Cuando vi el video de Gary Andrews que les compartiré a continuación, y el tesoro que está escondido detrás de esa «simple» animación, no pude dejar de pensar en un psicólogo que vivió en un campo de concentración Nazi, Viktor Frankl. Él es fundador de una corriente — que actualmente es muy reconocida y difundida— llamada «logoterapia». Tiene un libro muy famoso, que resume su pensamiento de modo muy concreto: «En busca del Sentido».

En este libro describe cómo las personas que lograron sobrevivir a las extremamente indignas y violentas circunstancias en esos lugares, son los que sabían tener «la mirada» puesta en un horizonte trascendente. ¿Qué quiero decir? Una persona que, en sintonía con su interior, con su corazón, sabe mirar ese «algo» que trasciende este mundo material — que pasa… que no es más que «vanidad de vanidades» (Sabiduría 1, 2)— recibe un don espiritual que le da fuerzas para enfrentar sea cual sea la dificultad que se presente.



Ese es el caso de Gary Andrews, el autor de este video, quien después de perder a su esposa, se convirtió en el ejemplo perfecto de esa «mirada trascendente». Ha logrado convertir ese trágico suceso, en algo maravilloso. 



Siempre con esperanza y la mirada puesta en el horizonte

Pensemos en nuestra vida ahora. Si nos entendemos hasta aquí, tiene que quedar claro, que una persona, sin un horizonte trascendente en su vida, no puede ser feliz. Es imposible. ¿Por qué? «Nos has hecho, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti», dice San Agustín en su libro: «Las Confesiones».

En este libro describe su búsqueda personal, de más de 30 años, por saciar ese vacío infinito, que anida en nuestro corazón. En otras palabras, si no satisfacemos nuestro hambre, deseo o anhelo interior de infinito, nunca podremos ser felices. Es más, tenemos tantos problemas y cruces en la vida, — ¡Ojo! No se trata de ser negativo. Pero si realista. Así como tenemos muchas cosas buenas y hermosas en la vida, no podemos negar u ocultar las cruces y sufrimientos que cargamos — que si no aprendemos a poner nuestra esperanza, más allá de este mundo marcado por el mal, como decía San Juan Pablo II en una de sus Audiencias Generales «mysterium Iniquitatis», nos perderemos.

Refugiarse en el insondable amor del Dios

El padre y esposo del video no hace referencia a Dios. Está claro. Pero nosotros debemos ser capaces de ayudar a que las personas entiendan como solamente Dios, con ese amor infinito, puede saciar la necesidad que tenemos de encontrar una vida que rebalse de alegría, vigor, fuerza, entusiasmo… y supere cualquier tipo de adversidad.

El paradigma máximo, supremo, en el que vemos el sufrimiento absoluto, íntimamente unido al amor hasta el extremo, es el estandarte — que nosotros cristianos — seguimos diariamente, y lo tenemos colgado por todos lados: Jesús muerto, coronado de espinas, colgado de una cruz: «Los judíos exigen signos, los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; pero para los llamados — sean judíos o griegos—, un Cristo que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios» (1Cor. 1,22-23).

Es ahí, donde Cristo nos muestra cuál es el camino que nos lleva a la Vida, cuál es el camino que nos señala un sacrificio de amor hasta el extremo. No olvidemos nunca la cita de San Juan 14, 6: «Jesús le dijo: Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí». Solamente Jesús nos muestra, de modo testimonial, con su propia vida, cómo nosotros podemos darle sentido a nuestra vida, que esta marcada por el dolor, las cruces y sufrimientos.