Mandy Harvey es una joven de 29 años, quién debido a un desorden en el tejido conectivo, perdió la audición total y quedó sorda a los 18. Sin embargo, este no fue impedimento para que continuara con su sueño de cantar, componer, tocar la guitarra y audicionar para uno de los shows más reconocidos a nivel mundial, el America´s Got Talent.

Esta joven, es sin duda un ejemplo de tenacidad y fortaleza invaluable. Su pasión por la música inició cuando era apenas una niña, pero luego de unos años, su más grande anhelo se vio troncado cuando empezó sus estudios universitarios y en medio de una clase de piano se dio cuenta de que ya no podía escuchar nada. Esta es su historia.


La conmovedora experiencia de Mandy me ha impulsado a plantear cuatro reflexiones que pueden servirnos para ser un poco más conscientes de lo valientes que podemos llegar a ser, cuando en realidad queremos alcanzar un sueño.

1. El único obstáculo para no alcanzar los sueños es no luchar lo suficiente

«Todo lo que yo había buscado, se estaba escapando y no podía detenerlo». Sin duda muchas veces el panorama puede ser todo, menos alentador. Pero si en realidad queremos alcanzar una meta hay que trabajar, hay que esforzarse y sacar fuerzas de donde ya no las hay, porque los únicos responsables de que los sueños se cumplan, somos nosotros mismos.

Si no luchamos lo suficiente, ese sueño se convertirá en un fracaso más, una frustración que se suma a la lista de decepciones.

2. Aceptar la ayuda de otros es indispensable

Esto sí que es complicado. Aceptar la ayuda de los demás en momentos de dificultad no es tan sencillo como muchos creen. La rabia, la ansiedad, la incomprensión y la confusión, pasan factura en aquellas circunstancias en donde todo parace ir en contra de lo que queremos.

Y aceptar la ayuda de nuestros amigos o seres queridos resulta convirtiéndose en un desafío, un campo de batalla en el que ambos bandos pueden salir heridos. Se necesita de mucha valentía en los dos casos, tanto en la persona que sufre como en el que trata de ayudar, porque el dolor los abraza de igual forma.

El padre de Mandy, hizo lo
que casi cualquier padre haría, ignorar el nudo que hay en el corazón y luchar
contra viento y marea junto a su hija, no solo para ayudarla a cumplir su
sueño, sino para demostrarle que el amor es el lazo que puede unirlo todo y el
remedio a cualquier herida.

3. El camino para alcanzar un sueño puede complicarse un poco pero no desvanecerse 

«Busco algo más para mi vida, que solo rendirme». ¡De qué increíble manera ve Mandy la vida! Es una fuente de inspiración inmensa, sobre todo, para los que alguna vez hemos querido abandonar algún sueño por temor a no ser lo suficientemente buenos, por el miedo al qué dirán o por el simple hecho de no sentirnos capaces.

A veces la vida nos obliga a cambiar los medios para alcanzar lo que queremos, el camino ya no es recto, se hace curvo y se llena de obstáculos. Pero lo más importante es tener la convicción clara de que podremos lograrlo, con la pasión y las ganas intactas. Como un amigo más sabio lo diría:

«La libertad humana, paradójicamente, es también aprender a elegir lo que no hemos elegido; o más bien, aceptar y abrazar lo que nos ha sido dado por la vida. Esto no es una invitación a resignarse ante la realidad; al contrario «la aceptación me lleva a decir «sí» a una realidad percibida en un primer momento como negativa, porque dentro de mí se alza el presentimiento de que algo positivo acabará brotando de ella. En este caso existe, pues, una perspectiva esperanzadora» (Philippe, Jacques. La libertad interior) En realidad la aceptación es todo lo contrario de la resignación porque a partir de ella, pisando fuerte sobre el terreno de la esperanza, podemos transfigurar la realidad y convertirla en el precioso testimonio de Mandy Harvey».

4. Tener una actitud positiva es casi un requisito para alcanzar los sueños

Cuesta, cuesto más de lo que podamos imaginar. Porque es inevitable sentirnos devastados por el dolor, pero creo que algunas veces tenemos que replantear la situación y preguntarnos a nosotros mismos, ¿qué gano con quedarme en la desdicha?

En esos momentos en los que nos sintamos incapaces de seguir adelante, en los que tengamos el espíritu quebrado, hay que reconocernos frágiles y aceptar con humildad que está bien pedir ayuda. Recargarnos en un amigo o en alguien al que queramos mucho. Enojarnos con Dios y suplicarle fortaleza, pero más que todo valentía para afrontar cada obstáculo con la mejor actitud posible.

Si hoy has recordado ese
sueño al que le pusiste pausa, recuerda que aun puedes lograrlo, tal vez no del
mismo modo en que lo pensabas hace unos años, pero si con la misma pasión.

Comparte este post con ese
amigo o familiar al que le falta un empujón para ir tras sus sueños y déjanos
saber en los comentarios qué logros has alcanzado cuando todo parecía imposible.