El corazón tiene razones que la razón no entiende. Esto fue lo primero que pensé al conocer la vida de Justo Gallego. En realidad, fue lo segundo, pues lo primero fue: «está absolutamente loco». Sin embargo, según iba reflexionando me daba cuenta de que había mucha sensatez en su locura, haciéndolo más cuerdo que tanta gente sensata que no ha comprendido nada o casi nada de lo más profundo de la vida.

Justo Gallego nació en 1925 en España. Quiso ser monje, pero una enfermedad le impidió continuar la vida religiosa. Intacto su anhelo de dar gloria a Dios empezó, en 1961, a construir en un terreno de su familia una «catedral». Sin conocimientos especializados de arquitectura o de construcción, y con la ayuda ocasional de algunas personas y donaciones,
lleva ya casi 60 años en esta labor. Ha dedicado todos sus esfuerzos y sus bienes a esta obra, alzando prácticamente solo un impresionante edificio con el único fin de dar gloria a Dios. Una locura desde casi todo punto de vista… y sin embargo: ¿Hay algo que se pueda aprender de esta historia?



1. El amor no espera nada a cambio

«Es imposible que yo termine la catedral en vida…» Justo sabe que no verá terminada la catedral mientras viva. Los años de la
vida no le alcanzarán para ver culminada una obra a la que ha dedicado casi cada día de su existencia. Hoy en día usualmente queremos frutos inmediatos y tangibles de nuestro esfuerzo, para así medir nuestro «éxito». Ni en la vida espiritual, ni en lo
que importa para nuestra salvación, es así. No trabajamos por los frutos o el «beneficio» inmediato. Importa crecer en la fe (que nos mueve) la esperanza (que nos sostiene) y en la caridad, que es además gratuita, y no espera nada a cambio.



2. Mirar el trabajo de una forma distinta

Justo probablemente no se irá a dormir frustrado por su trabajo. Basta saber que se lo ha ofrecido a Dios para que tenga todo el sentido del mundo, y un sentido que jamás le defraudará. Nunca se quedará sin paga, sus ahorros estarán en el Cielo protegidos contra cualquier daño, y avance poco o mucho, sabe que el valor de su trabajo no está en la cantidad, sino en la calidad de un ofrecimiento a Dios. Así, además, nunca perderá la ilusión.

3. Lo sobrenatural en lo material

Solo una mirada muy particular y espiritual permite entender a Justo Gallego. No hay razones humanas que expliquen lo que
hace. Sin embargo, sus «razones» tienen todo el sentido del mundo desde una mirada sobrenatural. Parece haber comprendido de un modo único lo que el mismo Jesús enseñó: «Amontonen más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que perforen y roben. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón» (Mt 6,20–21).

4. El valor de la perseverancia y de lo pequeño

Lleva casi sesenta años en un mismo trabajo, y uno que bajo toda apariencia supera sus fuerzas. Día a día, hora a hora, concentrado en el presente, pero con la esperanza puesta en Dios, ha construido una impresionante obra que da gloria al Altísimo. Ladrillo a ladrillo, paso a paso, el valor de lo pequeño y la perseverancia llevan al ser humano a las cumbres más altas. Es, para él, una prueba de lo que el ser humano puede realizar cuando confía en Cristo.

5. El corazón tiene razones que la razón no entiende

Con esta famosa frase Blas Pascal no se refería a dejarse llevar livianamente por los sentimientos. Las razones profundas del corazón no son meramente sentimentales. El corazón sano conoce con más profundidad ahí donde la razón no alcanza o se ve limitada, y auxiliado por la gracia, alcanza a comprender intuitiva pero certeramente dónde esta lo verdaderamente valioso. El corazón sano oye a Dios y lo ve con toda naturalidad, y comprende que las bienaventuranzas del Evangelio no son contradicciones, sino el camino más humano porque es también el camino más divino.

¿Qué pasará con la catedral? Don Justo se lo deja, con toda confianza, «a las manos divinas». Sin duda, mientras Justo construye para Dios esa catedral en la tierra, día a día, Dios le esta preparando un hermoso lugar en el Cielo. ¿No será ese el mejor negocio que podemos hacer en vida? Ahí es donde la locura de Justo adquiere la mayor sensatez posible, y termina siendo más cuerdo que muchos de los que andamos recorriendo el mundo amparándonos en las seguridades terrenales.