relaciones tóxicas

Desde pequeños, hay un mensaje que siempre ha resonado en nuestras mentes, y que de hecho guía por siempre muchas de nuestras decisiones: ser amados. Esto es algo que de pequeños ocupaba nuestro corazón. Siempre lo que más nos interesaba de pequeños (y de grandes también) era la certeza de que ante todo somos amados. De esta realidad te quiero hablar a continuación.

Una canción que habla mucho de nuestra vivencia interior es «As long as you love me», la canción de Justin Bieber. Hace poco di con esta nueva versión, que nos habla de lo mucho que estamos dispuestos a hacer con tal de vernos amados por otro:

As long as you love me,
I´ll be your platinum,
I´ll be your silver,
I´ll be your gold
As long as you love me

Estamos dispuestos a todo, con tal de ser amados. La experiencia del amor es lo que resuena en nuestro corazón y lo que pedimos a gritos.

Fuimos hechos para amar y ser amados, y eso no lo podemos olvidar, es como si quisiéramos ignorar el hecho de que necesitamos respirar para vivir.

Sin embargo, esta letra también encierra ciertos peligros y te los quiero exponer a continuación.

«El amor todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta» (1 Cor, 13, 7)

Esta cita de las Sagradas Escrituras tal vez todos la hemos escuchado. Y muchas veces pensamos que soportar todo, excusar todo nos tiene que llevar incluso a soportar las dinámicas hirientes de nuestras relaciones interpersonales.

Sin embargo, hay que estar muy atentos, pues San Pablo habla desde una recta intención del amor, nos invita a soportar todo lo que nos lleve al amor, a creer todo lo que nos lleve al amor, a esperar todo del amor.

Cuando caemos en relaciones tóxicas, el amor empieza a deformarse. Por eso, «estar dispuesto a todo» se convierte en una herida cuando yo dejo que otro pase por encima de mi valor personal, con tal de creer que estoy siendo «amado».

Es importante hacer un discernimiento sincero, que nos conduzca a la verdad de nosotros mismos y nos permita ver si lo que pedimos a los demás en nuestras relaciones interpersonales es fruto del anhelo de amor y comunión, o si, por el contrario, procede de una herida emocional personal que aún no hemos sanado.

Cuando le pedimos al otro cosas desde nuestras heridas, seremos más profundamente heridos, pues empezamos a deformar el sentido de ese amor. Es en ese momento, cuando el otro experimenta el amor como una carga y un dolor, y no como una entrega generosa de sí.

«No sé si esto tiene sentido, pero eres mi Aleluya»

Aleluya es un término que se utiliza en las Sagradas Escrituras para alabar a Dios, y hoy día lo retomamos en la liturgia como un signo de alabanza del cual es digno nuestro Dios.

Sin embargo, muchas veces podemos empezar a dirigir tanto la mirada sobre otra persona que terminamos idolatrando, al punto de creer que esa persona es nuestra «vida», nuestra «esperanza».

La idolatría es una herida profunda en nuestro corazón, pues nos lleva a desplazar a Dios del centro y ponemos cualquier otra cosa (o persona) en su lugar.

Para salir de las relaciones tóxicas… volver a la fuente de nuestro amor

Para las relaciones tóxicas, que nos hieren y limitan, la mejor recomendación que se puede hacer es esta: vuelve a Jesús. El Señor no solo te ama, sino que te enseña el sentido del amor, la dirección del amor.

Necesitamos purificar nuestra historia de amor, que hemos vivido y construido a lo largo de nuestra vida. Porque, en toda relación tóxica hay una persona herida que clama sanación, amor, y un sano reconocimiento de sí mismo. Y todo esto nos lo regala Jesús primero en su amistad.

Para finalizar, valdría la pena pensar, ¿cuántas veces he hecho cosas por ser amado? ¿Cuántas veces hemos creído que seremos amados por algo que somos o tenemos?

Es necesario purificar esta mirada, para que el amor que vivamos siempre tenga precisamente esa experiencia: ser amados.