juegos olímpicos 2024

Llega el verano de 2024 y con él, los Juegos Olímpicos en la maravillosa ciudad de París. Los Juegos Olímpicos modernos son el mayor evento deportivo en el que participan atletas de más de 200 naciones. Se retoman en el s. XIX de la tradición griega con el fin de unir los países a través del deporte y sus maravillosos valores.

Pocas realidades trascienden fronteras, religión y cultura como lo hace el deporte. Además, nos recuerda una verdad muy espiritual: ser libres es ser también responsables, el deporte exige un compromiso duradero y nos recuerda que aspiramos a cosas grandes que requieren sacrificio.

El deporte combina libertad y responsabilidad, creatividad y respeto por las reglas, entretenimiento y seriedad, colaboración y acompañamiento mutuo entre talentos individuales. Fortalecer el carácter a través de la perseverancia, autocontrol, resistir la tentación de hacer trampas, superar lesiones. Esto nos lo recuerda muy bien el Vaticano en su documento «Dar lo mejor de uno mismo».

Juegos Olímpicos 2024: Una ubicación privilegiada en el corazón de Europa:

París es la capital de Francia, quien fue la cuna del cristianismo en Europa, de la vida monacal como pulmones de la civilización, del románico, de la teología de la luz, del gótico, del barroco, de la ópera, el ballet, la fotografía, el cine, la moda, la cocina y la familia.

Francia nos ha regalado a Pasteur, a Marie Curie, a Santa Teresita de Lisieux, a San Luis, a la Virgen de Lourdes, a Santa Catalina Labouré (quien acuñó la Medalla Milagrosa) y tantos otros legados que nos enriquecen como personas.

Uniendo a los dos, ¿qué podría salir mal…?

Ante una Francia corrompida desde hace tanto y el mundo del deporte tan ideologizado, quien sale perdiendo es la humanidad que aspira a belleza, grandeza y nobleza y se encuentra con fealdad y tendencias viles… a las que mediocremente nos vamos acostumbrando. La ceremonia de los Juegos Olímpicos 2024 anunció eso.

¿Si Dios ha muerto, quién es Dios? «dios» ahora es el hombre que vive frustrado, intentando llenarse de él mismo, de placeres efímeros, y que acaba abocado a la barbarie y al desconcierto más absoluto…

La nueva religión propuesta por los ideólogos de la ceremonia te dice que dios eres tú mismo, porque tú sin Dios estás perdido, desnortado, y eres más maleable y corrompible que nadie, si lo único que te queda es el placer dada la gran pérdida de identidad.

Qué bien representa eso el dios Baco que apareció en un momento en el que pareció que se burlaban de la Santa Cena…

Perdió el deporte, perdió Francia y perdió la humanidad.

¿Qué hay de bueno en esto?

Ante estas situaciones, miro al Cielo y siempre me pregunto: ¿qué haría Jesús? Hay muchas personas en juego. Sabemos que la victoria está asegurada, pero esto hay que remontarlo.

¿Cómo? Mostrando al mundo la verdad: lo bello que es ser persona, lo maravilloso que es el deporte y lo fascinante que tiene, en este caso, un país como Francia.

«Donde no hay amor, pon amor y sacarás amor» decía San Juan de la Cruz. Pues donde abunda lo grotesco, feo y vil, respondamos con belleza y bien. Los corazones son sacudidos cuando les muestras lo que de verdad anhelan: la grandeza de una vida vivida de verdad.

El mundo traga con todo lo que se vio en la ceremonia de inauguración, pero después del empacho lo vomita, porque no le sacia, y se queda vacío, hambriento, sediento. Necesita un alimento de verdad.

Mostremos al mundo lo que el deporte sí es y lo que los Juegos Olímpicos eran y aspiran a ser: ese lugar de encuentro y unión de naciones por el deporte y sus valores.

Hay que rezar, por supuesto, pero también podemos anunciar al mundo que Francia fue la primera nación europea que se cristianizó y mostrar al mundo todo su legado. Lo que hemos visto es manifiestamente contrario a la historia de Francia. Conozcamos las maravillas de su arte, de su cocina, de su historia (como por ejemplo la historia de La Vendée y cómo salieron a defender la fe y su familia).

Respuesta desde la Belleza

Los católicos en París se han organizado en grupos de jóvenes voluntarios que ofrecen visitas a catedrales e iglesias de la capital y recorridos por la ciudad para mostrar a los visitantes en estos días las bellezas que esconde París.

También se están organizando grupos de oración para acompañar a los deportistas espiritualmente en estos Juegos Olímpicos.
Estoy convencida de que en estos días veremos muchísimas iniciativas y actitudes que vuelvan a poner en valor la tradición Olímpica y las virtudes cristianas que fundaron Francia.

El primero ha sido el tenista Novak Djokovic al mostrar su cruz tras terminar un partido.

El bien vence, pero cuenta con nosotros para vencer. ¿Qué puedes hacer tú para aportar luz a la Ciudad de la Luz que parece estar a oscuras?