Creo que todo ser humano tiene al menos un sueño en algún momento de su vida. Ese o esos anhelos profundos que muchas veces se convierten en una motivación adicional para seguir levantándose cada mañana, para seguir luchando cuando la vida se hace difícil, cuando parece que no vale la pena continuar, o incluso cuando las circunstancias externas son tan confusas que no parece tener sentido seguirse esforzando.

En mi caso, también tengo anhelos a nivel personal, familiar, espiritual y profesional, algunos parecen un poco más difíciles de alcanzar que otros, pero tenerlos presentes es un impulso en ciertos momentos cuando la realidad se aleja de mis expectativas. Una de mis citas bíblicas favoritas es Jeremías 29:11 «Porque yo sé los planes que tengo para ustedes»— declara el Señor— «planes de bienestar y no de calamidad, para darles un futuro y una esperanza».



Y es una frase sencilla que contiene una gran promesa de parte de Dios, una promesa que humanamente puede ser difícil de creer cuando las cosas no salen como yo las espero. Pero en la gran foto panorámica que se llama vida, esos momentos pequeños constituyen quizás oportunidades para aprender, crecer y confiar. Oportunidades de esperanza.

Ver esta historia que encontré esta semana en el diario español ABC y que les comparto a continuación me generó algunas preguntas, y me ayudó a salir un poco de mi realidad para pensar en la de otros. Es natural pensar en nuestros sueños, e incluso a veces imaginar cómo se sentiría el haber alcanzado esa meta.



¿Qué hacer cuando las cosas no salen como yo espero?

Santino, el protagonista de esta historia, es un bebé de dos años, quien a los veinte días de nacido fue abandonado por sus padres en un hospital en Argentina. Al parecer tenía malformaciones en las vías urinarias, el riñón, las manos y los pies. Tuvo que ser admitido a la unidad de cuidados intensivos por una infección urinaria y, unos días después, conoció por primera vez a Matías, un enfermero que trabajaba en la sala y había estado de licencia.

No creo que el sueño de muchos padres que están esperando un hijo sea tener que verlo enfrentar situaciones tan complicadas de salud. Aún no tengo hijos, pero sé que muchos padres preferirían ser ellos mismos quienes enfrentaran el dolor de la enfermedad y no sus niños. Por otro lado, cada vez es más frecuente que frente a cualquier tipo de malformación se promueva como única alternativa la terminación del embarazo, o simplemente abandonar al recién nacido.

Se necesitan mucho más que buenos deseos para defender la vida humana

Se requieren acciones concretas. No soy quien para juzgar a quienes han tomado esa decisión, pero sí creo que es de admirar el ejemplo que nos dan personas como este enfermero quienes han descubierto más opciones, quienes han decidido defender el valor de la vida humana con acciones concretas, quienes traen esperanza a personas que son obligadas a vivir el dolor de la enfermedad en el abandono o la soledad, en situaciones donde solo pareciera haber desaliento y tristeza.

Matías es claro en afirmar que no había considerado ser padre todavía, pero es admirable como le expresa al pequeño Santino: «che, si abrís los ojos, te llevo a casa». Y al ver que el bebé respondió abriendo los ojos luego de estar en coma allí en esa misma unidad de cuidados intensivos, fue una señal suficiente para decidir adoptarlo, a pesar de saber que quizás el niño no le seria dado en adopción a un hombre soltero.

Para muchos podría parecer una locura, pero esa locura ha significado que después de dos años, una cirugía para extraer uno de sus riñones, y otras cirugías en sus manos y pies, el pequeño Santino se esté recuperando, y sobre todo tenga un hogar donde recibir todo el amor y el cuidado que necesita.

Hay gran alegría en ver más allá de mí mismo

En ayudar a otros a cumplir sus sueños. Cuando se es joven, se tiende a ver la vida a través de los propios ojos, mis sueños, mis problemas, mis necesidades, mi futuro, mi propósito. Y es normal, es necesario aprender a conocernos para madurar y crecer, pero también hay momentos donde vale la pena tomarse el tiempo de mirar a los ojos de quien esta al lado, de quien sufre, y esperar a que nos mire de vuelta para tender una mano, para abrir el corazón y, porque no, para ayudar a los demás a alcanzar también sus sueños.

Como decía San Agustín: «comienza haciendo lo que es necesario, después lo que es posible y de repente estarás haciendo lo imposible». Una razón más para conservar la esperanza. Finalmente, me impactó mucho la respuesta que da Matías cuando le preguntan por qué lo adopto «el me eligió a mí», ¿te suena familiar? Luego de leer esta historia estoy más convencido que vale la pena sonar, vale la pena saber que, aunque las cosas a veces no salgan como las esperamos, tenemos la esperanza que serán aún mejores al final, porque ya sabemos quién nos ha elegido.