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La inclusión es una palabra que se menciona mucho últimamente, salta de boca en boca. En los colegios se habla de ella en las reuniones con padres de familia, en las aulas con los alumnos, en Facebook e Instagram se hacen campañas y todo el mundo parece tener claro que sí, que la inclusión es necesaria.

¿Pero cuándo hablamos de la inclusión en nuestro propio hogar?, ¿cuándo le explicamos a nuestros hijos todavía pequeños que ellos deben ser parte del cambio? Ver este video me conmovió mucho, no solo por ser mamá, sino porque a cualquiera le dolería ser rechazado. No importa que tengas cinco o 50 años, que otros te hagan a un lado, duele.


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La inclusión es responsabilidad de todos

Los niños que eligieron jugar solos no son malvados ni crueles, aunque a primera vista esta sea nuestra primera impresión. Nuestros hijos son un reflejo de lo que somos como padres y actúan de acuerdo a lo que les hemos enseñado. Algunos padres dirán: «Pero yo nunca le he dicho a mi hijo que rechace a otros». Y claro, puede que nunca se lo hayas dicho, pero te ha visto a ti rechazando a otros.

Evitando a «ciertas personas», cambiándote de lugar cuando esa persona que no «encaja» con la sociedad se sienta a tu lado. Cuando en el restaurante prefieres pedir un cambio de mesa para no quedar junto a esa familia «especial». Cuando le aconsejaste buscar amigos «más normales» o cuando decidiste sacar de la lista de invitados del cumpleaños de tu hijo a ese amiguito que haría todo «raro» e incómodo.

Cuando los niños son pequeños tienen abiertos de par en par los ojos del alma y el corazón. Ven todo lo que haces, se dan cuenta de tus reacciones, de cómo miras al que es diferente, de cómo saludas al que no luce como tú o de cómo ignoras a esa otra persona que te resulta molesta.

Eduquemos con ejemplo, con amor y caridad

La responsabilidad que tenemos como padres es tan inmensa. La comprendemos a veces solo hasta que tenemos a nuestros propios hijos y nos sorprendemos a nosotros mismos preguntándonos: ¿Por qué a mi papá le costó tanto demostrarme cariño?, ¿por qué mi mamá no me consolaba al verme triste?, ¿por qué no me dijeron que amar y servir a otros es más importante que ganar el primer lugar en todo?

Es importante que la inclusión sea una palabra que se nombre en casa. Expliquémosle a nuestros niños qué significa, qué implica y por qué es necesaria. Algunas veces solo hace falta un pequeño empujón para redirigir a nuestros hijos por el camino correcto, el de la bondad.

La inclusión debe empezar por casa, cuando papá y mamá le demuestran a sus hijos que todos tenemos la misma dignidad. Que todos merecemos amor, compañía, cariño, paciencia, respeto. Cada hijo que tenemos es un tesoro del cielo.

Apostémosle al amor

Me dolió mucho ver como estos niños mayores preferían jugar solos, veían a este chiquito con una sonrisa en el rostro, invitándolos a jugar, lo dudaban por un instante y luego decidían dejarlo ahí. ¿Qué habrá sentido este chiquito en su interior?

Si eres padre, esta escena te puede romper el corazón. Ningún padre quiere que sus hijos sean rechazados, ningún ser humano quiere ser ignorado, descartado o puesto a un lado. Apostémosle al amor, a ser como los más pequeños, a ser los primeros que corren a abrazar, a ayudar, a consolar.

«En verdad os digo que si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos» (Mateo 18,3). Hagamos que la inclusión sea una realidad, que nuestros hijos sean reflejo del amor de Dios y de la dulzura de María.

inclusión, ¿Cómo luce realmente la inclusión? Este experimento me conmovió hasta lo más profundo