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Cuando miré este mini documental, me di cuenta de que esto es lo que quiere Dios para cada uno de nosotros. Quiere que seamos libres y auténticos, que lo amemos como mejor podamos, sin cambiar nuestra esencia. Porque cada uno de nosotros tiene una historia única y especial, que tiene su propio significado y que siempre será nuestro camino para llegar a Dios (si así lo queremos libremente).

En estos últimos meses, me he estado adentrando un poco más en la Teología del Cuerpo y la historia de Kati y Pancho, me ha resonado mucho en ese sentido. De alguna manera encarnan este enfoque de la teología de una manera muy concreta y sobretodo con una frescura especial.  

Realmente, no quisiera contarte mucho de la historia, porque definitivamente vale la pena verla. Pero sí quiero rescatar algunos destellos de ese amor tan grande que transmiten sus protagonistas, intentando hacerlo a la luz de lo que he venido aprendiendo en este tiempo.


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1. Tres experiencias que todos vivimos

En Teología del Cuerpo, Juan Pablo II hablaba del tríptico antropológico para referirse a tres experiencias originarias que todo hombre (varón y mujer) ha vivido desde «el principio» de los tiempos. 

— La primera de ellas es la soledad originaria: una soledad que no significa estar aislado, sino que es un momento de introspección y autoconocimiento, un encuentro cara a cara con uno mismo. Esta experiencia la sintió Adán cuando se dio cuenta de que todas las demás criaturas eran distintas a él y se sintió solo.

Y esta misma soledad la sintió Pancho, cuando trataba de encontrar la verdad, cuando seguía sus instintos y trataba de construir su vida en distintos lugares con base a las señales que le guiaban. 

—La segunda es la experiencia de unidad originaria: que siguiendo con el ejemplo de Adán, la sintió cuando conoció a Eva, porque desde ahí todo sería compartido con ella. Esa misma experiencia la vivieron Kati y Pancho cuando se dieron cuenta de que eran el uno para el otro, cuando descubrieron que todo tenía sentido al donarse completamente.

Y esta experiencia la vivimos todos, no solo con una pareja, sino cuando salimos al encuentro de los demás, de nuestra familia y amigos. Es en esta experiencia de unidad y comunión con las otras personas, cuando la primera experiencia de soledad toma sentido.

—Y por último, la experiencia de desnudez originaria: en la historia de la Salvación, esta experiencia corresponde al momento de la caída, del pecado, pero lo más importante es que no se queda ahí, sino que culmina con la redención.

Creo que para muchos de nosotros, los momentos de fragilidad y vulnerabilidad absoluta son aquellos de los que salimos más fortalecidos y cuando abrimos nuestro corazón para dejarnos amar por Dios. 

En la historia de Kati, su experiencia de desnudez se manifiesta cuando empieza a llevar una vida muy desordenada, con relaciones sin sentido y vicios. Pero cuando «toca fondo» y se da cuenta de que necesita algo más, aparece Pancho y un tiempo después, ella encuentra a Dios y su vida poco a poco tiene más sentido.

Eso también le sucede a Pancho, quien se siente perdido por mucho tiempo y no encuentra respuestas. Pero finalmente cuando empieza su relación con Kati y sale renovado de un retiro, empieza a sentirse más cerca de la verdad y con muchas ganas de hacer bien las cosas. Así, toman juntos la difícil decisión de esperar hasta el matrimonio y su vida es cada vez más plena.  

2. Nuestra historia personal

El contexto en el que nacemos, el año, el tiempo y las circunstancias no son casualidad. Tu historia y la mía son únicas, tú y yo tenemos una misión concreta y un camino que vamos construyendo de la mano de Dios, si nos abrimos a ello. 

Kathy y Pancho son fieles creyentes de esa forma de pensar y en su relato se ve claramente cómo sus caminos personales, que han tenido muchas subidas y bajadas, poco a poco se han ido acomodando hasta llegar a Dios, encontrar su vocación y sentir una «paz que no han encontrado en otro lugar». 

Llegar a este punto de sus vidas, ha implicado todo un proceso de conocimiento interior, de tomar acciones concretas como ir a un retiro o cambiar sus planes iniciales por un plan mucho mayor, como era el matrimonio para ellos.

Claro que no son santos ni mucho menos, pero como dice Kati, se sienten aliviados porque no importa lo que pueda suceder en sus vidas de ahora en adelante, tienen a Dios y eso les basta.        

3. Una vida matrimonial apasionante 

Para Kati y Pancho, su matrimonio es una vocación maravillosa y su relación con Dios es una de sus pasiones en la vida. Para ellos, no es una parte aislada o un encuentro ocasional, sino una relación que disfrutan todo el tiempo y está integrada en la cotidianidad de su vida matrimonial. 

Esta amistad profunda con Dios es su motor para una relación más bonita entre sí y a su vez, con la gente que los rodea. El amor y la libertad que reflejan son el alma de una relación filial amorosa, que a su vez repercute en la relación esponsal que tienen.   

Además, esta historia me toca personalmente, porque aunque pude haber sentido en algún momento que era casi imposible encontrar a una persona para construir un proyecto de vida juntos, con paciencia y fe descubrí que Dios tenía pensado un plan mil veces mejor que el mío.

Y así como Kati y Pancho, soy testigo de que el amor matrimonial es tan especial porque tiene que ser nuestro camino de santidad, que uno sabe exactamente cuándo llega y siente esa paz en el corazón que solo puede venir de Dios. 

Te recomiendo que vayas a mirar toda la serie de videos producidos por nuestros amigos de Infinito +1 que llevan el nombre de «Contagiosos». ¡Ya verás que a ti también te roban el corazón y te contagian las ganas de vivir una fe profunda, amando cada vez más al Señor!

Katy y Pancho: una historia de conversión y amor