la visitación

«¿De dónde a mí tanto bien, que venga la madre de mi Señor a visitarme?» (Lucas 1, 43) dijo santa Isabel a la Virgen María, en la escena que conocemos como la Visitación. ¿Te imaginas que fueras tú quien dijera esas palabras? ¡Qué dicha tan grande!

Qué alegría que nuestra Señora visite nuestra casa, como le pasó a santa Isabel. Una visita inesperada, pero llena de optimismo, de esperanza y, sobre todo, de amor.

La Visitación de Santa María

El 31 de mayo conmemoramos la Visitación de la Virgen María a su prima Santa Isabel. Con pequeños actos de amor — como es costumbre de la Virgen María —, nos muestra el valor de la virtud de la lealtad, el acompañamiento y el servicio.

Ella, a pesar de estar encinta, se marcha de prisa a ayudar a su prima Santa Isabel durante su embarazo y se pone a su entera disposición en lo que necesite.

¿Cuántas veces le hemos agradecido a alguien que nos llega a visitar o que llega a ayudarnos en los momentos más difíciles? Esas personas que están a nuestro lado y no se olvidan de nosotros valen oro. Una visita inesperada, pero llena de alegría y de paz puede inundar una casa de luz, esperanza y amor.

Poder ver a alguna amistad o algún familiar nuevamente provoca alegría a nuestro corazón. Imagínate la alegría que puede causar visitar a una persona quien, por razones de la vida, no tiene a nadie que lo pueda visitar o que le brinde una palabra, un gesto de amor.

Tal vez te estás preguntando, al igual que yo, «entonces, ¿a quién, la Virgen María me convoca a visitar?». Por aquí te dejo algunas ideas y quizás te animes a servir en acompañamiento, tal como lo hizo Ella.

Imita la Visitación de la Virgen, acompañando a los enfermos

la visitación

Entre las obras de misericordia corporales, la primera invita a visitar y cuidar a los enfermos, poder mirar a los demás con los ojos de Cristo. Sabemos que la enfermedad llega cuando uno menos se lo espera, puede empezar con un pequeño dolor de cabeza o con un extraño dolor en la espalda, a veces son inexplicables y la mayoría del tiempo lo dejamos para después, sin imaginarnos que se pueda agravar.

Ya que estar padeciendo una enfermedad es empezar un camino difícil, no solo para uno sino también para la familia, pues algunas veces hay esperanzas de sanación y otras veces solo esperamos la voluntad de Nuestro Señor.

Poder acompañar a alguien en su dolor, físico o emocional, no tiene precio, es uno de los actos más grandes de amor y solidaridad. Estar con quien sufre es estar con Cristo mismo, pues nos unimos a su pasión. La Virgen María hoy te invita a que, así como ella que acompañó a su hijo en su dolor, su pasión y su muerte, tú también puedas acompañar y brindar palabras de amor a quien lo esté necesitando ahora más que nunca en su dolor.

¿Y si haces una visita a los ancianos que están más solos?

«¡La visita a los ancianos es una obra de misericordia de nuestro tiempo!» (Papa Francisco). Nuestros abuelos o nuestros padres han sido las personas que nos han guiado en el camino de la vida, nos han enseñado a vivir y a poder caminar con amor en el corazón y esperanza en la vida.

Son el honor de nuestra civilización, los ancianos son quienes han abierto las puertas y, muchas veces, algunos hijos se olvidan de eso, dejándolos en residencias, donde la mayoría del tiempo se quedan solos o a veces dejándolos en casa donde, sin querer, también viven en una soledad sin visitas de su propia familia.

Hoy la Santísima Virgen nos invita a visitar a los ancianos que están más solos, ya sea en sus casas o en las residencias, pues mediante ellos nos podemos acercar a Jesús y tener la oportunidad de cuidarlo a través de los que se encuentran y se sienten solos.

Y, lo más importante, como expresó el Papa Francisco: «¡Hagamos que nadie viva en soledad!»

Visitar a los presos

Para un cristiano, visitar a un preso es un acto de caridad que también está lleno de misericordia. Ser misericordioso es más que tener un sentido de empatía, pues exige una entrega del corazón, el poder compadecerse de las miserias ajenas, por eso se puede decir que las obras de misericordia son las manos de la caridad.

Nuestra madre nos invita a poder compadecernos de todos ellos, que se encuentran encarcelados, que son rechazados por la sociedad, que llegan a padecer frío, hambre, soledad y tristeza.

Debemos recordar que en las Sagradas Escrituras nos dice: «Acuérdense de los que están presos, como si ustedes mismos estuvieran también con ellos en la cárcel. Piensen en los que son maltratados, pues también ustedes tienen un cuerpo que puede sufrir». (Carta a los Hebreos, 13,3).

Cristo, en este mundo, padece dolor, soledad y tristeza por medio de todas las personas que están pasando por un momento difícil o una etapa complicada en la vida, como dijo Él mismo: «Cada vez que lo hiciste con uno de estos, conmigo lo hicisteis» (Mt. 25, 40).

No podemos simplemente ignorar y hacernos ciegos ante el sufrimiento de todos nuestros hermanos, apartar nuestro pensamiento de esta realidad es alejarnos de la mirada de Jesucristo escondido en ellos.

Hoy más que nunca debemos escuchar y dejarnos guiar por Nuestra Madre para que nos enseñe a ser serviciales, leales y compasivos con quienes más sufren y necesitan de nuestra compañía en estos momentos. Así que cuéntanos, ¿a ti, a quién te convoca a visitar la Virgen María el día de hoy, de la Visitación?