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Hace poco encontré en Spotify un playlist muy popular de una consagrada, en la que recopila «canciones seculares raras, fácilmente aplicables a la oración».

Entre tantos artistas que reconocía desde antes o que escuchaba por primera vez, fue el mexicano Aleks Syntek, con su canción «Intocable», quien logró ponerme la piel de gallina.

Creo que si la hubiera escuchado en otras circunstancias la habría dejado pasar, pero el hecho de que sus estrofas fueran usadas por otras personas para rezar (para abrirle el corazón a Dios pero sobre todo, para escuchar lo que Dios tenía por decirles), me estremeció por completo.


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«Me marcho porque fue tu decisión»

Fríamente hablando, la canción narra el término de una relación amorosa desde la perspectiva de quien toma la decisión de dar un paso al costado.

Pero lo que más llama la atención es el poderoso motivo por el que esa persona, al encontrarse dolida, opta por alejarse a pesar de seguir amando.

El coro lo resume a la perfección: «Pero me voy, me marcho porque fue tu decisión. Te amaré, lo haré si es necesario por los dos. Que aquí en mi corazón, nunca te voy a olvidar, pues de ahora en adelante, intocable es tu lugar».

Después de escucharla, toda esta frase resonó en mi cabeza durante mucho tiempo. Tanto así que empecé a preguntarme si esta canción podría ser un verdadero reflejo de cómo se siente Dios, cuando dejamos de esforzarnos por mantener con vida nuestra relación con Él.

El sufrimiento de Dios cuando estamos lejos

Al principio estaba segura de que era una confusión mía. Desde siempre, al saber que Dios me amaba de forma gratuita y desinteresada, pensaba que lo único que tenía que hacer era darle las gracias, abrir el corazón para recibir todo lo que Él quería darme y nada más.

Para mí, no tenía mucho sentido que Dios necesitara o al menos le importara, que alguien como yo se esforzara por amarle de vuelta. ¿Pensaste alguna vez de esta manera?

Además, con toda esa omnipotencia, creía que Dios podría deshacerse con mucha facilidad de cualquier sentimiento negativo, como la tristeza o la decepción.

Sobre todo si era causado porque alguien como yo, no quería o no podía valorar la inmensidad de su amor, ahorrándose así una dosis innecesaria e inmerecida de sufrimiento.

¿Qué nos pide la Virgen cuando hablamos del dolor de Jesús?

Para aclarar cualquier atisbo de duda, decidí llevar el tema a la oración y en ese momento, después de mucho tiempo, me volví a encontrar con uno de los primeros mensajes que la Virgen María dio en Fátima a los tres pastorcitos: «No ofendan más a Dios que ya está muy ofendido».

Por la historia de mi familia paterna, estoy muy familiarizada con estas apariciones marianas desde que tengo memoria y cuando era una niña, aquel mensaje en particular, me ponía bastante ansiosa.

Pensaba que si Dios estaba muy ofendido con la humanidad, entonces estaba muy molesto y como consecuencia, nos castigaría con severidad sin que pudiéramos hacer algo para evitarlo.

Felizmente, a medida que fui creciendo, el mismo Dios se encargó de poner a las personas correctas en mi camino y gracias al amor y compasión que ellas me dieron, Él pudo revelar ante mis ojos su verdadera identidad, que es el amor y la misericordia misma. 

Fue así como empecé a entender, por primera vez en veinticinco años, el verdadero significado que esconden las palabras de la Madre de Dios y que están íntimamente relacionadas con el mensaje de la canción «Intocable». 

El dolor de perder a alguien

Creo que todos, de diferentes maneras, hemos experimentado el inmenso dolor que significa perder a las personas que amamos.

Y con esto no solo me refiero a la muerte, me atrevería a decir que puede doler igual o más ser testigos de cómo alguien que significa mucho para nosotros, empieza a desaparecer por completo de nuestras vidas mientras que, físicamente, todavía sigue aquí.

Circunstancias como estas pueden darse cuando los anhelos que compartíamos con la persona amada empiezan a tomar rumbos distintos, como consecuencia de los cambios inevitables con los que la vida nos sorprende.

También, y creo que esto es lo que causa un dolor más profundo, sucede cuando otra persona (sea una pareja, un amigo o un familiar) deja de poner de su parte para mantener con vida el amor que compartimos y nos mantiene unidos.

Muchas veces, ese distanciamiento sucede por un simple descuido, que se soluciona con un diálogo profundo y sincero. Sin embargo, en ciertas ocasiones, nos podemos encontrar esforzándonos más allá de nuestras propias fuerzas.

Mientras el abismo entre nosotros y la persona que amamos se hace cada vez más profundo, sin que él o ella ponga de su parte para solucionarlo.

O viceversa: puede haber alguien dándolo todo por mantenernos en su vida y con nuestra indiferencia (consciente o inconsciente) los hacemos llegar al límite del agotamiento y con todo el dolor de su corazón se ven obligados a decir «hasta acá remé».

El amor incondicional de Dios

Si lo entregamos todo de nosotros para que otra persona se experimente amada, más allá de nuestros errores e imperfecciones, no merecemos nada menos que ser correspondidos de la mejor manera posible.

Así es como funciona la dinámica del amor (sea romántico o no) que tanto llena de sentido a nuestras vidas. A lo que voy con todo esto es que si nosotros, al experimentar la pérdida del amor, sentimos tanto dolor: ¿cómo se sentirá Dios al ver cómo sus hijos se alejan de Él?

Sea una decisión libre y consciente o una triste consecuencia de nuestras heridas más profundas, a Dios le duele profundamente perdernos.

Y no tanto por Él, ya que nunca dejará de amarnos, sino porque, como me dijo un amigo hace unos años: «Pase lo que pase, quien ama nunca pierde. Lo pierde todo, en el peor de los casos, quien no se deja amar».  

La buena noticia es que, a gran diferencia de los seres humanos (como el intérprete de esta canción), que nos encontramos con tantos obstáculos que nos desaniman al momento de amar, Dios jamás se rendirá con nosotros.

Te invito a escuchar atentamente la canción Intocable. Medítala en un lugar tranquilo y presta atención a la letra, ¿podría ser Dios quien nos dedique esta canción?, ¿estoy amándolo lo suficiente?, ¿me esfuerzo por amarlo cada día más y mejor?

¿Procuro regresar a sus brazos de manera inmediata?, ¿o será que hace tiempo ni pronuncio su nombre? Déjanos saber en los comentarios qué sentimientos brotan de tu corazón al escuchar Intocable y compártenos tu opinión sobre la sed que tiene Dios de nuestro amor.

Artículo elaborado por Ale Cava de Andrea.

El dolor de Dios: cómo se siente Él cuando nos alejamos