Jesús entra en Jerusalén

Hace un par de días – en el Domingo de Ramos – conmemorábamos a Jesús que entra en Jerusalén y es recibido con alabanzas y gozo. Así, comenzamos la Semana Santa. Empezamos unos días de reflexión, de contemplación.

Aprovechando la escena que te describí, te propongo meditar en 6 escenas que nos hablan de lo que hacía Jesús en Jerusalén, desde que entra en la ciudad, hasta su crucifixión.

1. Enseñanzas en el Templo

Jesús entra en Jerusalén

Jesús dedicó tiempo a instruir a las multitudes en el Templo de Jerusalén. Sus enseñanzas, llenas de sabiduría y amor, desafiaban la manera en que muchos vivían su fe, mientras invitaba a vivirla de una manera más auténtica, profunda.

Señalaba la hipocresía de muchos, enseñaba, curaba a enfermos, respondía a preguntas y hablaba en parábolas.

¿Qué podemos aprender al mirar a Jesús, como maestro? Además de aprender y vivir sus predicaciones sobre el amor a Dios y al prójimo, sobre el perdón y la misericordia, sobre la fe y la esperanza, podemos proponernos compartir el gozo de estas enseñanzas con los demás.

2. Jesús entra triunfante en Jerusalén

Jesús entra en Jerusalén

La aclamación de Jesús como Mesías cuando entra a Jerusalén montado en un burro marcó un momento crucial. La multitud extendía sus mantos y ramas de palmera a su paso, reconociendo en él al salvador anunciado por las profecías.

¿Reconocemos a Jesús como el Camino, la Verdad y la Vida? ¿Somos constantes en nuestro amor a Él? ¿O somos como los que vitorean un día para alabarlo… y al día siguiente para crucificarlo?

Meditemos en estas preguntas, meditemos en nuestras respuestas. ¿Quién es Jesús, para mí, hoy?

3. Limpieza del Templo

Jesús entra en Jerusalén

Jesús, indignado por la comercialización que había convertido el Templo en un lugar de lucro, expulsó a los mercaderes y cambistas. Así nos transmitía su deseo de restaurar la pureza y la santidad del espacio dedicado a la oración y la comunión con Dios.

Se me ocurre una pregunta para la reflexión (aunque sea una sola, tomémonos el tiempo de meditar en profundidad): ¿qué me distrae de mi relación con Dios?

4. La Última Cena

En Jerusalén, Jesús compartió una última comida con sus discípulos antes de su crucifixión. En la Última Cena, Él instituyó la Eucaristía (y también el sacramento del Orden Sagrado), amándonos hasta el extremo. Además, nos dejó el mandamiento nuevo del amor.

Mirando pausadamente cada uno de los gestos y escuchando con atención cada una de sus palabras, podemos meditar en estas preguntas: ¿Cómo ama Dios? ¿Cómo le amo yo? ¿Qué relación tiene la humildad con el amor, cómo vivo esto?

5. Oración en el Huerto de Getsemaní

En Getsemaní, Jesús se apartó para orar en un momento de profunda angustia ante la inminente traición y crucifixión. Su oración en el huerto revela su humanidad que sufría intensamente, aunque a la par se entregaba con obediencia y amor a la Cruz.

La oración en Getsemaní nos muestra que Jesús entiende y puede compadecerse de nuestros dolores, con nosotros. En los momentos más difíciles de nuestra vida, en la hora del dolor, podemos mirarlo a Él y repetir la preciosa oración: Señor, que no se haga mi voluntad, sino la Tuya.

6. Juicio y Crucifixión

Vimos a Jesús que entra a Jerusalén en medio de cánticos y alegría. Ahora, escuchamos un griterío distinto, el que pide que le den la peor clase de muerte.

Sometido a un juicio injusto por parte del Sanedrín y Poncio Pilato, Jesús fue condenado a muerte y crucificado en el Gólgota. Su muerte en la cruz nos muestra su máximo amor y entrega por cada uno de nosotros, para redimirnos del pecado y así poder ser partícipes de la promesa de la resurrección.

Te invito a contemplar en silencio esta escena. Mirar la Cruz, ver que Él inclina la cabeza… cansado, pero también con un gesto de cariño; un gesto de quien se acerca para escucharnos, para recibir nuestras confidencias, nuestro afecto y desagravio.

¿Qué le dirías, en secreto, al oído?