Los Evangelios nos traen el testimonio de algunos jóvenes que en diversas circunstancias se encontraron con Jesús y de una u otra manera, este encuentro cambió sus vidas. ¿Maravilloso no crees? En algunos países hoy se celebra el día de la juventud, por eso queremos compartir contigo la historia de cinco jóvenes que tuvieron un contacto cercano con el Maestro. 

Hoy también Jesús se encuentra con los jóvenes y les hace un llamado especial, el llamado de transformar la historia desde la vivencia del Evangelio. ¡Pero sin importar si eres joven o no, recuerda que Dios siempre te espera con los brazos abiertos!

1. El joven rico 

El Evangelio de Marcos (10, 17.30), nos habla del encuentro entre Jesús y un joven rico. Llama la atención en este pasaje que lo primero que el joven hace es dar testimonio de la divinidad de Jesús, cuando lo ve le dice «Maestro bueno», y el mismo Jesús le dice que este apelativo es solo para Dios. Este testimonio es una profesión de fe, un testimonio nacido de la fe que comienza a germinar.

Inmediatamente le pregunta por el camino para heredar la vida eterna y como es costumbre en el ámbito judío, el camino es claro, seguir las leyes de la Torá. Jesús quería que el joven más allá de dar un testimonio de su fe, diera también un testimonio de su vida. Al recordarle los mandamientos, le está haciendo un pregunta clara: ¿vives conforme a la fe que has profesado? a lo que él responde afirmativamente. 

Y aquí viene lo más importante de este encuentro, «Jesús mirándolo, lo amó». Recordemos que su mirada va directo al corazón del hombre, hasta esos lugares más remotos donde se esconden los deseos, voluntades, y anhelos de la vida. 

Pero al pedirle algo más: «Ve y vende lo que tienes y dáselo a los pobres», el panorama se entristece, cambia. Jesús le pide a este joven que su única riqueza sea el amor, que su único tesoro sea la presencia del Señor. Es lo mismo que nos pide hoy a todos, y repetidamente como hace miles de años. Jesús se queda a la espera de nuestra respuesta, nos sigue amando con la esperanza de vernos volver y seguirle. 

Si hoy Jesús te dijera: «Ve y vende lo que tienes y dáselo a los pobres», ¿cómo te sentirías?

2. El discípulo amado

¿Cómo acercar a los jóvenes a Dios? 5 ejemplos

La tradición ha considerado que este discípulo amado es Juan, quien podría bien ser el autor, un discípulo del Señor o hasta el mismo Juan Bautista. Pero lo que quisiera que veamos aquí es la intención del autor, ese joven discípulo amado vive los momentos más importantes del Evangelio. 

Es el discípulo amado el que estará presente en la última cena y estará recostado en el pecho del Maestro. Es quien le preguntará por la identidad de quién le ha de traicionar, también aparece al pie de la cruz. Luego será quien corre al sepulcro ante el anuncio de la Resurrección, y estará presente en las apariciones del Resucitado.

Lo que quiero que veamos, es que en la figura de este discípulo amado, se identifica a todo aquel que se acerca al Evangelio para conocer al Maestro y seguirle. En él se encuentra todo joven que decide seguir a Jesús a pesar de las dificultades que se presentan día a día, aquel joven que de forma valiente va hasta la cruz y se mantiene de pie. 

¿Tú también estás dispuesto a entregarlo todo por Jesús?

3. El joven desnudo

¿Cómo acercar a los jóvenes a Dios? 5 ejemplos

En el Evangelio de Marcos (14, 51-52), nos encontramos con un personaje un poco misterioso. Un joven que corre siguiendo a Jesús cuando lo llevan preso, y que solo va cubierto por una sábana. Pero cuando lo quieren tomar preso, suelta su sábana y corre desnudo. 

En la figura de este joven encontramos a aquellos jóvenes que siguen a Jesús aun en medio de los obstáculos y hasta en las persecuciones. Donde por ser jóvenes y cristianos, se convierten en blanco de burlas y rechazos.  Jóvenes para los que la fe es la sábana, única seguridad, única riqueza en el camino hacia el Señor. 

Es este mismo joven el que luego aparece en el sepulcro anunciando a las mujeres, que Jesús ya no está allí, que ha resucitado. La misión de los jóvenes de hoy es y será la de anunciar con alegría, que Cristo está vivo. Es el anuncio del Evangelio de la esperanza y del amor, lo que debe mover la vocación de todo joven y su respuesta al llamado del Señor. 

¿Sigues al Señor cueste lo que cueste?

4. Leví, a quien conocemos luego como Mateo

El Evangelio de Lucas (Lc 5,27) nos trae el encuentro entre Jesús y Leví, un cobrador de impuestos. Jesús, al pasar frente a su mostrador donde alineaba las monedas de los tributos, solo dice: «Sígueme». Y él lo deja todo: dinero, oficio, vida, para hacer lo que le acaba de mandar.

Ya no se llamará Leví, sino Mateo, que significa «don de Dios». Don de su propia vida a Dios, pero más aún regalo de Dios para un afortunado que ha recibido la vocación de labios del mismo Cristo.

«Después de mirarlo con misericordia, el Señor le dijo a Mateo: «Sígueme». Y Mateo se levantó y lo siguió. Después de la mirada, la palabra. Tras el amor, la misión. Mateo ya no es el mismo, interiormente ha cambiado. El encuentro con Jesús, con su amor misericordioso, lo transformó. Y allá atrás quedó el banco de los impuestos, el dinero, su exclusión.

Antes él esperaba sentado para recaudar, para sacarle a los otros, ahora con Jesús tiene que levantarse para dar, para entregar, para entregarse a los demás. Jesús lo miró y Mateo encontró la alegría en el servicio. Para Mateo, y para todo el que sintió la mirada de Jesús, sus conciudadanos no son aquellos a los que «se vive», se usa, se abusa.

La mirada de Jesús genera una actividad misionera, de servicio, de entrega. Sus conciudadanos son aquellos a quien Él sirve. Su amor cura nuestras miopías y nos estimula a mirar más allá, a no quedarnos en las apariencias o en lo políticamente correcto». —Papa Francisco. 

¿Y tú?, ¿estás listo para servir a otros?, ¿lo haces con frecuencia?

5. El hijo de la viuda de Nain 

¿Cómo acercar a los jóvenes a Dios? 5 ejemplos

El Evangelio de Lucas (7, 11-17), nos trae el relato de Jesús con el sepelio de un joven, el hijo de una viuda. Ante esta escena el Maestro se conmueve profundamente, y dice al joven: «Joven, a ti te digo, ¡levántate!», y el joven se levanta y comienza a hablar. 

Este joven nos permite descubrir algo muy importante para la vida de todos los jóvenes. Jesús se conmueve profundamente por sus dolencias, tristezas, dificultades. Él siente tal amor por sus discípulos que se conmueve por sus situaciones, se conmueve por tu dolor y por el mío.

Pensemos en los jóvenes que día a día dan la vida buscando el sustento de sus familias, los que diariamente luchan desde el lecho de la enfermedad, tantos y tantos jóvenes que dan testimonio desde la dificultad e incluso le apuntan a la santidad. 

Jesús resucita a cada joven de sus situaciones de muerte, es en la unión con Él que somos liberados de todo aquello que huele a muerte u oscuridad. Es por esto que el grito de Jesús: «Joven, a ti te digo, ¡levántate!», no ha pasado, sino que resuena diariamente en todos los rincones del mundo. Allí donde hay un joven luchando por ser bueno y hacer del mundo algo bueno, allí resuena la voz de Dios.