Hoy día, el Señor instituye la Eucaristía, el Sacerdocio y el mandamiento del Amor, demostrándolo como vivirlo a través del Lavatorio de los pies. Esas 3 experiencias vividas junto con el Señor nos enseñan fundamentalmente lo esencial que nos vino a compartir el Señor Jesús: la vivencia del amor.  Un amor al prójimo, no solo de palabras, no solo de acciones, sino más bien siendo personas que encarnan el amor en sus vidas.

Ya que estamos ad-portas de iniciar el Triduo Pascual, iniciando la reflexión del Misterio central de nuestra Fe: el Kerygma – Buena Nueva – de la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo, quiero plantearles algunas reflexiones, acompañadas de algunos pasajes bíblicos, que te sirvan como un examen de consciencia y preguntarte cómo estás viviendo el principal Mandamiento de la vida cristiana: el Amor.

Dios sale al encuentro de nuestro pecado

amor al prójimo

Frente al Mal y el Sufrimiento que vivimos en este Mundo, a raíz del pecado, Dios se hizo hombre y sale a nuestro encuentro para darnos una respuesta, para dar sentido a nuestras vidas que muchas veces se encuentra oscurecida por las consecuencias del Mal.

Sea por circunstancias que escapan a nuestra responsabilidad, sea porque vivimos algo que es consecuencia directa de nuestras acciones. La realidad es que nos topamos con muchas experiencias y circunstancias de sufrimiento, que son cruces que, infelizmente, no tienen sentido.

En la Pascua, Jesús viene a darnos una salida e ilumina la oscuridad en la que nos encontramos con la fuerza de su amor. Transforma el sin sentido de nuestros sufrimientos en una ocasión para vivir el amor. La Cruz se convierte en el camino de Salvación. La muerte ya no es el fin, sino el paso a la vida. Ahora, si participamos con Cristo de su Muerte, participamos también de su Resurrección.

Desde el Génesis, Dios respeta nuestra libertad, y tenemos ante nosotros la opción del Amor o de la Muerte. Pero ahora, con la diferencia que, aunque nos equivoquemos y optemos por el pecado, Dios Padre nos ofrece su Perdón, y de modo misericordioso nos entrega a su mismo Hijo, Quién en la Cruz nos libera del aguijón del pecado.

Feliz la culpa de Adán, que nos trajo la Salvación del Mundo… escucharemos en el Pregón Pascual, desde palabras de San Agustín.

Hoy día, más de 2000 años después de su presencia entre nosotros, Cristo sigue actuando en el Mundo, pero no solo a través de los Sacramentos. Su Providencia – que es su acción en el mundo – se manifiesta a través de cada uno de nosotros.

A través de nuestras acciones hacemos presente ese Amor de Dios en las distintas realidades y circunstancias que siguen atrapadas por las Tinieblas. Es nuestra responsabilidad llevar a todos la Buena Nueva del Amor de Dios, que en esta Pascua experimentamos de forma patente un año más.

Llamados a vivir el Amor

amor al prójimo, ¿Qué tiene que ver el Jueves Santo con tu amor al prójimo? Una reflexión para el trabajo personal

Algo que resalta en todo este Misterio Pascual, es el Amor por el que Cristo se entrega por nosotros. Un ejemplo de cómo entregarnos por los demás, independientemente de las circunstancias que vivamos. En Cristo, con Cristo y por Cristo, estamos llamados a vivir ese Amor con los demás. No importa cómo vivamos, en que situación nos encontremos, el Amor siempre es una opción posible y un camino de realización para todos nosotros.

¿Cómo sabemos si el Amor que decimos tenerle a Dios es auténtico? Nos lo explica muy bien el Evangelista san Juan: «Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es un mentiroso; porque el que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede amar a Dios a quien no ha visto.» (1 Ju 4, 20) Además, el mismo Señor Jesús nos invita a vivir como Él una entrega radical: «Nadie tiene más amor que el que da la vida por sus amigos.»(Ju 15, 13)

¿Cómo estoy amando a los demás?

amor al prójimo, ¿Qué tiene que ver el Jueves Santo con tu amor al prójimo? Una reflexión para el trabajo personal

Dejemos un rato la idea del martirio, de entregar efectivamente la vida por la fe. Y pensemos cuántas veces en nuestra vida podemos renunciar y morir a nuestros gustos, caprichos y pecados, para amar más al prójimo, desde el enemigo, indiferente y amigo – como lo decíamos anteriormente.

La opción por el Amor implica necesariamente un camino de renuncia y sacrificio. Al mismo tiempo, es un camino de realización, de plenitud. En esta vida, el amor y el sufrimiento van de la mano.  El que quiere entregarse, involucrarse y comprometerse con el prójimo debe hacer una opción por cargar su cruz. No solamente la propia, sino la Cruz del prójimo.

Me involucro con toda la persona, no puedo solo estar en las buenas, y cuando más me necesita, entonces me hago el despistado, me paso a la otra vereda o hago como si no lo conociera. Hoy en día, escuchamos mucho eso de «alejarnos de las personas tóxicas».

Nada más ajeno a la opción cristiana del Amor. Nadie puede ser tóxico. Todos merecen nuestro amor, y necesitan nuestro apoyo, aliento. El único límite real para nuestro amor al prójimo es su propia libertad. Siempre nos toca amar, pero si la persona no está dispuesta a recibir y dejarse amar por nosotros, entonces estará cerrada a nuestra ayuda.

¿Qué nos enseña el Padre misericordioso?

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La parábola del hijo pródigo (Lu 15, 11-32) nos enseña de modo único el amor que tiene el Padre por nosotros. Dios no nos exige méritos para amarnos. Nos ama sencillamente por ser quiénes somos.

Nos ama cómo somos. No se aleja o está más cerca por nuestros méritos, o porque cumplimos o no cumplimos sus mandamientos. Nos ama de modo incondicional. Por supuesto, está en nuestras manos demostrar que lo amamos, siguiendo los Mandamientos. El mismo Señor nos dijo que: «Si me amáis, guardad mis mandamientos.» (Ju 14, 15)

Entonces, a la luz de ese Amor divino, al cual estamos llamados a imitar, pregúntate: ¿Cómo te acercas a los demás? ¿Cómo juzgas a tus familiares o amigos más íntimos? Cuántas veces somos como justicieros o caemos en críticas que prácticamente aniquilan al otro.

Recordemos el pasaje de la mujer adúltera. La diferencia del Amor del padre misericordioso hacia su hijo menor que regresa arrepentido y es motivo de alegría, porque estaba vivo, mientras el hermano mayor no comprende esa muestra de Amor.

Este pasaje de Mateo puede brindarnos varias luces para analizar nuestra relación con los demás: «No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido.

¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: ¿Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.» (Mt 7, 1-5)

La indiferencia que mata el amor

amor al prójimo, ¿Qué tiene que ver el Jueves Santo con tu amor al prójimo? Una reflexión para el trabajo personal

Quiero terminar compartiéndoles la parábola del Buen Samaritano (Lu 10, 25-37) ¿Cuántas veces pasamos de largo y no hacemos nada por ayudar al que necesita? Al que está tirado a la vera del camino. ¿Cuál es tu actitud frente al que necesita tu ayuda?

¿Te das cuenta de la realidad ajena o estamos tan inmersos en nuestra «burbujita» que ni nos damos cuenta o ni sabemos qué le pasa en el corazón de – seguramente – aquellos con quiénes vivimos los 365 días del año bajo el mismo techo? ¿Salimos al encuentro o preferimos esquivarnos y pasarnos a la otra vereda del camino cuando vemos alguien que necesita nuestro amor?

Pregúntate: ¿Cómo está tu amor e interés por tu esposo (a), hijo (a), hermano (a), mejor amigo (a)? ¿Sabes cuáles son sus preocupaciones, o lo que está pasando en su corazón actualmente? ¿Cuántas veces te detienes y renuncias a tus propias responsabilidades – por buenas que sean – para conversar, preocuparte, enterarte de sus necesidades?

Finalmente, les dejo algunas indicaciones para que puedan reflexionar y esforzarse por cambiar en estos tres días santos.

Pautas para la reflexión

  1. Sepárate unos 15 minutos para hacer un examen de consciencia, y escribe las manifestaciones de esa falta de amor, actitud justiciera, indiferencia, actitudes contrarias a la caridad que descubres con tus seres más queridos y prójimos.
  2. Luego, busca uno de ellos y trata de generar un diálogo en torno a tus reflexiones, para que puedan crecer espiritualmente. Estos días son justamente para eso. Madurar en nuestra vida cristiana. El objetivo es poder tomar consciencia del propio egoísmo o cerrazón en qué vivimos y aprender a cambiar esa actitud compartiéndolo con los demás.
  3. Finalmente, después de este diálogo, sepárate otros 15 minutos en silencio, y busca medios concretos, qué vas a hacer para cambiar esa actitud y cómo lo vivirás en la práctica, para hacer efectivo ese cambio en tu propia vida.
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