inseguridad social

Si estás leyendo esto, es porque probablemente seas alguien con alguna inseguridad (personal, social, ¡hay tanto!) o, al menos, en algún momento las tuvo. Y, ¿por qué no? Todos alguna vez dudamos de nosotros mismos, en mayor o menor medida. Estos miedos se pueden clasificar en distintos tipos.

Podemos hablar de inseguridad personal, que, justamente, se enfoca en uno mismo; es el «qué dirán» o «qué pensarán de mí». Luego, está la inseguridad social, que se trata de un sentir incómodo frente a situaciones con gente desconocida (no con los más cercanos).

También está la inseguridad profesional, que, como su nombre indica, hace referencia al contexto laboral. Uno no cree tener los conocimientos necesarios para desempeñar dicha labor. Estas y algunas más son las inseguridades más comunes en las personas.

Todas tienen en común que se trata de una autoimagen desfigurada. Es algo que se encuentra en la mente, que imaginamos y así lo creemos: baja autoestima, falta de confianza y dudas sobre nuestras propias habilidades.

La inseguridad personal: una lucha interna

inseguridad social

Yo quiero explayarme un poco aquí sobre la inseguridad personal. Ese valorarse poco frente a los demás, sentirse inferior. Tener miedo de mostrarse como uno es realmente, como es en casa, cuando se encuentra con sus seres queridos: cómodo, opinando sobre lo que le gusta o no, tirando chistes por malos que sean, callado o diciendo pavadas.

Las formas de tapar estos miedos son diversas: hay quienes son tímidos y no hablan; otros, por el contrario, se hacen pasar por seguros y, quizás, no paran de hablar porque no quieren ser descubiertos. Otros se adaptan al resto, a su forma de ser, con tal de caer bien.

¿Puede mi inseguridad afectar en lo social, en lo espiritual… y más?

inseguridad social

Uno no quiere ser juzgado, que lo miren con malos ojos y, ¿por qué? ¿Por qué será que hay un deseo en cada uno de nosotros, en lo más profundo de nuestra alma, que anhela ser aceptada tal cual es, con sus defectos y cosas raras? Nadie quiere ser rechazado porque a nadie le gusta sufrir o ser herido. Somos vulnerables.

Hay una sed hondísima de querer ser amados por nosotros mismos, sin importar en qué seamos buenos o malos, qué tanto somos capaces de hacer o no hacer.

Queremos ser valorados, que nos susurren de vez en cuando: «No hay nadie como vos. Te quiero por el mero hecho de ser Vos». Y es que es cierto: valemos por nosotros mismos porque Dios nos puso en la tierra y quiso que existiéramos. Eso ya es prueba de que nos ama a cada uno de nosotros personalmente y de que nuestra existencia es importante para Él.

Trabajando en la inseguridad: una cuestión diaria

Entonces, volviendo al punto central, la inseguridad personal, si bien en algunos es más marcada que en otros por temperamento, o en otros quizás por sus vivencias pasadas, es algo mental y, por ende, es algo que se puede trabajar en el día a día.

Recuerda: si estás con los pies sobre la tierra, es porque para alguien allá arriba eres su don más preciado. Quiere toda la felicidad para ti: Jesús, que conoce el corazón de cada uno, y cuya opinión sobre nosotros es, por lejos, la más importante. ¿Y qué esperas para ser tú mismo en público, intentando ser lo más cristiano posible?

Artículo elaborado por Coni Kruse