
Pocos temas nos revuelven tanto las entrañas como la infidelidad. Esta semana, un conocido influencer mexicano, Emilio Antún, se grabó admitiendo haberle sido infiel a su novia.
Fue un video pensado, editado y lanzado. Las reacciones en redes han sido una explosión tan diversa como la sociedad misma: memes, opiniones psicológicas, filosóficas, chismes y críticas.
Y ¿nosotros?, pensarás que nos subimos a la ola de este viral, y aunque en la práctica es inevitable no hacerlo, la publicación de este artículo responde a otro fin que, espero, podamos alcanzar en unas cuantas líneas.
¿Por qué nos duele tanto cuando cae un «maestro de vida»?
Tener un ideal, alguien a quien imitar o hacia dónde apuntar, es algo muy natural en el ser humano. Somos hijos que necesitamos esa figura del padre hacia donde crecer; miramos e imitamos en la práctica o deseamos en el interior ser como aquel. Cuando el ídolo falla, se nos cae el mundo.
Y podemos reaccionar de las distintas maneras en que sabemos hacerlo: con burla, con ironía, con crítica o con análisis. Reaccionaremos de la manera en la que hemos aprendido a lidiar con el dolor que las incongruencias provocan. La infidelidad toca esa fibra que solo los que la han vivido —ya sea porque la han cometido o porque la han sufrido— saben cómo duele.
¿Por qué nos duele tanto Emilio? ¿Lo conocemos acaso? Sus seguidores hemos hecho de él una imagen idealizada y nos apegamos a lo que de él esperábamos, deseábamos y, además, queríamos ser o encontrar. La realidad nos estrella contra la pérdida de un ideal, algo que nunca existió. Y eso duele y mueve.
La infidelidad, la hoguera digital y la letra escarlata
Ahora nuestro ídolo caído, lejos de los aplausos y vítores que alguna vez lo acompañaron, lleva una «letra escarlata en el pecho». Con justicia. El dolor causado es enorme, no solo en sus seguidores, sino sobre todo en aquellos que lo amaban y confiaban en él, y que no llegan a entender cómo fue que pasó esto.
En los que ahora dudan de la propia historia, en los que se quedaron sin piso y ahora necesitan reconstruir luego de la tempestad. La reacción del resto olvida ese dolor.
Nos miramos el ombligo y no miramos nuestra alma y, sin reflexión alguna, tiramos la primera piedra. No es la primera vez que alguien luce la letra escarlata frente a una multitud con piedras en la mano.
Hay dolor también en el que falla
Hoy a multitud grita sobre la infidelidad de Emilio Antún… mientras Jesús, sin levantar la vista, escribe en la arena. No solo nos hemos olvidado del dolor de aquellos a quienes la vida les arrebató un sueño; nos hemos olvidado del dolor de la culpa de aquel que comete un grave error, un error que a él también le ha arrebatado sueños, imagen y credibilidad.
La infidelidad afecta a todo un sistema, a uno y al otro, de distinta manera. Y nosotros somos parte de ese sistema que también está afectado por un ideal erróneamente construido; reaccionamos desde donde se puede.
¿Cuáles son esas piedras que tenemos en la mano? Qué nos duele y qué nos remueve tanto de este caso. ¿Será la ilusión de querer tener la seguridad de que el amor todo lo puede?, ¿de que verdaderamente existe? Si alguien como Emilio puede caer, ¿qué me espera a mí que soy un «simple mortal»?
¿A quién hemos puesto como ideal? A veces nos mareamos en los espejismos de este mundo, de la fantasía que ofrecen las redes. Construimos ideales e historias completas sobre cimientos de barro. ¿Qué pasa cuando el que falla eres tú, o soy yo?
Qué difícil es la misericordia; tal vez lo sea porque es un campo divino que necesitamos aprender a habitar. Antes de cerrar esta pestaña y seguir con el scrolling del día, date un momento y pregúntate: ¿Qué piedras tienes tú en la mano hoy?
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parece un artículo más de justificación que de amonestación sobre la conducta, sea o no de un influencer. El demonio está ahí y no debemos ponerlo en el closet.
Gracias por tomarte el tiempo de leer el artículo. El mismo no busca justificar ni amonestar, sino interpelar al lector sobre su propia reacción. Ese es su único propósito.