video se observa al padre en la casa de su hija, quien ya es adulta, está casada y tiene hijos. El padre observa la dinámica de su hija con su familia, donde ella lleva a cabo múltiples tareas simultáneas y lo hace sola, pues su marido se dedica más a su trabajo.
El padre reflexiona sobre lo que observa y dice: «Estoy muy orgulloso y te pido perdón. Perdón porque tengas que hacer todo tú sola. Perdón por no pararte cuando jugabas a las casitas. Nunca te dije que no era solo tu trabajo, sino también el de tu marido».
Es interesante porque, en este punto del video, todos podríamos reflexionar sobre cuáles son las dinámicas que tal vez tenemos interiorizadas en nuestra vida y que no son las más adecuadas.
Sin embargo, lo realmente importante no es solo observar lo que nos enseñaron, sino saber que podemos (y necesitamos) transformar aquellas cosas que hemos aprendido de nuestros modelos y vivencias familiares que quizá no nos benefician.
No estamos determinados a seguir un modelo o un rol específico en nuestra vida. Cuando vemos un fruto que no nos hace bien, debemos detenernos y preguntarnos si estamos viviendo un modelo sano en nuestra familia o si nos están influyendo en exceso los modelos familiares previos.
Aprender a evaluar los frutos y reconocer los errores propios
Si observamos sinceramente nuestras dinámicas personales en el hogar que hemos conformado, podemos darnos cuenta de que no siempre hemos actuado de la mejor manera.
El problema es que, muchas veces, nos acomodamos a malas dinámicas y las normalizamos en nuestra historia sin evaluar sinceramente los frutos que estas producen.
En el video, el padre reflexiona sobre la dinámica familiar de su hija con su esposo e hijos. Es ahí donde quizá evalúa los frutos de la crianza que le dio a su hija y cómo esto impacta en su vida matrimonial.
Cuando no cultivamos nuestra vida interior, dejamos de cuestionar los frutos de nuestra vida, las distorsiones en nuestra conciencia y, como consecuencia, replicamos inconscientemente modelos dañinos.
San Pablo, en su carta a los Tesalonicenses, nos ofrece una clave importante para el discernimiento: «Examinadlo todo; retened lo bueno» (1 Tes 5: 21-23).
Conmueve ver cómo el padre, a pesar de ser un hombre de edad avanzada, decide enmendar lo vivido: «Haré un esfuerzo conscientemente para ayudar a tu madre en las tareas del hogar».
Mientras estemos vivos, nunca debemos darnos por vencidos en el camino hacia la santidad. En Dios siempre encontramos una segunda oportunidad para reparar el camino recorrido.
Dividir las labores domésticas no es equidad, pero sí trabajo en equipo
Muchas veces creemos que «hacer bien» las labores domésticasa o en nuestra relación significa realizar las mismas tareas que nuestra pareja o ser igual de eficientes en todo.
Sin embargo, el padre reflexiona en el video sobre qué significa realmente el trabajo en equipo: «Probablemente, no seré el rey de la cocina, pero al menos puedo ayudar con la colada».
Una buena dinámica no se trata siempre de dividir todo 50/50, sino de tener la capacidad de afrontar juntos las situaciones y aportar lo mejor de cada uno. Hay una frase famosa que dice: «Si caminas solo llegarás más rápido; si caminas acompañado, llegarás más lejos».
Esta es una excelente descripción del trabajo en equipo en el matrimonio: no se trata de hacerlo todo en menos tiempo, sino de construir una realidad sólida que permita perseverar juntos a lo largo del tiempo.
Aprender a ser un equipo de trabajo crea un espacio ideal para que ambos desplieguen sus dones y talentos al servicio de la vida familiar.
Algunas ideas para evaluar cómo ayudarnos en las labores domésticas, en el día a día
Desde el principio, Dios consideró que la mujer era una ayuda idónea para el hombre. Por eso, es fundamental recordar que lo que cada uno es, en su esencia, es idóneo para servir al otro. Los esposos están llamados a una entrega mutua constante.
Es importante identificar las tareas que conforman la vida familiar y discernir cómo cada uno puede apoyar al otro en ellas. A veces será mejor compartir las tareas, mientras que otras veces uno de los dos podrá dedicarse más a alguna tarea específica.
Otro punto clave es promoverse mutuamente en lo que se hace bien y corregirse con amor en lo que no se desarrolla adecuadamente. A menudo criticamos un error sin valorar los logros.
¿No sería más edificante reconocer lo que se ha hecho bien y corregir con amor lo que falta? Es esencial ser prudentes y discernir si nuestras correcciones construyen o, por el contrario, dividen.
Por último, evitar la distorsión del 50/50 es fundamental. Dividir todo a la mitad en el matrimonio puede, en el fondo, dividir el matrimonio mismo.
Este nunca debe dividirse. Los esposos deben caminar juntos, enfrentando retos, apoyándose mutuamente y discerniendo cómo avanzar como un solo equipo.
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Para mi el 50 y 50 significó «tu eres mi otra mitad y yo la tuya». Somos complemento, iguales en dignidad, derechos y deberes. Lo que me falta, lo tienes y lo que me falta lo tienes tu. No es división es unión. El 50 más el otro 50 hacen una unidad y esa unidad lo es todo. Para ello, comunicación, empatia y comprensión. No es fácil… es un camino por recorrer, un camino juntos donde te caes y yo te levanto y cuando tu te caes, te levanto yo. Si nos caemos juntos lo reconocemos y nos apoyamos uno al otro para levantarnos. Es una aventura que tendrá desventuras, pero juntos se superan. Para ello mucho amor y voluntad de alimentar ese amor día a día. Difícil para el ser humano, más no para Dios por eso hay que caminar con El. Testimonio de 40 años de matrimonio.