Por estos días circula en redes la foto de un curriculum escrito a mano, el autor es Carlos Duarte. Un joven argentino de 21 años que a razón de no tener dinero para hacer imprimir su hoja de vida, decidió sentarse en una mesa, arrancar la hoja de un cuaderno y escribir con un bolígrafo sus datos personales, con el único objetivo de conseguir un empleo.



Euge Lopez, fue la mujer que se encargó de hacer viral el curriculum de Carlos Duarte al publicar lo ocurrido en su perfil de Facebook. El joven llegó a su negocio en busca de una vacante y al encontrar una respuesta negativa, Euge le propuso dejar su hoja de vida en caso de que llegaran a necesitar a alguien.

Temeroso, pero decidido, Carlos le explicó a Euge que estaba atravesando una situación económica muy complicada y que no contaba con el dinero suficiente para imprimir su curriculum y dejarlo allí. Tras aceptar la iniciativa y dejar sus datos plasmados en el papel, Carlos partió con la esperanza de que se abriera una vacante para ser aceptado, lo que nunca imaginó fue que ese acto desesperado de coraje se convirtiera en la solución a sus problemas. Fue llamado a una entrevista para trabajar en una fabrica de vidrios luego de que la publicación de Euge se viralizara. 



Estas son algunas lecciones que nos da Carlos Duarte.

Se pueden sacar fuerzas de donde ya no las hay

Carlos, es la muestra perfecta de que cuando la necesidad así lo dicta, hay que sacar fuerza de donde parece ya no haberla. Como dicen las abuelas «hacer de tripas, corazón», explorar todas las posibilidades, arriesgarnos a hacer cosas que jamás creímos estar dispuestos a hacer, ser valientes aunque por dentro estemos aterrados y salir a buscar la solución cuando incluso, todo parezca ir en contra de nuestros deseos.

Las ganas de salir adelante nunca deben ser pisoteadas

Vale, que otros pueden venir a decirnos en la cara que estamos locos o que simplemente no lo vamos a lograr. Pero ¿Qué pasa si me arriesgo y gano? La vida muchas veces nos pone de puntitas, al borde de un abismo y sin previo aviso, nos empuja al vacío, sin clemencia, sin ninguna clase de piedad. Nos obliga a redescubrirnos y a encontrar fortalezas y dones que creíamos perdidos.

No sabemos qué clase de necesidades impulsaron a Carlos a recorrer las calles de su ciudad en busca de un trabajo (el que fuera). No sabemos si llevaba varios días lleno de angustia, si era el único miembro de su familia que podía llevar un bocado de comida a la mesa o si ya no tenía ni para la cena de ese misma noche.

Lo único que sabemos es que las ganas de salir adelante se convirtieron en el motor que lo llevó a hacer lo que hizo, y que gracias a su valentía, hoy consiguió lo que tanto necesitaba.

Siempre pueden salir frutos del sufrimiento

En otros post me he referido al sufrimiento como una oportunidad. Muchos pueden pensar ¿Oportunidad de qué? si el sufrimiento solo trae dolor. Es cierto, nos duele, nos aflige, pero también nos pone de rodillas y nos permite escarbar en lo más profundo de nuestra miseria para encontrar motivos que nos impulsen a salir adelante.

A nadie le gusta sufrir, pero grandes frutos nos trae el sufrimiento cuando nos levantamos y logramos eso por lo que tanto habíamos luchado. El sufrimiento nos rasguña el alma pero también nos hace más fuertes. Gracias al esfuerzo de Carlos por terminar con ese sufrimiento, hoy puede decirse a si mismo ¡Valió la pena!

Felicitaciones Carlos, tu testimonio ha inspirado a miles de personas. Nos ha hecho recordar a todos, que luchar por cualquier cosa es posible y que cuando de verdad trabajamos con cuerpo y alma por un objetivo, este se puede alcanzar.