Hace unas cuantas semanas se celebró la Jornada Mundial de las Misiones en la Iglesia y como ya es costumbre en España, las Obras Misionales Pontificias realizan un video como el que les presentamos a continuación, para dar a conocer las misiones que se realizan en la Iglesia y alentar a la participación de más personas.



¿Qué importancia tienen las misiones en la actualidad?

Fácilmente uno puede remitirse a pensar que esta fue una realidad importante en el pasado. Como una necesidad que tuvo la Iglesia primitiva cuando quería llegar con el mensaje de la fe y del Evangelio a rincones lejanos. Sin embargo, no es extraño que aún existan localidades en donde la fe es desconocida y en donde el mensaje de San Pablo permanece vigente «¿Cómo, pues, invocarán a Aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados?» (Rom 10,14-15).

El hombre de este tiempo necesita y reclama personas dispuestas a «salir de su tierra» para ofrecerle el mensaje de la Buena Nueva; que estén preparados para consolar a otros con la Palabra de Dios.



Ir contracorriente

Ciertamente hablar hoy de la existencia de personas a las que uno llama misioneros puede ser más infrecuente, más no innecesario o prescindible. Y es que no es fácil vivir el desapego e ir contracorriente de un mundo que cada vez promueve más el consumismo y el materialismo. Además de la cultura hedonista que ve el sacrificio y la entrega generosa como una pérdida.

Definitivamente cuando uno quiere amar y servir esto implica renunciar a muchas cosas, pero en especial renunciar a una lógica egoísta y egocéntrica. Hay que recordar que no se está perdiendo, sino ganando, esta siempre ha sido la promesa de Cristo: los últimos serán primeros y el que pierda su vida la ganará.

Y si bien hay más dificultades en que las personas respondan a esta vocación de ser misioneros, Dios no deja de manifestar su misericordia y providencia al seguir convocando. No podemos olvidar que la palabra «misionero», viene del latín «missio», que quiere decir «enviado». Así que el misionero lo es no por profesión ni por oficio, sino que es la respuesta a un llamado, una invitación de Dios a ser su mensajero para las personas y los corazones que siguen anhelando encontrarse con Él.  

Por ello creo que las palabras del Señor Jesús a sus discípulos al ver la multitud necesitada de pastores, son tan importantes hoy: «la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies».(Mt 9, 36-38). Es vital entonces que todos nosotros oremos al Padre para que siga llamando a más hijos suyos a ser testigos de su Evangelio.

La misión es para todos

Otra cosa que me parece importante es no pensar que el ser misionero es algo solo diseñado para las personas consagradas, los sacerdotes y religiosas. Es una vocación que pueden no solo vivir ellos, sino cualquier bautizado miembro de la Iglesia. Recordemos que en el bautismo se nos da una gracia muy especial que nos impulsa a ser testigos del Evangelio, aunque no todos llamados a las periferias, si es algo a lo cual el Señor nos podría convocar.

Me gusta mucho pensar en las palabras que el Papa dirige a un grupo de jóvenes chilenos, porque creo que es una actitud propicia para que respondamos con libertad si el Señor nos invita y nos envía a esta misión: «Nunca pienses que no tienes nada que aportar o que no le haces falta a nadie: Le haces falta a mucha gente y esto piénsalo. Cada uno de vosotros piénselo en su corazón: Yo le hago falta a mucha gente».

Un testimonio propio

Para terminar, quisiera compartir una experiencia que justamente hace un mes tuve la bendición de tener al participar en unas misiones médicas que se realizaron en los Andes peruanos, en un pueblito llamado Ayaviri a 3.900 metros de altura.

La realidad es que en este lugar viven muchas personas con necesidades y en extrema pobreza, no solo material, sino también espiritual. En compañía de un grupo de más de 100 misioneros de varios países pudimos atender ambas necesidades. Estos días de misión, definitivamente han llenado mi corazón de una profunda alegría y me han alentado a seguir sirviendo.

Creo que lo que más me marcó fue no solo haber podido superar barreras geográficas, las dificultades del clima, las limitaciones en la comunicación (muchas personas hablan quechua allí), entre otras, sino el haber palpado y confirmado lo que tantas veces he escuchado. «Dios se hace presente y se hace palpable en el rostro de los hermanos más necesitados». 

No ha sido solo lo que he dado, mas bien lo que he recibido de parte del Señor y de estas personas tan acogedoras, alegres y llenas de esperanza a pesar de sus carencias. Además de haber podido experimentar que no he sido yo el protagonista, sino un instrumento en las manos de Dios, quien me envía, quien me invita a su mies, a su misión.

Estemos atentos a escuchar la voz de Dios que nos puede invitar a participar en su misión, y también estemos atentos para no pasar indiferentes ante las voces necesitadas de muchos hermanos nuestros que esperan de nuestro servicio amoroso.