Cuenta mi abuela, que en épocas pasadas en su ciudad la gente hacía una pausa a mediodía y donde sea que estuviera, ya sea en el campo o haciendo cualquier otra labor, empezaban a rezar el Ángelus. Su ciudad era pequeña y recuerda que era algo muy hermoso ver cómo todo se paralizaba unos minutos para saludar a la Virgen. Con voz emocionada dice: «Era como si en ese momento la Tierra hablara con el Cielo».  Debe haber sido algo muy conmovedor.

Esta hermosa oración tuvo un proceso que duró casi tres siglos para tomar la forma final como la rezamos hoy. La historia cuenta que fue Fr. Benito de Arezzo alrededor de año 1250 que empezó a cantar o recitar, a la caída de la tarde, la antífona: «El ángel habló a María» mientras sonaban las campanas. El primer documento oficial del Ángelus lo encontramos en un catecismo impreso en Venecia en el año 1590 con una indulgencia concedida por el Papa Paulo III. Benedicto XII en 1724 fomentó la oración al conceder con el breve «Iniunctae nobis», cien días de indulgencia por cada vez que se rezara y una plenaria al mes al que lo rezase diariamente de rodillas por la mañana, a mediodía y por la tarde al toque de las campanas. Benedicto XIV estableció el 20 de abril de 1742 que durante el tiempo Pascual se sustituyese el Ángelus por la antífona: Regina coeli. Y en  1815, Pío VII, añadió al Ángelus tres glorias al Padre en acción de gracias «por los dones copiosamente otorgados por la Santísima Trinidad a la Virgen, particularmente por su gloriosa Asunción a los cielos».


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El rezo del Ángelus en este tiempo ya no es tan común como lo era antes, salvo el tradicional rezo los domingos en la Plaza San Pedro dirigida por el mismo Papa. En el resto del mundo la oración se realiza de una manera puntual dentro de algunas iglesias y en privado en comunidades de religiosos y laicos consagrados, especialmente.

Con este post ponemos nuestro granito de arena para rescatar una hermosa costumbre católica y te enseñamos a rezarlo 🙂

1. ¿Dónde y cómo se reza?


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Tradicionalmente en Ángelus se reza a medio día, pero solía rezarse también por la mañana al empezar la jornada (6:00 am) y por la tarde al caer el sol (6:00pm). Si bien no te vas a poner a rezar el Ángelus si te encuentras en medio de una conversación, la idea es hacer una pausa (no dura más de 5 minutos) y ponerte a rezarlo, tal vez puedas invitar a quién está contigo a rezarla.

2. Se reza a dos voces

La oración es el relato de la Anunciación y ofrece un recurso maravilloso para la meditación cotidiana. Se reza a dos voces y luego de cada estrofa se reza un Ave María. Al finalizar las estrofas hay una oración breve y se culmina con tres Gloria.

El Ángel del Señor anunció a María.

Y concibió por obra del Espíritu Santo.

Dios te salve, María…

He aquí la esclava del Señor.

Hágase en mí según tu palabra.

Dios te salve, María…

Y el Verbo se hizo carne.

Y habitó entre nosotros.

Dios te salve, María… Santa María…

Ruega por nosotros, santa Madre de Dios.

Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Cristo.

Oremos:

Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros, que, por el anuncio del Ángel, hemos conocido la encarnación de tu Hijo, para que lleguemos, por su pasión y su cruz, a la gloria de la resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo…(tres veces)

3. En tiempo Pascual es distinta

Durante el tiempo Pascual (incluyendo Pentecostés) en lugar del Ángelus se reza el Regina coeli, oración que nos invita a alegrarnos junto con María por la Resurrección de Nuestro Señor Jesús. Esta oración también es a dos voces y culmina con una oración breve:

Reina del cielo, alégrate.

Aleluya.

Porque el Señor, a quien mereciste llevar.

Aleluya.

Ha resucitado, como lo había dicho.

Aleluya.

Ruega al Señor por nosotros.

Aleluya.

Goza y alégrate, Virgen María. Aleluya.

Porque verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

Oremos:

Oh Dios, que por la Resurrección de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, has llenado el mundo de alegría, concédenos, por intercesión de su Madre, la Virgen María, llegar a alcanzar los gozos eternos. Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


«Todos nosotros bautizados, hijos de la Iglesia, estamos llamados a acoger siempre nuevamente la presencia de Dios en medio de nosotros y a ayudar a los otros a descubrirla, o a redescubrirla en el caso de que la hubieran olvidado» (Papa Francisco. Palabras antes del Ángelus, 16 de Diciembre de 2014).


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