hugo wast

Dios es el mayor Artista. Él ha dotado de la capacidad de expresión a cientos de hombres, los cuales tienen no solo un hermoso obsequio, sino, a su vez, una inmensa responsabilidad: manifestar en sus obras el Bien, la Verdad y la Belleza.

En un mundo como el de hoy, cuya literatura está repleta de escenas morbosas y hasta de imágenes pornográficas, el Señor renueva su llamado a todos los escritores para que evangelicen las tierras desiertas de las editoriales y de los periódicos.

Ahora bien, ¿Cómo es esto? Si yo como católico tuviera la misión de ser un escritor… ¿Qué debería hacer?

En esto nos va a ayudar Gustavo Martínez Zuviría, uno de los mayores escritores católicos que nos ha dado Argentina, conocido por su pseudónimo «Hugo Wast».

He aquí 10 consejos, presentes en su obra «Vocación de escritor», que, si bien están destinados especialmente al escritor de novelas, sirven de igual modo para todo aquel que desee ejercer rectamente el arte de escribir.

1. Escriban para bien de los demás, no solo para ustedes

hugo wast

La vocación de escritor es algo que regala Dios. Dada que la literatura es en sí una función social, está orientada a transmitir a los demás lo que está dentro del corazón del Padre. Dice Wast:

«La verdadera gloria de un escritor es saber que sus obras han hecho bien entre los hombres».

2. Crean en ustedes y en el don recibido

hugo wast

La confianza (que no es lo mismo que vanidad) es algo esencial en un escritor. El católico debe tener en claro que el don que tiene no es suyo, sino de Dios:

«El alma creadora del artista es un don perfecto, una luz que no debe esconderse debajo del celemín, sino levantarse para alumbrar a los hombres».

Recordemos la parábola de los talentos (Mt 25, 14-30): ¡No enterremos nuestros dones!

4. Invoquen al Espíritu Santo antes de escribir

hugo wast

Era costumbre de Wast invocar al Paráclito del Señor antes de iniciar su labor literaria. Y recomendaba a su vez que el escritor lo haga cada vez que se siente a escribir.

«(…) es método muy práctico, dice, no iniciar nunca una jornada literaria sin una breve invocación (…) nos asegura el auxilio del Paráclito, fuente viva de inspiración».

Si la vocación de escritor viene de Dios, sería ridículo ejercerla sin acudir a su auxilio en lugar de ofrecerla para su gloria.

5. Preocúpense más por su perseverancia que por la inspiración

hugo wast

Sobre este punto, explica Wast:

«El genio es una larga paciencia, y la inspiración es sentarse diariamente delante de las cuartillas. Pongamos nosotros la voluntad; lo demás se nos dará por añadidura».

¡No hay que desesperar! Aun si no llega la «musa», es necesario sentarse y escribir algo. Al final la perseverancia dará fruto.

6. Huyan del escándalo farisaico

El escritor católico tiene ante todo libertad artística y puede abordar toda clase de temas. No debe caer en el fariseísmo de creer que solo se debe escribir de cosas moralmente buenas, porque no necesariamente debe abordar siempre temas bonitos. Dice Wast:

«El pecado es materia de arte. No se trata de escamotearlo, como si no existiera; pero si se lo presenta, es necesario presentarlo como pecado. Nada más».

Puede escribir temas ejemplares, pero también ejemplarizantes. Siempre y cuando estén dirigidos hacia el bien.

7. Enfóquense en el espíritu, no en la moraleja

Dice Hugo Wast respecto a la novela:

«Puede existir la moraleja católica sin dar a la novela el carácter de tal; y puede no existir sin privarla de él. Lo que vale es la intención sobrenatural que anima las escenas y hasta las frases».

En lo que debe enfocarse el escritor católico no es en la «moraleja final». Debe atender que toda la construcción de la obra tenga un espíritu sobrenatural que refleje el Bien, la Verdad y la Belleza. Estos no son otra cosa, sino «reflejos» de Dios.

8. Acepten con humildad las críticas

No hay peor pecado en un escritor que la soberbia. No quiere decir esto que cambiemos nuestra obra a la mínima crítica, sino que sepamos aceptarlas como lo que son: aportes. Dice Wast:

«la crítica siempre es útil, y para un escritor de vocación intensa, más útil cuanto más enconada e injusta».

9. Estudien, pero no imiten

Hay muchos grandes autores con mucho genio y estilos muy variados. Sin embargo, no es lo mejor, dice Wast, imitarlos, sino más bien aprender de ellos para forjar un estilo propio:

«El que no puede escribir sin imitar a alguien causa la impresión del pobre jinete que no puede galopar sin agarrarse de la crin del caballo».

Estudiemos a los grandes maestros, pero no los imitemos, pues son inimitables.

10. Que vuestro arte sea como una escalera de Jacob

Jacob, nieto de Abraham, tuvo un sueño en el que veía una escalera cuyo extremo superior alcanzaba el Cielo y cuya base inferior se apoyaba en la tierra, y por medio de ella los ángeles de Dios subían y bajaban por ella (Génesis 28;12). Dice Wast al respecto que las obras del escritor deben ser como esta escalera que ve Jacob:

«El arte (…) debe afirmarse en la tierra (realidad), pero llegar, en una u otra manera, hasta los cielos (idealismo)».

Es decir, la obra no debe agotarse en sí misma: debe rebalsarse para conducir a los demás, de una u otra forma, a Dios.

No tengan miedo de ser menospreciados, pues sirven a Dios

Dice Hugo Wast: «Pero ¿Qué mayor gloria y bienaventuranza para un escritor que ser menospreciado por su franca adhesión a Cristo?» El mundo es una corriente y Dios suele ir en su contra.

El escritor debe, pues, ser heraldo suyo: una trucha que nada felizmente a contracorriente y no un triste salmón que se pierde en la multitud:

«Alármese, pues, cuando advierta que (su libro) no suscita contradicción, porque es señal de que en alguna forma anduvo corto al cumplir su misión, tuvo miedo, pactó con el enemigo, enterró algún talento, se cuidó a sí mismo en vez de dejar a Dios que lo cuidara».