El video que verán a continuación se trata de la campaña de navidad de «Campofrío Food Group», una multinacional de alimentación nacida en España y que para este 2020 quiere rendir homenaje a los que han fallecido por COVID-19.

El lema utilizado para este comercial es D.E.F («Disfrute En Vida») apelando que ante la posibilidad que llegue la muerte, se deben valorar y disfrutar los momentos que tenemos en la vida.

Con tono bromista para tratar este tema y restarle la carga dramática que tiene la muerte, este comercial —sin pretender necesariamente una reflexión profunda— nos ofrece pistas que nos dan oportunidad para pensar sobre la realidad de la muerte.

Quiero proponerles algunas que hace un tiempo he pensado y que me han dado muchas luces para afrontar esta realidad. ¡Pero primero, vean el video completo!

Vivimos como si la muerte no existiera

Ciertamente esta es una de las actitudes que podemos tener cuando gozamos de salud, cuando estamos jóvenes, cuando tenemos la capacidad para «manejar» nuestra vida.

Nos olvidamos de lo más cierto que tenemos: la posibilidad de morir. Todos sabemos nuestra fecha de nacimiento, pero ninguno puede saber en qué momento llegará la muerte, ni la suya, ni la de las personas que más quiere. Así nos dice Jesús en el Evangelio, nos llama a estar vigilantes pues «no sabéis ni el día ni la hora» (Mt 25,13).

Como pasa en el comercial, seguimos nuestra vida, ignorando y evadiendo a la muerte, así más fácil, ¿verdad?, ¿quién va a querer pensar en esto tan terrible? Caricaturizan así con la imagen de la muerte espeluznante, terrorífica, fea. Y es verdad que cuando nos aproximamos desde una connotación simplemente negativa, lo que va a brotar es miedo.

¿Por qué ni siquiera nos atrevemos a nombrarla?

Una de las manifestaciones de que la evadimos es por ejemplo que no somos capaces ni de nombrarla. Le ponemos apelativos para referirnos a ella (se fue, descansó, se fue de viaje, partió), buscamos menguar lo difícil que es mencionar la palabra «muerte» o «murió».

He visto que pasa mucho por ejemplo, en el ámbito de la atención a los enfermos en las etapas finales. Hay mucho temor entre los familiares de que se hable con el enfermo sobre la muerte o de decirle que la enfermedad no tiene cura.

Temen que comprender esta realidad pueda llevarlos a un mayor sufrimiento, tristeza, depresión, y más bien he percibido que pasa lo contrario. Si bien hay dolor al confrontar esta situación, es una experiencia liberadora, da la oportunidad para prepararse y disponerse para llegar al momento final con una sensación de paz y libertad interior.

¿Quién no quisiera anticiparse al momento que llegue la muerte y no que la tome por sorpresa? Creo que es una gracia que podamos caminar «ligeros de equipaje» en la recta final del camino e incluso con esperanza.

Duele decir adiós

En general los seres humanos no queremos morir, lo más propio de la persona es querer permanecer en la vida y por eso quienes optan por acelerar el proceso de morir muestran que algo no anda bien con ellos (eutanasia, suicidio, etc.).

Si bien hay personas que expresan en momentos de mucho dolor y por ejemplo enfermedad que ya desean «descansar», es decir, morir, lo que están diciendo entre líneas es que no desean seguir sufriendo, que es uno de los mayores temores del ser humano.

No quiere decir entonces que, buscar la muerte más rápido sea la única salida (es lo que piensan quienes promueven la eutanasia), porque aquí la muerte precipitada sí que tiene una connotación negativa por todos los efectos secundarios y consecuencias nefastas que deja.

Una de las mayores dificultades para aceptar la muerte es como dicen el comercial «porque duele decir adiós». Nos duele separarnos de nuestros seres queridos, de lo que amamos.

Se podría aceptar más fácil cuando se piensa en la muerte no como el fin, sino como un paso a una vida mejor. ¿No es acaso lo que todos anhelamos, vivir para siempre, sin dolor, sufrimiento y plenos en gozo y disfrute? Esto significa que lo que en el fondo anhelamos es el cielo, el que nos ofrece Cristo.

Vivir plenamente, pero con la mirada puesta en Dios

Una de las frases que menciona el personaje que encarna la muerte es: «¿Quién los hace vivir como si fuera el último día de sus vidas?».

Tomar consciencia de que la muerte es real permite valorar la oportunidad de vivir, sin embargo también hay un acento en que lo importante es vivir como se ha querido, disfrutar la vida, y en cierta medida el comercial tienen razón.

Pero puede darle cabida a una vida desde la visión «comamos y bebamos que mañana moriremos». Vivir sin pensar tanto en las consecuencias, sin tomarle el peso a las opciones de vida, sin ejercer adecuadamente el don de la libertad.

Recordemos que en la vida la medida no es solo disfrutar desde una óptica egocéntrica, sino más bien desde el amor, desde el donarme, que es lo que da sentido a la vida. Como nos ha enseñado el Señor Jesús y los santos: el amor es lo que da sentido a la existencia.

Y «vivir plenamente» es el camino, pero no necesariamente el que sea pleno es sin una libertad bien ejercida, es más bien plena en el amor, pues «¿de qué le vale al hombre ganar el mundo entero si pierde el alma?» (Mt 16,26).

El ejercicio de pensar en la propia muerte

Hay un ejercicio espiritual muy importante que en la tradición de la fe cristiana se ha promovido pero que en el tiempo actual quizá no se valora tanto por las concepciones distorsionadas que tenemos de la muerte, dada nuestra cultura superficial, relativista y hedonista.

Se trata de el ejercicio de pensar en la propia muerte. No en un sentido fatalista ni pesimista, sino en ponerse en la situación de la posibilidad de morir, de la contingencia y fragilidad de la vida humana.

Definitivamente este ejercicio puede ayudar a tomar consciencia de cómo vivimos, de cómo esta enfocada nuestra existencia, de cómo podemos mejorar, caminar más en la virtud, volver la mirada a lo esencial. Como dice el Salmo 90, 12 «Enséñanos a contar nuestros días y llegaremos a la sabiduría del corazón».

El don de tener presente a la muerte

Para algunas personas quizá este tiempo de pandemia puede estar teniendo este efecto. Pensar que la muerte es real, que pudo haber estado cerca, o que de hecho estuvo en nuestro hogar.

Que ha tenido que ver con personas conocidas o que incluso pude haber tenido el riesgo de haber muerto en medio de la enfermedad. Esta experiencia puede que nos haya ayudado a valorar aspectos esenciales de la existencia, como cuestionarnos si es que estamos viviendo como estamos llamados a vivir.

En este sentido Monseñor Raniero Cantalamessa, predicador de la casa pontificia recientemente en un mensaje que les dio por Adviento al papa y los obispos menciona:

«Mirar la vida desde el punto de vista de la muerte, otorga una ayuda extraordinaria para vivir bien. ¿Estás angustiado por problemas y dificultades? Adelántate, colócate en el punto correcto: mira estas cosas desde el lecho de muerte.

¿Cómo te gustaría haber actuado? ¿Qué importancia darías a estas cosas? ¡Hazlo así y te salvarás! ¿Tienes una discrepancia con alguien? Mira la cosa desde el lecho de muerte. ¿Qué te gustaría haber hecho entonces: haber ganado o haberte humillado? ¿Haber prevalecido o haber perdonado?».

Recordemos que para quienes creemos en Cristo, la muerte no es el fin ni tiene la última palabra. Aunque es una situación dolorosa, no nos cierra la puerta a que podamos mirar con esperanza el camino hacia la resurrección a una vida eterna. ¡Ánimo!