
Dicen que hoy vende la nostalgia. Que varias empresas se han dado cuenta de que los conciertos de bandas de los noventa, lanzar secuelas de series o películas de inicios de los dos mil, regrabar tus canciones de cuando iniciaste o publicar tus fotos antiguas en redes sociales está siendo tendencia.
«Siempre ha sido así», diría cada generación. Pero ahora hay algo diferente. Algunos artistas no solo lo están haciendo para conectar con su audiencia, sino para conectar con su pasado, con su historia y reconciliarse con ella.
Yo soy una persona que evita lo mainstream, lo pop, porque creo que ahí solo está lo que vende a costa de nuestros valores, lo poco consciente. Pero estos dos artistas, Justin Bieber y Miley Cyrus, me han hecho cambiar de opinión.
Hace unos días, después de casi diez años, volví a mi universidad para hacer un trámite y sentí viajar al tiempo cuando estudiaba allí, pero ya con mi mirada actual. Quizá más madura o simplemente más experimentada.
Fueron tres días de trámites largos. El último día, volviendo a casa, un poco cansada y con muchas emociones y memorias removidas, me senté a ver el especial por el vigésimo aniversario de Hannah Montana.
Miley Cyrus, la protagonista, comparte que aprendió a integrar ese personaje de sus primeros años de vida a su historia. Ya no a rechazarlo ni despreciarlo como una etapa inmadura.
Su cabello y su ropa son como una mezcla entre esa niña que era y la mujer que es ahora. Con sus tatuajes pero su sonrisa de niña; con su ropa de diseñador pero con prendas que su mamá le compraba cuando iniciaba y no había presupuesto.
Canta las canciones de niña pero con su voz de adulta. También invita a personas con las que grabó ese show, como sus padres, su hermana, sus amigas y algunos exnovios, con quienes tuvo conflictos que llegaron a hacerse públicos.
Al final, lloré como si todo eso hubiera hablado de mí cuando ella interpreta una nueva canción llamada «Younger you» («Joven tú»), que le canta su versión niña a su versión adulta:
Hey, tú… soy tu joven tú,
antes de dormir ¿todavía rezas,
o solo te preocupas?
Hey, tú… soy tu joven tú?
Ya sé que estás ocupada con tu trabajo,
pero no olvides llamar a tu mamá, y también a tu papá,
pues te dice que está bien,
pero estás siempre en su mente.
El regreso de Justin Bieber en Coachella: celebrar todo lo que «es»
Un efecto similar ha tenido el show de Coachella de Justin Bieber en sus fans, y me lo explicaron unas amigas —porque yo no era fan—.
Después de cuatro años sin dar conciertos, confesando atravesar depresión y peleas con miembros de la industria por abusos… Después de convertirse al cristianismo, de casarse, de ser padre y recibir un diagnóstico de una enfermedad rara… por fin da este concierto masivo.
Sin embargo, lo hace sin bailarines ni efectos especiales: solo él, algunos músicos y su computadora. Muchos hablaron de un desperdicio de show: «¿Cómo tiene tanto dinero y decide ponerle al público canciones en YouTube y cantarlas?».
Pero quienes se han identificado con él han encontrado algo más significativo.
Más allá de un megaespectáculo de Justin Bieber en Coachella: reconciliación y sanación
Justin no quería un concierto más con mucho escándalo, sino sentirse cercano a su público honrando y abrazando todas sus facetas: la de niño, la del adolescente rebelde, la de famoso, la de cristiano, la de esposo y papá, y la de ahora.
«Hemos crecido juntos», dice Justin mientras miles de jóvenes adultos gritan. Y empieza a cantar junto con ellos canciones de cuando tenía apenas diez o catorce años.
En una de sus últimas entrevistas, Justin confesó que se había aislado y rechazado volver a producir música porque había sufrido mucho a causa de la fama.
Pero que, desde que conoció a Dios, entendió que esos dones lo ayudaban a sanar. Y que, seguramente, eran para sanar a otros que estaban atravesando el dolor. Así volvió a componer y cantar su canción «Hallelujah»:
«¿Recuerdas cuando estaba varado, solo,
sintiéndome lanzado a la suerte?Ahora miramos hacia atrás con lágrimas en los ojos,
cantando Hallelujah, bebé.
Quisiera poder entrar a tu mente,y sacar todo el dolor.
Intento escribir esta canción,
pero mis palabras no lo logran,
solo puedo decir “Hallelujah” bebé.Mamá y papá, hallelujah
Hailey, amor, hallelujah
Bebé Jack, hallelujah
Nuevo día, hallelujah
Me lavo los dientes, hallelujah
Todo, hallelujah»
Mirar la historia desde la misericordia
El arte puede ayudarnos a sanar, sin duda, al mirar nuestra historia desde la misericordia. Ambos artistas se dejaron ver como son. Con un pasado, con sus errores, sus caídas, sus debilidades y su reputación quebrantada. Retomando su don para conectar con otros que podemos aprender a acoger nuestra propia vida.
Como se menciona en el Evangelio: «Quien quiera salvar su vida la perderá; pero quien pierda su vida por mí se salvará» (Mt 16, 25).
Esto cobra sentido cuando entendemos que salvar la vida no es evitar equivocarse o tocar fondo. Es ayudar a sanar a otros demostrando que el amor gana.
¿Qué partes de mi historia necesito pedirle a Dios que me ayude a abrazar? Aunque me cause demasiado dolor, ¿cómo puedo salvar mi vida desde la redención y no perderla deseando ser intocable?
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Que hermoso testimonio… Gloria a Dios…