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Debo confesar que como hombre algunas veces me cuesta entender lo importante que es el tema del cabello para las mujeres. Ese ha sido en varias ocasiones un tema que mi hermana, sin mucho éxito, ha tratado de explicarme en detalle.

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El video que les presento a continuación describe la perspectiva de varias mujeres acerca de su cabello. Lo que más me gusta de este video es el contraste que presenta entre dos maneras distintas de ver las cosas.

Nunca pensé que escribiría esto, pero a medida que pasan los años empiezo a ser más consciente que la verdadera felicidad consiste en valorar lo que tengo en el momento presente. Y que esa felicidad trasciende y dura un poco más, cuando soy capaz de salir de mi propia realidad y trato de ver las cosas desde la realidad de otras personas.

Permítanme que trate de explicar lo anterior con dos sencillos ejemplos llenos de esperanza. Los de dos mujeres que me han enseñado a través de detalles pequeños, el valor de vivir el presente o de salir de mi propia realidad para pensar en otros.

Los pequeños detalles que se convierten en bendición

La primera de ellas era una mujer joven quien fue diagnosticada de manera súbita con un cáncer en estado avanzado. Era amiga de la familia, y tuve la oportunidad de visitarla en varias ocasiones mientras estuvo en el hospital. Me contaba la incertidumbre que sentía al pasar por esa situación siendo inmigrante en Estados Unidos, y sin entender muy bien el idioma.

Su incertidumbre iba creciendo cada día durante su hospitalización, a medida que distintos especialistas la veían en su habitación tratando de ayudarla a encontrar tanto los diagnósticos como el tratamiento adecuados. Sin embargo, ella sentía que sus doctores hablaban dos lenguajes totalmente desconocidos: inglés y la jerga médica.

Su hospitalización avanzaba, y yo tuve el privilegio de compartir con ella varios momentos en los que, sin hablar, me enseñó lecciones que se grabaron en mi memoria. Para ella cada día era una gran bendición, y se sentía feliz de compartir conmigo los pequeños logros que alcanzaba cada día: levantarse de la cama a la silla, caminar por el pasillo del hospital por 10 minutos o pintar una mandala.

Recuerdo particularmente que uno de sus días más difíciles fue cuando perdió todo su cabello durante la quimioterapia. Ese día me dijo: «Nunca imaginé que yo estaría viviendo esta situación, pero mientras haya alguna esperanza yo elijo seguir luchando, y quiero hacerlo especialmente por mi hijo y mi familia».

Lamentablemente, falleció al completar dos meses de hospitalización. Su esperanza nunca se vio quebrantada a pesar de lo trágica de su realidad. Su fe en Dios, su determinación, y el amor que sentía por su familia, le ayudaron a vivir el momento presente y a valorar los pequeños detalles que la vida le presentaba en esos momentos tan difíciles.

Fe y espíritu de servicio

La siguiente es la historia de mi amiga Sara. Recuerdo que una vez me contó que desde niña su mamá siempre había cuidado de su cabello y le había pedido que lo siguiera haciendo cuando se mudó de su casa a otro país. A mi manera de ver, su cabello representaba no solo una parte de ella que apreciaba mucho, sino una conexión real con su mamá y buenos recuerdos de su infancia y adolescencia.

El pasado diciembre, de la nada, me envió una foto diciéndome que quería hacer algo distinto para esa navidad y había decidido donar su cabello como regalo para niñas con cáncer. Recuerdo que me contó que tenía cierto temor a generar tristeza en su mamá cuando viera lo corto que había quedado su cabello.

Pero estaba totalmente convencida que, aunque existía la posibilidad de que su madre pudiera sentirse triste cuando se enterara, la felicidad que alguna de las niñas de la fundación a la que donó su cabello sentiría era suficiente razón para asumir ese riesgo.

Al igual que en la historia anterior, tanto la fe como el genuino interés de mi amiga Sara por ayudar a otros, la llevaron a salir de su realidad para ver la necesidad de otras personas. Actualmente Sara comparte con otras mujeres la felicidad que esa decisión sigue trayendo a su vida, motivándolas a donar su cabello para niñas y mujeres que lo han perdido por cáncer u otras enfermedades. Dice que confía que su cabello estará lo suficientemente largo esta navidad para volverlo a donar.

Finalmente, cuando siento que las cosas en mi vida no salen como yo lo espero, soy consciente que estoy preocupándome demasiado por cosas pequeñas o siento que pierdo la esperanza, trato de recordar estas dos historias. Me enseñan de manera concreta la importancia de valorar las bendiciones del momento presente y la alegría que se esconde en actos sencillos de servicio a los demás.

Te dejo esta frase para meditar durante el día y terminar de llenarte el corazón de esperanza: «La belleza no está en lo que tenemos, sino en lo que hacemos para ayudar a otros».

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